IX Certamen Internacional de Microrrelatos de San Fermín


PRIMER ENCIERRO

Ester Meseguer Segura

Me pongo en pie, miro al cielo y me santiguo, mi debut en un encierro ha sido de las mejores experiencias de mi vida, tengo un subidón de adrenalina difícil de explicar, me tiemblan las piernas.
Casi termino la carrera de no ser por el tropezón de un turista que tenía delante, incluso he corrido un par de segundos al lado del toro, como si lo hubiese hecho toda la vida.
Me coloco la faja,un poco ladeada, apenas tengo un raspado en el antebrazo, me sacudo los pantalones que ya no tienen ese blanco impoluto con el que salí está mañana de casa y me dispongo a recuperar mi móvil para avisar a mi madre de que sigo sana y salva, pobre mujer, la he dejado nerviosa y al mismo tiempo emocionada de ver como su hija se lanzaba a correr como tantas veces ella soñó y que en sus tiempos no le permitieron.
Ha merecido la pena sacar tiempo para entrenar y prepararme y sin duda mañana me vuelvo a mezclar entre los corredores.
Más orgullosa que nunca de mi tierra y mis tradiciones , suspiro y pienso que esto merece ser vivido.
¡Viva San Fermín!. 

LA TEORÍA DE LA INCONGRUENCIA

Amaya Carro Alzueta

No nos engañemos. No todo es tan idílico, ni onírico, ni lúdico. Llevo cuatro días con la misma ropa. La lavadora tuvo la cortesía de averiarse el día cinco y el servicio técnico está de vacaciones.
El portal de mi casa huele a orines.
Trabajo de ocho a tres y degluto las lentejas mientras preparo la merienda de los toros y la comida del día siguiente. Y como no me queda tiempo para hacer la compra, el bocadillo de la corrida de los Jandilla, va a ser de pan con aceite, eso sí, de oliva virgen.
Mis esfínteres están sometidos a una presión sobrehumana. Soy extremadamente escrupulosa y capaz de aguantar las horas que sean necesarias con tal de no tener que utilizar un baño público.
Tengo ojeras por la falta de sueño y un incipiente acné (ya me gustaría a mí que fuera juvenil) por el exceso de alcohol y la más que cuestionable ingesta de alimentos.
Pues bien, en esta situación de escaso confort, fatiga y sobrecarga vesical, es donde encontramos la prueba irrefutable de que el ser humano está lleno de contradicciones e incongruencias. Les puedo asegurar, que durante estos días de fiesta, soy una persona sencillamente FELIZ. ¡Viva San Fermín! 

INDUMENTARIA

Caterina Riera Rubio

De nuevo los chalecos borraban los sorbos insinuantes y las manchas de feria. Empujaban las largas escobas y acallaban a la euforia y al griterío desafinado y ahogado por el sueño. El plástico se desvanecía al igual que lo hacían otros, quienes despedían la jornada más allá de lo que se empeñara en indicar un reloj, según ellos, impaciente, cada vez más ansioso, que les obligaba a irse cada día a la misma hora, puntuales. Acompañando a los chalecos, unas chaquetas reactivas menos deslumbrantes pero llenas de curiosidad aseguraban los portales y despedían a los perseverantes. Y entonces sí, permitían la entrada a los nervios, la concentración y a alguna que otra imprudencia en nombre de Babel. Tensión. Silencio. Nadie recordaba ya ni a las chaquetas oscuras ni a los chalecos fluorescentes. Las camisetas habían tomado una mañana más la calle. Luego ya habría tiempo de sorbos, manchas y celebración.Entonces era el turno de las blancas, las veloces, las camisetas que llegarían corriendo hasta la plaza a celebrar otro encierro satisfactorio. Un día más, el limpio blanco daba los buenos días a la ciudad. 

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