IX Certamen Internacional de Microrrelatos de San Fermín


INQUIETUD

Alejandro Agustin Romero

El y su grupo llegaron ayer por la tarde a Pamplona. Su corazón late aceleradamente, no deja de sentir un gran nerviosismo en parte producto del viaje y en parte temor a lo desconocido. Esa noche el sueño huye de sus ojos cansados. La inquietud es general en todos. La música y los vivas se multiplican por el aire nocturno. Pronto amanece y el ambiente festivo se incrementa y asimismo su nerviosismo, ahora mezclado con ansiedad. No desayuna, no tiene ganas. observa gente, gente y más gente que viene y que va y busca casi desesperadamente una salida que le libre de tanta marea sensorial a la que no está habituado. Le molesta y enoja la cercanía de sus iguales. Cantos cadenciosos llaman su atención y afina su oído para intentar comprender el sentido lo que la multitud canta a gran voz: “…Entzun, arren, San Fermin zu zaitugu patroi, zuzendu gure oinak entzierro hontan otoi. ¡Viva San Fermín! ¡Viva! Gora San Fermin! Gora!”. Luego de unos instantes se escucha una fuerte detonación que termina por enfurecer al bravío toro “Raton” y a todo su grupo que arremeten impetuosamente hacia la puerta que se acaba de abrir frente a ellos cual promesa de libertad. 

¡YA FALTA MENOS!

Saioa Villar Sola

5 de julio. Desenfunda el uniforme blanco y rojo. Ultima el almuerzo con la cuadrilla. Visualiza los días que se avecinan. Descansa o al menos… inténtalo. Sonríe como si mañana fuera el txupinazo. Sí, lo es… ¡ya están aquí!

Y de repente, cuando te das cuenta, cuando ya no queda más ropa limpia y tu sueño está cambiado, cuando te has acostumbrado al olor a kalimotxo y has dejado de escuchar el sonido del gorila de las barracas, cuando ya no hay más encierro que el de la villavesa, es entonces 15 de julio. Otra vez.

Ya no hay más vallado, ni fuegos artificiales, guiris, charangas o partidos de pelota. Otros San Fermines que han pasado sin que te des cuenta. Únicamente tu bolsillo o la báscula dan fe de lo rápido que han pasado las fiestas.
Todo vuelve a la normalidad. La gente emigra de Pamplona y la ciudad sobrevive con los auténticos PTVs (Pamploneses de Toda la Vida). Es ese día, aprovecha por tener la ciudad para ti. Camina por la Estafeta. Detente en el contador de Kukuxumusu. Cierra los ojos. Haz un balance de las 204 horas de fiesta. Sueña el nuevo horizonte: San Fermín 2018. 351 días. ¡Ya falta menos!
 

PUNTUALIDAD ALEMANA

Maitane Perez Argote

Hace frío. La ciudad alemana lleva horas de actividad, pero ella aún está desayunando. Huevos con jamón. Hoy no trabaja, se pidió el día hace meses. Está nerviosa, tanto que derrama el café, dos veces. No puede estar en casa, no aguanta. Tampoco quiere encender el móvil, sabe que los mensajes la pondrán triste y prefiere que eso no pase, todavía. No puede más. Se viste y sale a la calle. La gente camina normal, como ayer, como cualquier día. A ella se le escapan sonrisas y nostalgias al mismo tiempo. Se mete la mano en el bolsillo, para asegurarse de que está ahí. Está. Sonríe. Entra en la estación de tren. Es el reloj más puntual de toda la ciudad, está en lo alto de una fachada barroca… no es lo mismo, pero tendrá que valer. Ya está, quedan tres minutos. A la gente le da igual. A ella el corazón le late a mil por hora. Mete la mano en el bolsillo, lo saca, por fin, lo extiende, lo pone en alto, casi no puede respirar, sonríe. El reloj da las doce en punto. “Gora San Fermin!”, grita. La gente la mira. Ella respira. Se lo anuda al cuello, y se va.  

Dejar un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *