X Certamen Internacional de Microrrelatos de San Fermín


Rosa Iraizoz Turrillas

Faltaban apenas unos días para San Fermín!

De pronto escuché un ruido, parece que procedía del altillo de mi armario. Me subí en una silla y abrí la puerta.

Al hacerlo, una gran bolsa se precipitó sobre mi, al tiempo que se abría y desparramaba su contenido.

Pantalones, camisetas, fajas y pañuelos

Pero que pronto volvéis!, pensé, si parece que fue ayer cuando os recogí!

Miré las prendas y sonreí! Estaban todas! Las de mi marido, hijos y nietos.

Pensé, que como otros años, habría que correr algún botón, sacar más de un bajo y volver a intentar lo imposible,quitar las manchas que dejaron otros san Fermines pasados.

En ello estaba, cuando me di cuenta de lo afortunados que éramos!

Daba igual como estaban las prendas, lo importante es que estábamos todos los que nos las pusimos el año anterior!!

Nuevamente veré salir a todos de casa blancos y alegres.

Volverán las magras con tomate, el ajoarriero y con ellos la frase ¡MAMA QUE RICO ESTÁ!

Y yo les miraré orgullosa y les diré lo mismo de siempre. PASADLO BIEN Y HACÉDSELO PASAR BIEN A LOS DEMÁS !

¡VIVA SAN FERMÍN! 

ES ALGO NUESTRO, ES DE TODOS

Rosalía Otazua Aramendi

Aquí estoy, en medio de la plaza del ayuntamiento, apretujado entre tanta gente, en un vaivén involuntario, con el pañuelo levantado sobre mi cabeza esperando el gran momento, ese que no se puede describir, ese que hay que vivirlo, disfrutarlo, sentirlo; es tal la emoción, que no puedo contener las lágrimas de alegría, esas que desdibujan lo que me rodea, conviertiendo el escenario en un hermoso lienzo repleto de pinceladas rojas y blancas, de sonrisas; cierro los ojos y en mis oídos penetra el clamor de miles de personas que no pueden aguantar las ganas de soltar esos sentimientos que llevan dentro, acumulados durante el año, en una explosión sin igual, en un grito de libertad por sentirse vivos y desear compartir esa pasión incontrolable, contagiosa; Sanfermines es el estruendo del chupinazo, es el absoluto silencio del encierrillo, es la noche atravesada por esa carga de colores que rompen los oídos e hipnotizan el alma, es el olor de las flores, de la ropa blanca , el olor del miedo en el encierro, es el “carpe díem” de la juventud, la tierna nostalgia en los párpados arrugados, la ilusión en los ojos de los niños; es algo nuestro, es de todos. 

PANEGÍRICO

Isabel María Almagro Morillas

Mi corazón se oprime y sonrío diletante cuando Pamplona acoge con vehemencia el cántico que hace vibrar espasmódicamente a quienes sienten la llamada de san Fermín. Rostros acicateados presencian la fiesta rozagante que empapa de candor a un universo variopinto donde se arraciman indómitos corredores que exudan esperanza y pasión por el momento apremiante. Miradas rutilantes deslumbran en una mañana resollante; los aromas almizclados inundan las calles y se palpa la ilusión por sentir, vivir y cantar junto a aquellos que nos abrazan emocionados. Como un emblema enardecido que exhibe por bandera su tierra, moviéndose a un ritmo concomitante los brazos que saludan un año más. El rugir estentóreo que orgullece a su ciudad con la cadencia de un murmullo que aflora desde que tengo memoria. Luce, relumbrona, que anhelo por abrazarte, Pamplona. 

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