IX Certamen Internacional de Microrrelatos de San Fermín

ESTO SOLO ACABA DE EMPEZAR

Miguel Angel Herrero Jimenez

DES-PA-CI-TO. Jodida cabeza. Mi corazón va a mil y en mi cabeza sólo suena esa maldita canción. Hace calor, pero estoy temblando. Miro la pantalla. La mitad de lo que veo son excesos. Cuerpos cansados. Estiramientos ridículos. Falsos divinos. Camisetas de mil colores y dibujos…
La otra mitad lleva al silencio, al sentimiento, a la tradición, al miedo, al blanco y al rojo…

Apenas faltan unos minutos. Será su primera vez y nuestra primera vez. Las cámaras de televisión no dejan de dar barridos continuos por todo el recorrido. Pero no los vemos. Aunque es lunes, hay mucha gente. Demasiada.

El tiempo se agota y seguimos sin verlos. Suena por última vez el cántico a San Fermín. Explota el primer cohete. Explota el último cohete. Han sido los tres minutos más largos de nuestras vidas. Miramos, pero no vemos.

Sólo contusionados, no hay heridos por asta de toro. Respiramos. Suena el teléfono. Son ellos. Se rien. Nosotros lloramos.

Ella y yo nos miramos a los ojos. El año que viene los cuatro a Salou. Se acabó. Pero ni nosotros mismos nos lo creemos. Esto sólo acaba de empezar. 

AL ENCUENTRO DE ARIADNA

Oriol Cadena Caparrós

Muchos potes después el hilo de los acontecimientos se desmadejó. Mientras andaba errático por un laberinto de callejuelas despoblándose de cadáveres andantes, las horas anunciaban la llegada de la aurora de dedos sonrosados que acabaría con mi sueño de reencontrarte. El alcohol estuvo a punto de hacerme olvidar por qué vine a estas fiestas. La fantasía de convertirme en escritor, la imagen distorsionada de un antiguo rito iniciático, o quizás por una promesa ya perdida en la memoria del tiempo. No, el destino sabía que fue por ti, aunque yo aún no había oído como pronunciabas tu nombre. Poco o nada importaban ya tantas razones. La convicción y pesadumbre de no volver a verte desalmaron mi cuerpo. Cansado y derrotado me quedé dormido al abrigo de un minúsculo portal. Al amanecer, un aliento acre me despertó. El minotauro clavaba con sorna su desafiante mirada sobre mis ojos. Demasiado tarde para correr.
 

PAMPLONA

Isabel Munilla Saavedra

Nunca le llamó la atención Pamplona, ni sus fiestas , ni sus gentes por eso cuando trasladaron a su hijo a la cárcel de esta lejana ciudad todo le pilló a desmano. Todos los meses iba a visitarlo y con el frío , apenas salía de la pensión. Autobús, caminata, carcel, autobús, pensión y tristeza.

Pero llegó Julio y le pilló San Fermín y el ambiente de la calle la puso feliz , de buen humor. De pronto se vió entrando a una tienda en Mercaderías y pidió una camiseta blanca y un pañuelo rojo. Salió y una muchedumbre la empujó hasta la plaza del Ayuntamiento. Le pasaron un vaso de vino y un trozo de chistorra, la abrazaron y sintió una calidez que hizo que se pusiera a saltar y a corear : Viva San Fermín.  


IX Certamen Internacional de Microrrelatos de San Fermín

PRIMER ENCIERRO

Ester Meseguer Segura

Me pongo en pie, miro al cielo y me santiguo, mi debut en un encierro ha sido de las mejores experiencias de mi vida, tengo un subidón de adrenalina difícil de explicar, me tiemblan las piernas.
Casi termino la carrera de no ser por el tropezón de un turista que tenía delante, incluso he corrido un par de segundos al lado del toro, como si lo hubiese hecho toda la vida.
Me coloco la faja,un poco ladeada, apenas tengo un raspado en el antebrazo, me sacudo los pantalones que ya no tienen ese blanco impoluto con el que salí está mañana de casa y me dispongo a recuperar mi móvil para avisar a mi madre de que sigo sana y salva, pobre mujer, la he dejado nerviosa y al mismo tiempo emocionada de ver como su hija se lanzaba a correr como tantas veces ella soñó y que en sus tiempos no le permitieron.
Ha merecido la pena sacar tiempo para entrenar y prepararme y sin duda mañana me vuelvo a mezclar entre los corredores.
Más orgullosa que nunca de mi tierra y mis tradiciones , suspiro y pienso que esto merece ser vivido.
¡Viva San Fermín!. 

LA TEORÍA DE LA INCONGRUENCIA

Amaya Carro Alzueta

No nos engañemos. No todo es tan idílico, ni onírico, ni lúdico. Llevo cuatro días con la misma ropa. La lavadora tuvo la cortesía de averiarse el día cinco y el servicio técnico está de vacaciones.
El portal de mi casa huele a orines.
Trabajo de ocho a tres y degluto las lentejas mientras preparo la merienda de los toros y la comida del día siguiente. Y como no me queda tiempo para hacer la compra, el bocadillo de la corrida de los Jandilla, va a ser de pan con aceite, eso sí, de oliva virgen.
Mis esfínteres están sometidos a una presión sobrehumana. Soy extremadamente escrupulosa y capaz de aguantar las horas que sean necesarias con tal de no tener que utilizar un baño público.
Tengo ojeras por la falta de sueño y un incipiente acné (ya me gustaría a mí que fuera juvenil) por el exceso de alcohol y la más que cuestionable ingesta de alimentos.
Pues bien, en esta situación de escaso confort, fatiga y sobrecarga vesical, es donde encontramos la prueba irrefutable de que el ser humano está lleno de contradicciones e incongruencias. Les puedo asegurar, que durante estos días de fiesta, soy una persona sencillamente FELIZ. ¡Viva San Fermín! 

INDUMENTARIA

Caterina Riera Rubio

De nuevo los chalecos borraban los sorbos insinuantes y las manchas de feria. Empujaban las largas escobas y acallaban a la euforia y al griterío desafinado y ahogado por el sueño. El plástico se desvanecía al igual que lo hacían otros, quienes despedían la jornada más allá de lo que se empeñara en indicar un reloj, según ellos, impaciente, cada vez más ansioso, que les obligaba a irse cada día a la misma hora, puntuales. Acompañando a los chalecos, unas chaquetas reactivas menos deslumbrantes pero llenas de curiosidad aseguraban los portales y despedían a los perseverantes. Y entonces sí, permitían la entrada a los nervios, la concentración y a alguna que otra imprudencia en nombre de Babel. Tensión. Silencio. Nadie recordaba ya ni a las chaquetas oscuras ni a los chalecos fluorescentes. Las camisetas habían tomado una mañana más la calle. Luego ya habría tiempo de sorbos, manchas y celebración.Entonces era el turno de las blancas, las veloces, las camisetas que llegarían corriendo hasta la plaza a celebrar otro encierro satisfactorio. Un día más, el limpio blanco daba los buenos días a la ciudad. 


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CUANDO DESPERTÓ

Mª Pilar Labayen Esteban

Cuando despertó, ella todavía seguía allí. Acurrucada a su lado en la cama. La luz que entraba por las rendijas de la persiana dibujaba caminitos de hormigas en su espalda desnuda.

Desde que el txupinazo rasgó lo previsible, habían disfrutado de una libertad robada. Amor libre al son de txistus, gaitas y tamboriles por las mañanas. Amor libre en las tardes de toros mirando a la muerte negra directamente a los ojos. Amor libre tejiendo utopías y atrapando sueños. Amor libre en noches borrachas de alcohol y sexo .

Abrió el balcón. Nada de lo que vió encajaba con lo cotidiano. A la plaza del castillo empezaban a llegar los primeros voluntarios para ir a combatir. Una multitud bulliciosa que aplaudía y vitoreaba el golpe de estado militar de la víspera.

Cuando despertó aquel 19 de Julio de 1936, el dinosaurio estaba en la plaza y era un tiranosaurio rex escoltado por más de un velociraptor.

 

PERO, AYO NO SOY ESE SEÑOR

Jefferson David Henao Andrade

Habían pasado unos 6 siglos ya cuando doña Alegremariani dio a luz a un pequeño niño quien de tanto moverse o bailar en su vientre quedo enredado con su cordón. Tormentas y agua venteada aquella noche de paridez cosa rara no podría ser, aquel niño vivía oculto, solo su madre y padre que eran uno mismo lo mantendrían encerrado en un sótano. Dándole como regalo en sus 12 años una radio, donde cada mañana ponía radio española ya casi era mitad de año cuando escucho mencionar por varios días que se aproximaba un gran acontecimiento; el solo imagina, por que nunca terminaba de escuchar bien la noticia. Ya que su madre justo en ese momento lo llamaba a cenar.” Sanferminero – ven acá. Ya está la cena- ya voy con voz apagada respondía” hasta que un día pudo escuchar a totalidad tal noticia-donde escuchó mencionar que celebrarían a san Fermín que! Ese soy ayo, pero si ayo ni cumplo años en tal fecha” una noche recuerda bien un 05 de julio al mirar en lo alto de un palo de plátano ve caer un sombrero rojo que emite algo de luz y sin más ni menos su mirada se ilumino 

NOSOTROS EXIGIMOS…

Gabriel Huarte-mendicoa Izu

No, no se trata de un experimento del Doctor Bacterio fumigando objetos inanimados con un elixir de la vida inventado por él. Nosotros también vivimos y sentimos la fiesta. Este año he sido elegido representante de la comparsa de kilikis y cabezudos. No, no soy Caravinagre. ¿Porqué siempre todo el mundo piensa en él?. Ya tiene demasiada popularidad. Soy Barbas, no me importa dar la cara. Tampoco estoy enfadado por el hecho de que los pamploneses sólo se acuerdan de mi colega Caravinagre en los carteles de San Fermín. Este comentario no pretende ser un reproche para nadie. Yo solamente quiero recordar que nosotros, los kilikis, cabezudos así como los zaldikos también existimos más allá de las Fiestas. Todos los años mandamos una carta al alcalde de Pamplona. Nunca nos contesta. Pero los pamploneses se van a enterar tarde o temprano de nuestras quejas. No tenemos derecho a voto en el concurso de carteles sanfermineros. Es indignante no tener ninguna calle dedicada a ninguno de nosotros. Es triste comprobar que ninguno de los trescientos bares de la vieja Iruña lleva nuestro nombre. Si el alcalde no nos presta atención, tendremos que elevar nuestra queja a San Fermin. ¡Felices Fiestas!

 


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CALLE COMPAÑÍA

María Vallejo Munárriz

No iba a ser un Chupinazo como los de siempre. Ella nunca había faltado. En aquel piso de la calle Compañía, el almuerzo ya esperaba sobre la mesa. Aquel 6 de julio iba a ser diferente: alegre, pero triste. Sin ella. Entonces, les sorprendió el timbre. Abrieron la puerta y allí estaban, ella y su sonrisa. “¿Pero cómo me voy a perder este día?”, le oyeron exclamar. Les había dicho tantas veces que no iba a poder compartir ese momento con ellos, que la miraban incrédulos. Y reían, y lloraban. Después de todo, ese día 6 empezaba a ser perfecto. ¿Cómo iba a perdérselo? La noche anterior, había cambiado de idea. Y preparó el plan. Mentiras piadosas, buenos deseos, “brindad por mí “. Nadie la esperaba. Se vistió de blanco más emocionada que nunca y empezó a imaginar sus caras. No se le ocurría una sorpresa mejor. Condujo rumbo a Pamplona, a la calle Compañía. Estaba a punto de estallar la ciudad. Aparcó, caminó entre miles de rostros felices y supo que había hecho lo correcto. Tocó el timbre. Se anudó el pañuelico rojo alrededor de la cabeza, para sujetar la peluca que cubría su calva. Abrieron y allí estaba ella. Allí estaba yo. 

DESCONECTAR DE LA VIDA

Aitor Anaut Ruiz

Este año está siendo un autentico desastre. Me han echado del curro, sin darme la menor explicación. No es personal, son cosas que pasan. Mi pareja, con quien he compartido gran parte de mi vida, me ha dejado de la noche a la mañana, con excusas casi idénticas a las de mi jefe. Mi médico dice, que aunque al principio parecía lo contrario, el nuevo tratamiento no está haciendo efecto. Aunque tratara de evitarlo, no parecía nada optimista. Lo mismo sucede con las cartas que me envía, de manera periódica, mi banco. Y para colmo, Osasuna baja a segunda. Definitivamente, este no es mi año. Mi cabeza va a explotar. Dentro de un minuto van a lanzar el Txupinazo. Menos mal. Primer momento de alegría en lo que llevamos de año. Tengo sietes días para desconectar de la vida, y vivir. Después, todo se verá. 

EL MOMENTICO DE ADUR

Laura Rivero Ramos

Hoy no es un día cualquiera, hoy es 6 de Julio en Pamplona. Llevamos unas horas con el pañuelico anudado al cuello, pero eso a mi hijo no le emociona, ni el vermout, ni el ambiente…El a lo suyo
-¿Cuando salen?
-¿Cuantos días faltan?
Llevamos semanas con las mismas preguntas. Lleva meses cogiendo sillas a hombros, bailando con cajas en la cabeza, tarareando canciones, dando vueltas y mas vueltas.
Nos ponemos en marcha después de comer, como siempre un poco tarde y buscamos por donde andan sus ídolos, toca afinar el oido…
-Por allí suenan unas gaitas.Parece que los hemos encontrado fácil este año.
Allá vamos, verga en mano, cargados de emoción, el protagonista aupas eso si, porque los que les acompañan aún le dan miedo, pero cada vez menos porque cada día el txikitico es mas grande y valiente. Y de repente aquí están, nos rodean, alegres, bailando, imponentes, gigantes.
La cara mas bonita del mundo se ilumina y nos grita:
– Ama Josemiguelerico!
– Aita los gigantes!
– Irune Caravinagre, cuidado!
Ahora si, ahora ya empiezan tus fiestas. Para el pequeño de la casa, esto es San Fermín…Porque Adur con 3 años también tiene su momentico.
 


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FIN DE FIESTA

Raquel Plaza

Es día catorce y nuestra última merienda en la plaza de toros con mi cuadrilla , las peñas se niegan a salir de la plaza pero la abandonan con un alegre compás. Paramos en el bar Niza para tomar un kalimotxo. Las calles están teñidas de blanco y rojo, alegría mezclada con tristeza porque ya se acaba nuestra fiesta. Recuerdo el txistu tocar la era en la plaza del castillo y los exquisitos txurros de la Mañueta, las caras tristes de los niños al despedirse de los gigantes y los cabezudos hasta San Fermín txikito.
Aun bajo la música de las txarangas en las calles, escucho los latidos del corazón de Pamplona que añoran su txupinazo. Estafeta con su ambiente, Mercaderes, Ayuntamiento y en la Cuesta de Santo Domingo, paro a brindar con un buen patxaran y comienzo a cantar nuestra jota más conocida a nuestro patrón. “Que hizo a San Fermín llorar”
Con la emoción a flor a piel siguen pasando cuadrillas, con sus bocadillos de txistorra en mano, para ir a ver los últimos fuegos artificiales antes de entonar el pobre de mi.
Continuo hacia las barracas, quiero aprovechar cada segundo de estos mis Sanfermines que llevo en el corazón. 

LA CARRERA

Josefa Montero Lopez

La adrenalina aún impaciente dentro de mí, deseando explotar en el mismo instante que mi ser pise las calles por las que debo correr. Los sentidos se me agudizan. Memorizo rostros y olores, cualquier sonido que destaque entre el tumulto y la música de fondo capta mi atención. De pronto el silencio, la cuenta atrás para comenzar. Una puerta se abre al mismo tiempo que mi corazón, la adrenalina retenida me inunda por completo y solo puedo envestir, apartando de mi camino a toda la humanidad que me rodea. Mis pezuñas resbalan y caigo entre ellos, que a pesar de sus miedos me animan a levantarme. Y yo lo hago. Juntos llegamos a la plaza. Todos ganamos la carrera hoy.
 

ACELERAR EL PASO

Fernando Barba Hermosillo

Me lo dijeron y repitieron muchas veces, que si quería encontrar la paz en esos días, sería imposible, pero yo seguí adelante, y aunque para los que venimos de fuera, la fiesta pareciera lo mas importante, para la ciudad no era así. Recorrí las calles principales buscando las flechas, pero las distracciones me sacaban una y otra vez, busqué las señales, pero estas no eran de color amarillo, eran las que las mismas personas, la música, colores, aromas y sabores lo que me devolvían a la senda, porque el camino que no se acompaña de cierta santidad se convierte sólo en kilómetros caminados. Deambulo a paso lento cuando observo pasar uno a uno a una multitud, sigo contemplando, cuando algo en mi me hace voltear y observar a un toro que se aproxima, comencé a dar pasos que resultaban insuficientes, la distancia a cada segundo era acortada, y aunque la orden de mi mente era acelerar el paso mis piernas no avanzaban parecieran estar fusionadas a la calle, vuelo por los aires y experimento un momento de paz sublime, ya en recuperación en el hospital, la “paz” conseguida en ese lugar, sólo le puedo llamar relax, porque la paz ya me había topado.