Katixa Castellano


El lado tenebroso de la fiesta

Hoy toca aparcar la versión Disney. Aunque los lugareños intuyan o lean en los diarios el día 15 de julio el número de detenciones, intervenciones, traslados, robos, agresiones, heridos, violaciones o abusos no se me ocurre cómo contrarrestar cosas como ésta, -dediquemos un minuto de silencio al logo de la empresa- con “ofrecemos cerveza y sangría “ilimitada” por sólo 10€ al día” (esta oferta es para 2017, todo actualizado), el inquietante “Meet hundreds of new open-minded international friends” o el explícito “day and night you can drink, and dance and smooch –morrearse– in the Spanish streets“. Yo sólo veo cierta conexión y a un familiar que trabaja en los servicios de emergencias desde hace años, persona sanferminera hasta la médula, cómo me decía el otro día: “no, si yo cuando salgo, disfruto y me lo paso bien, pero trabajar esos días es como vivir en el lado oscuro de fiesta. Una pasada.”


Traslado por obras

La foto es del pasado día 10 y el autor es José Luis Ollo, una de esas personas que parece estar en los momentos adecuados en los sitios oportunos y luego nos lo cuenta con sus fotografías. La colgaba con esta explicación: “La figura de San Fermín es trasladada a una ubicación provisional durante las obras de remodelación de su capilla, en la iglesia de San Lorenzo”. 

La web de José Luis es esta (a mí me maravilla especialmente la galería sanferminera) y podéis seguir su rastro en blanco y negro por Instagram: https://www.instagram.com/joseluisollo/


Summer of ’45 2

En enero de aquel año el Ejército Rojo entró en Auschwitz y en abril las tropas estadounidenses liberaron a Dédé en el campo de Allach (Dachau). Más tarde yo tendría la suerte de escuchar su risa mientras jugábamos a la petanca en su jardín, así como me tocaría leer en su funeral. Veinticuatro horas después de la liberación de Dachau, murió Hitler; el mismo día de ese mes, pero 27 años después, mis padres se casarían en Roncesvalles. En el año en que se hizo la fotografía se inauguró la Tómbola en el Paseo de Sarasate, a peseta el boleto, y el día del Txupinazo se cerró el penal de San Cristóbal, donde había estado dos años preso el cuñado de mi abuelo. El tío Juanito terminaría abriendo una librería al otro lado de la pared desde la que escribo esto. Ese verano, un día después del cumpleaños de mi abuela, Hiroshima desapareció. La foto es de Sanfermines. Los curiosos miran probablemente al fotógrafo, pero yo quiero creer que les miran a ellos, que observan la satisfacción de mi abuelo y la elegancia de mi abuela, en ese momento, embarazada de mi padre. It was the summer of ’45.

 

 


Dibujar la fiesta

Mi dispensador particular de libros usados amanece por la librería hace tres semanas con una joyita de dieciocho años de antigüedad. Con todos los respetos para el autor del texto, José Miguel Iriberri, los ojos, las sonrisas y los recuerdos se van para el trabajo del ilustrador. En “Sanfermines a vuela siglo” (1998), con foto en la cubierta de una pintura de Rafael Bartolozzi y dedicado a Tomás Caballero, los dedos buscan de forma automática las páginas impares. Porque recuerdas perfectamente aquellos Sanfermines en los que rastreabas el Diario de Navarra hasta encontrar la sección del “Quién es quién” para luego comentar la jugada en la sobremesa nocturna. Es la mejor taxonomía de la fiesta jamás realizada, contiene la ironía, el cariño -también- y la dosis justa de mala leche necesarias para sintetizar tanto matiz de la fauna autóctona. Cada uno tendrá su particular devoción a una o varias de las 45 viñetas, pero ese nativo que lleva colgado desde el día 6 la extranjera, ese equipo protector de La Pamplonesa, el DI.MA.SU y cómo hacer un ajoarriero en cuatro pasos son perlas difíciles de olvidar para servidora. Fotografías hay a paladas, pero dibujar, nadie ha dibujado la fiesta como César Oroz.

P.D. Gracias Santi por el -pedazo- regalo.


102 Sanfermines 1

En 2015 fui a recoger unas entradas para los toros a la Meca en mitad de las fiestas. Me recibió la música de la peña Oberena, tocaban en la cafetería pero llegaban hasta la misma puerta. Con semejante ambientación me acerqué a ver si la encontraba por allí y después de recorrer medio edificio no hubo forma de dar con ella. “No hacen más que ver los toros”, me había dicho el primer año que pasó allí. “¿Y tú qué haces, tía?”. “Pues verlos también”. Ella había sido más de llevarnos a los fuegos con mi abuelo al solar de gravilla donde hoy hay un Corte Inglés y dar una vuelta por las Barracas, donde hoy hay una estación de autobuses. Rematábamos siempre con un helado. Acabo de ir a verla, por el pasillo me he cruzado con una foto imponente de Hermoso de Mendoza rejoneando, un tanto descolorida, y he recordado haber escuchado un día la crónica somera de alguna corrida: “ná, no ha hecho nada”, meneando la cabeza con gesto de disgusto. “Y eso, tía?”. “Ha matado mal”. Al salir hoy de la enfermería la he dejado dormidica. 102 Sanfermines la contemplan.