IX Certamen Internacional de Microrrelatos de San Fermín


EL AGUJERO.

Fernando Javier Luis Baglietto Gonzalez

Allí estaban los palurdos esos de USA, ¿qué sabrían de nuestra Fiesta?. Se tiraban desde la fuente, y así quedaban de tontos, pero la Fiesta poseía una cultura y tradición de años y los mozos de la tierra sentíamos la adrenalina en nuestro cuerpo, que grande era correr La Estafeta, con los cuernos a tu lado, y sentir que Maruja te estaba mirando por la televisión mordiéndose las uñas hasta que acabase el encierro!.
Aquel año, 1995, tenía treinta años cuando con mi pañoleta en el cuello y mi periódico en la mano, vino hacia mí un Torrestrella, de mirada torcida y de un negro azabache que vislumbraba su furia contenida, extendí mi periódico para sacudir su morro y él con sus astas lanzó mis noticias hasta la barrera, solo me quedaban las piernas para correr, pero el sátrapa me tenía atrapado contra las maderas, así que intente distraerle, los chavales le gritaban, Mauricio le dio un grito y volvió su cerviz, era el momento, salte a través de su trasero, no me preguntéis como fui capaz de salir del agujero, pero había salido sin un solo pelo tocado, Mauricio me arrastro. Salimos a través de la calle con los ojos llenos de alegría.
 

¿QUIEN DIJO QUE PAMPLONA NO TIENE MAR?

Ricardo Badenes Velasco

Entonces, esa marea nívea que a partir del mediodía del día 6 de julio brota de la Plaza Consistorial e inunda las calles de todos los barrios de la ciudad, ¿qué es?. Semeja un maremoto ensordecedor y es de un blanco cegador. Es más, en las madrugadas de los ocho días siguientes, aquellas embravecidas aguas marinas forman vigorosas corrientes que surcan las arterias de lo viejo, comenzando por el inicio de la Cuesta de Santo Domingo, alcanzando y dejando atrás la Plaza del Ayuntamiento, para seguir por Mercaderes, enfilar salvájemente Estafeta, y desembocar finalmente en el golfo de la MECA, una procesión marina dominada por seis gigantescos escualos tenebrosos escoltados por otros tantos cachalotes jaspeados, abriéndose paso entre las turbulentas aguas salpicadas de una especie de rayas de un rojo arrebatador. Después de esos tremendos arrebatos matinales, parece que las aguas se calman un poco, y, aunque las citadas arterias de lo viejo siguen cubiertas del liquido elemento, la espuma blanca y salada vuelve a anegar de nuevo toda la ciudad. Decididamente, Pamplona sí tiene mar, y si no, que alguien me explique el fenómeno de sus imponentes mareas julianas… 

“MONTSE Y SAN FERMÍN”

Noelia Galilea Fernandez

Soy Xavi, nací y vivo en Cataluña.
Hace unos meses el cáncer se llevó a Montse.
Después de mi letargo busco a una amiga de la niñez. Hay un reencuentro. Es de Pamplona.
Le invito a Montmeló. Ella dice que yo a San Fermín.
Ya no queda nada, me llamas y no paras de hablar de cómo se prepara, como Pamplona se está transformando.
Sentimientos encontrados. Volver a la vida.
Tic-Tac, Tic-Tac, minuto cero. ¡SHhhsss! ¡PUMMM!. ¡¡¡Viva San Fermín ¡!!!
No sé lo que me espera.
Estruendo de voces, blanco, rojo, besos, abrazos y música. No he visto nada igual. Marea de gente viva que es feliz, cada uno con su vida. Estoy vivo. Miro a mi amiga y me dejo llevar. Ella está viva también.
Sentimientos, confidencias mientras andamos y andamos, bailamos y bailamos.
Y al final, la amistad.
Creo que no dejaré de volver. Lo he hecho en invierno. Distinta Pamplona, igual de bella.
En una terracita, entre tejaditos y fuegos artificiales.
La luz, volver, la vida, una sonrisa.
Nada gris, nada negro, todo en blanco y rojo.

A Xavi.
 

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