IX Certamen Internacional de Microrrelatos de San Fermín


CORAZÓN DE FIESTA

Isabel Torrubia Gortari

Amanecer cargado de sangre y sudor, el silencio a punto de quebrarse. La agonía de la espera agazapada en las esquinas donde aún es de noche, mientras la luz va tejiendo el día más anhelado. Y cuando el sol llega a lo alto se escucha un sonido, el estruendo maravilloso que rasga la quietud de las horas que marcaban el ritmo de la ciudad. Ahora solo hay alegría, verbena y baile; el olor dulce del vino impregna la atmósfera de julio y tiñe la ropa blanca como la sangre del toro. Los pañuelos se agitan en el aire, millares de corazones palpitando al unísono, congregados en una plaza donde todos se vuelven uno.

Y el cohete asciende hasta las nubes, desde donde mira el Santo, asomado a la plaza con una sonrisa y una bendición en los labios. Desde abajo se escuchan cánticos que reclaman su nombre, tambores que anuncian horas felices y el aullido desgarrado de la espera contenida. Parece que el mundo se ha puesto de acuerdo en algo.

El cohete enmudece en lo alto del cielo, pero su eco restalla en los corazones. Para que así nunca olviden el sonido de la Fiesta.
 

NACER UN 7 DE JULIO

Tomás Sánchez Rubio

Mi padre siempre cogía sus vacaciones en julio. Decía que en agosto todo estaba más caro y las playas estaban más llenas. De todos modos, nunca viajamos mucho, la verdad, como para poder comprobarlo. El caso es que mi padre, a pesar de llevar tanto tiempo cogiendo las vacaciones en julio, nunca pudo cumplir su gran ilusión: ir a Pamplona y celebrar su cumpleaños y el mío -ambos nacimos el día 7, lo cual decía que imprimía carácter- en plenas fiestas de San Fermín.
Si podía, veía los encierros por televisión; si no, se sentaba a escuchar la radio y desayunaba tranquilamente. Siempre me llamaba temprano para que lo acompañara en tal situación, lo que me fastidiaba un poco porque yo ya no tenía clase. No obstante, como veía a mi padre tan feliz, lo hacía por él. Con el tiempo, ya me levantaba solo.
Mi padre murió joven. Me dejó pocas cosas, pero importantes: un reloj de pulsera y una ilusión.
Mañana es 7 de julio. Llevaré un pañuelo rojo al cuello y el reloj de mi padre. Desde el balcón del apartamento se ve Santo Domingo.
Esta noche me costará dormir. Felicidades, papá. 

NO TE ARREPENTIRÁS

Luis álvarez Atarés

¿Por qué sigues empeñado en creer lo que te cuentan? ¡Hablar por no callar!

¿Que lo ves todos los años en televisión? ¿Que voló por las redes sociales?

¿Pero los conoces? No. Pues ya está.

No entiendo que opines sin conocerlo. Me pongo enfermo.

¿Que siempre hay quien se sale de madre? ¿Y en dónde no? Pero de ahí a lo que dices hay un trecho. Y grande.

¿Que alguno se ha empeñado en vender esto como una barra libre de alcohol y sexo? Puede.

Ni es la ciudad sin ley. Ni es jauja. Ni, por supuesto, todo vale.

Si eso es lo que buscas, amigo, quédate en casa. Pero yo te diría que te lo pienses y vengas a conocer los Sanfermines de verdad en primera persona.

Intentaremos sobrevivir al chupinazo en el Ayuntamiento. Yo paso de correr encierros, pero si tú quieres, te acompañaré al vallado. A los churros de la Mañueta me apunto. Lo mismo que al vermú. Algún homenaje a mediodía nos daremos; ¡prepara la cartera! Y a ver para qué corrida “pillamos” entradas. Te mando el programa por si encuentras algún concierto decente. ¡Ah, y los fuegos! Por la noche… lo que surja.

No te arrepentirás.
Y colgué. 

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