sanferman


Microliteratos a la palestra

Fiel a su cita anual, el certamen de microrrelatos de San Fermín abre sus puertas de nuevo a costumbrismo, humoradas, romances, intrigas, sucedidos, ensayos, …….. ¡ SANFERMINES !

Como viene siendo habitual, durante el mes de mayo podréis acceder desde esta misma página a la plataforma de presentación de vuestras obras.

De momento, os dejamos con la imagen de esta novena edición.

¡¡¡ NOS LEEMOS !!!

 

 


El futuro de los sanfermines 5

Las sociedades evolucionan, y por lo tanto también lo hacen sus diversas manifestaciones. Sería ingenuo pensar que los sanfermines, una de las principales manifestaciones de nuestra sociedad local, no fuesen a evolucionar. Lo que pasa es que lo hacen lentamente, y la mejor manera de reparar en esa evolución es tomar distancia y leer o escuchar a nuestros mayores cuando cuentan cómo eran sus fiestas.

Cinco son los pilares alrededor de los que se han ido hilvanando las costumbres festivas de ésta nuestra ciudad (y de tantas otras, de hecho).

  1. La advocación religiosa. No olvidemos que hablamos de las fiestas de San Fermín, no de la Semana Grande o del carnaval. Curiosamente, y esto daría para un auténtico ensayo, se dan incluso casos de ateos que creen en la santidad del morenico.
  2. La vertiente comercial. Representada históricamente por las ferias de ganado, alrededor de las cuales se movía “mucho momio” y se concitaba un revuelo festivo, mezcla de tratantes, curioseo y chavalería.
  3. La programación de espectáculos. En este ámbito el rey es el toro con sus corridas, qué duda cabe. Pero no es el único. Siempre se ha buscado impactar: circos, funambulistas, fuegos, etc.
  4. El disfrute del folclore. Tan rico y variado, tan aglutinador de gentes, y tan provocador de situaciones festivas.
  5. La indumentaria, que aunque de manera más reciente, supone un ejemplo absolutamente extraordinario de cómo se desea mostrar el sentido de pertenencia.

Pues bien,

  • ¿qué pasaría si la sociedad comenzara a denostar las jotas por rancias, si fuesen minoría quienes cantasen en las sobremesas, y si el alarde de txistularis tuviese que interpretar música extranjera para mantener al público?
  • ¿qué pasaría si las ferias quedasen relegadas a zonas del extrarradio y pasasen totalmente inadvertidas?
  • ¿qué pasaría si la juventud perdiera el interés por los espectáculos taurinos, y abrazara la corriente antitaurina dominante?
  • ¿qué pasaría si los máximos dirigentes del gobierno de la ciudad despreciaran la faceta religiosa de la fiesta?
  • ¿qué pasaría si la nueva forma de hacer política, con tanto predicamento entre la gente joven, banalizara los actos institucionales?
  • ¿qué pasaría si se alterase la uniformidad en el vestir introduciendo sesgos diferenciadores en una simbología cuya principal virtud ha sido la de unificar clases, sexos y procedencias?

Pasaría que el folclore quedaría relegado a la mínima expresión, la misma en la que ya se encuentran las ferias, que desaparecerían las corridas de toros, quedando el encierro herido de muerte, pasaría que se perdería la referencia religiosa siendo un sinsentido que las fiestas se siguiesen llamando “San Fermín” y habría que buscar una nueva marca, y pasaría que no habría ningún tipo de solemnidad institucional.

Todo esto pasaría, y lo único que presumiblemente subsistiría sería el arraigado carácter popular de una fiesta que, despojada de sus señas de identidad y huérfana de referencias tradicionales, entraría en un proceso de decadencia difícil de contener, con un tipo de participación mucho más deslavazado y menos cohesionado que el actual.

Pero bueno, no seamos apocalípticos, esto son todo hipótesis. No debemos preocuparnos. De hecho, alguien va a elaborar el libro blanco de los sanfermines para apuntalar esos cinco pilares que han alumbrado y sustentado las mejores fiestas del mundo.

Un amigo de un muy buen amigo mío me decía no hace mucho que él teme, escuchando cosas por aquí y por allá, que la revisión que se quiere hacer precisamente lo que busque sea, lejos de apuntalar, dinamitar esos cinco pilares. Desde luego no sé con qué intención alguien puede planear algo así.

Porque alguno ya se estará dando cuenta de lo que nos quedaría sin el componente religioso, sin el taurino, sin el comercial, sin el folclórico y sin la indumentaria sanferminera, ¿no?

¿Le ponemos nombre?


Trump y Caparrós

¿Sabéis qué tienen en común Donald Trump y Joaquín Caparrós?

Que si intentas documentarte mínimamente para ver si han tenido alguna relación con nuestras fiestas o con nuestra ciudad a lo largo de su vida, y escribes en Google “Donald Trump San Fermín” o “Joaquín Caparrós San Fermín”, las primeras sugerencias de Google remiten invariablemente a las noticias relacionadas con la violación múltiple ocurrida por desgracia este año.

Nada más que añadir.

Bueno sí, no vaya a ser que alguien interprete que doy por buena una relación que ha hecho Google. Me refiero a mi batalla contra las campañas mal hechas y mal enfocadas frente a un asunto que hay que erradicar sin ningún titubeo.

 


Relevos generacionales 6

Por mucho que nos lo quieran presentar de otra manera, los sanfermines evolucionan a la par de cómo evoluciona la sociedad. No evolucionan a voluntad de políticos de un color u otro, ni lo hacen por intervención de unos colectivos u otros. La incorporación de la mujer a la fiesta -aún incompleta- estaba ya avanzada por la propia acción de las mujeres cuando comenzaron a proliferar los grupos organizados. Se están popularizando plataformas que reclaman espacios para la participación ciudadana… ¡en los sanfermines!

En este contexto, encaja perfectamente el estudio del relevo generacional. De los sanfermines de nuestros mayores hay varios símbolos que están no ya en peligro, sino en vías de extinción. La bota de vino (y el propio vino), cantar en las sobremesas, el vacile sano, las alpargatas y la txapela, el peligro en el encierro, las jotas (nuestro punkarra de cabecera Gaupaseitor quiere suprimirlas pero para ello previamente deberán existir…), las ferias de ganado (uno de los pilares de la fiesta antes más), los blusones, y un largo etcétera. Ver desterrado de las fiestas de San Fermín Chiquito el pañuelico rojo y sustituido por el pañuelo de arrantzale particularmente me da pena. Los nostálgicos no lo llevamos bien.

Pero más vale que nos amoldemos, porque nuestros hijos ya van apuntando por dónde se moverán los sanfermines del futuro más próximo. El macrobotellón ya es un hecho, el chiquitear o el ir de bar en bar como una pelota de pin-pon, el hacer la París-Niza en una noche serán vestigios de otra época en breve.

Qué decir de las corridas de toros. Un imprescindible en Pamplona, pero están tocadas. Al cada vez mayor descrédito de la fiesta de los toros hay que añadir que el aforo ya no se llena, y la chavalería no viene empujando a los que otrora tenían que aferrarse como podían al tendido para aguantar más allá de los 40 tacos. Los síntomas son claros, la vitalidad languidece, no se renueva el repertorio, la crítica actual es burda y soez frente a épocas de sátira brillante, se ha perdido la sorna, y la ley del mínimo esfuerzo impera en el apartado gastronómico. Prueba de todo esto esto es que la Meca está tratando de enganchar a las nuevas generaciones con espectáculos familiares por las mañanas, con el fin de asegurar la continuidad del negocio en el medio plazo. Han visto que el panorama no es nada alagüeño.

¿Y las maneras de relacionarse? Ya ni el ligoteo va a tener cabida en los sanfermines. Por un lado porque el trabajo actual se desarrolla en la nube, y por otro porque si seguimos por el camino que vamos, lanzar un piropo te puede meter en problemas. Pamplonudo nos podrá ilustrar sobre las diferentes alternativas que se estén barajando cara a futuro para mantener esta práctica, salvo que esté definitivamente llamada a desaparecer. Veremos cómo las nuevas tecnologías modulan los comportamientos (¿alguien pensaba hace una década que en el móvil sabríamos al minuto dónde está la comparsa?).

El tema da para mucho más de lo que cabe en un post de blogsanfermin.com. Además, da igual lo que hagan las mesas que se creen, y por supuesto será divertido ver cómo se redacta el famoso libro blanco de los sanfermines. La sociedad irá moldeando los sanfermines de manera imperceptible pero implacable. Los que quisiéramos luchar por la pervivencia de los sanfermines que hemos conocido iremos perdiendo punch porque la edad no perdonará, tanto en lo físico como en lo relativizador. Y la juventud impondrá su modelo de sociedad, y de ahí resultará el modelo de fiesta. Muy por encima de las voluntades.

 


¿Y si cuantificásemos lo positivo? 2

Hasta San Fermín Chiquito iremos desgranando esos microrrelatos que tanto nos hicieron disfrutar antes de fiestas. Para que podáis disfrutarlos todos los aficionados.

Pero antes, en época de balances, habremos escuchado ya a cuánto asciende la cifra de detenidos por agresiones sexuales, a cuánto la de agresiones sexistas, la de toneladas de basura recogidas, la de comas etílicos, la de heridos en el encierro, la de atenciones de la Cruz Roja, la de objetos perdidos en Consigna, la de incompleta ocupación hotelera (algún día analizaremos qué tipo de “turismo” estamos atrayendo a Pamplona), la de kilos de comida caducada decomisada, la de dosis de “sustancias” intervenidas, la de sancionados por incumplimientos del bando municipal, la de intervenciones de la policía, etc., etc., etc.

Pero, ¿y si cuantificásemos lo positivo?

¿Cuántos reencuentros se han producido? ¿Cuántas relaciones se han iniciado? ¿Cuánta alegría se ha concitado? ¿Cuánto se ha exaltado la amistad? ¿Cuánto se ha compartido? ¿Cuánto se ha bailado y cuánto se ha cantado? ¿Cuánto se ha reído? ¿A cuánto ha ascendido la diversión? ¿Y la emoción? ¿Cuánto se ha disfrutado?

Somos gilipollas integrales.

Ya falta menos.