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Estadísticas del XI Certamen Internacional de Microrrelatos de San Fermín 5

Hoy, 28 de mayo, a poco más de un mes para estar disfrutando los Sanfermines, tras el cierre de la inscripción el pasado día 26 y previo al fallo del jurado y lectura de los diez microrrelatos finalistas, que tendrá lugar el próximo 21 de junio, viernes, os presentamos los datos de esta XI edición:

Participación437 autores con sus correspondientes obras.

Procedencia16 países, desglosados de la siguiente manera:

CantidadPorcentaje
España36783,98%
Argentina204,58%
Colombia163,66%
Venezuela71,60%
Chile61,37%
México51,14%
Perú40,92%
Francia30,69%
Costa Rica20,46%
Italia10,23%
Gran Bretaña10,23%
Estados Unidos10,23%
Uruguay10,23%
República Dominicana10,23%
Alemania10,23%
Austria10,23%
Total Admitidos437

Desglose de España por provincias:

CantidadPorcentaje
Navarra17647,96%
Madrid3810,35%
Barcelona154,09%
Valencia/Valéncia123,27%
Zaragoza82,18%
Bizkaia71,91%
Alicante/Alacant71,91%
Salamanca71,91%
Valladolid61,63%
Sevilla61,63%
Castellón/Castelló51,36%
Ciudad Real51,36%
Santa Cruz de Tenerife51,36%
Cantabria41,09%
A Coruña41,09%
La Rioja41,09%
Asturias30,82%
León30,82%
Segovia30,82%
Córdoba30,82%
Gipuzkoa30,82%
Araba/Álava30,82%
Cáceres30,82%
Málaga20,54%
Huesca20,54%
Girona20,54%
Granada20,54%
Illes Balears20,54%
Tarragona20,54%
Huelva20,54%
Albacete20,54%
Badajoz20,54%
Cádiz20,54%
Teruel10,27%
Jaén10,27%
Palencia10,27%
Lleida10,27%
Burgos10,27%
Toledo10,27%
Pontevedra10,27%
Ávila10,27%
Las Palmas10,27%
Total España367

Idiomas:

CantidadPorcentaje
Castellano42497,03%
Euskara81,83%
Inglés51,14%
Total Admitidos437

XI Certamen Internacional de Microrrelatos de San Fermín

Abierto el plazo para participar en el XI Certamen Internacional de Microrrelatos de San Fermín

Las propuestas pueden presentarse hasta el próximo 26 de mayo de 2019 a través de www.blogsanfermin.com/inscripcion/

Como es tradición en el mes de mayo, tiene lugar una nueva edición del Certamen Internacional de Microrrelatos de San Fermín, que hoy, día 1, abre el plazo para presentar propuestas para su décima edición. Podrán presentarse a concurso obras cuya extensión no sea superior a las 204 palabras (horas de duración de las fiestas) y que tengan como temática las fiestas de San Fermín. Deberán ser remitidos a través de la página web del organizador, Blog San Fermín (http://www.blogsanfermin.com/inscripcion/), en alguno de los tres idiomas oficiales (castellano, euskera e inglés) antes del 26 de mayo de 2019.

El Certamen de Microrrelatos fue declarado en 2010 Actividad Cultural de Interés Social por parte del Gobierno de Navarra. Además, dispone del sello MECNA, que distingue las actividades culturales susceptibles de recibir donaciones para su patrocinio.

El fallo del jurado tendrá lugar el 21 de junio en el Palacio de El Condestable de Pamplona. Además, un año más retransmitiremos el acto en streaming para que lo puedan seguir desde todo el mundo.

La organización ha configurado tres primeros premios desglosados de la siguiente manera: para el ganador un premio por valor de 1.000 euros, el segundo premio por valor de 450 euros y el tercer premio por valor de 250 euros.

Una vez finalizada la edición del certamen se editará un libro con los 10 relatos ganadores traducidos a los tres idiomas del concurso. Dicho libro se repartirá de forma gratuita en locales hosteleros, librerías, bibliotecas, etc. Aquellas obras que no accedan a la selección final serán publicadas en blogsanfermin.com, Internet y en las redes sociales Facebook y Twitter del certamen.


Completando el cuadro (clasificados 7º al 10º) 5

7º clasificado: «Nos encontraremos» de Paula De Andrés Elizari

Te encontraré. Con el tiempo reposando en las pestañas y alguna arruga más, acusadora de los años pasados desde aquel siete de julio. Subirás por la calle Estafeta sintiéndote orgulloso de haber corrido otro encierro. En tu mano, una cerveza; no podía ser de otra manera.

Me encontrarás. Con la mirada ardiendo y mi expresión seria, la que decías que me volvía tan guapa. Bajaré por la calle Estafeta dejándome llevar por la corriente blanca y roja. Suavizaré los labios y, finalmente, te sonreiré. En mi mano, una cerveza; no podía ser de otra manera.

Tú alzarás tu vaso hacia mí, imperceptible, queriendo decir: hazme volver a sentir como cuando nos comimos Pamplona a bocados en ocho madrugadas. Yo responderé al brindis desde lejos, queriendo decir: hazme volver a sentir como cuando me esperabas en lo alto del vallado para besarme.

Nos temblarán un poco las manos. La espuma de mi cerveza se balanceará cuando mi hijo me estire de la faja porque viene Caravinagre. La espuma de tu cerveza se balanceará cuando tu mujer te saque a bailar tras la charanga. Y entenderemos, ya tarde, que no debimos bajarnos de aquella noria: la de los únicos Sanfermines que han importado nunca.

8º clasificado: «La crisis del sector» de Mikel Arilla Álvarez

—No te apures, Caravinagre. Los tiempos cambian. Lo que deberíamos hacer es pensar en cómo innovar, diversificar los ‘vergazos’… Es cuestión de organizar una tormenta de ideas.

Solamente Patata parecía convencido de poder dar la vuelta a la situación. Barbas y Napoleón, apostados en la acera, sucia y pegajosa, apoyaban la barbilla en las manos, cabizbajos, mientras cuatro mozos beodos les incitaban junto a la puerta de la Sociedad Gazteluleku. Coletas pegó una sonora palmada en la espalda de Berrugón y sobresaltó al resto.

—¡Ya lo tengo, compañeros! ¡Hagámonos youtubers! Contamos nuestras andanzas, ponemos vídeos de persecuciones graciosas… nos conectamos con el público objetivo que estamos perdiendo —exclamó.

Caravinagre hizo honor a su nombre y emitió un gruñido de desaprobación.

—Si precisamente es por los dichosos móviles por lo que se nos están escapando los niños. Da igual que corramos como guepardos detrás de ellos. No es que no tengan miedo… ¡es que les da pereza sentirlo! —dijo.

De repente, una niña de unos siete años, de cara pizpireta y sonrisa amplia, se plantó delante de ellos, sacó un martillo de juguete y lo estampó en la nariz de Caravinagre, dejándole petrificado.

—¿Un sorbete, chicos? —preguntó resignado Berrugón.

9º clasificado: «Érase una vez…» de Jesús Gella Yago 

La plaza está cerrada y los carpinteros desmontan los vallados. Los balcones siguen llenos, sobre el del ganado se impone el olor a churros, llega música de gaita y tamboril. Las carreras se celebran con abrazos y los cuerpos demandan almuerzo.

Ha sido la primera vez de Ernesto. No ha podido coger toro y ha perdido una zapatilla. Se reúne con sus dos hermanastros en Telefónica. Ellos han bordado el último tramo y se burlan de su pie descalzo. Su padrastro también lo hará, siempre dice que no vale para correr. Si la vecina no le hubiera prestado la faja de su marido y aquellas zapatillas tan cómodas, no se habría animado. Por eso lamenta haber perdido una y quiere ir a buscarla.

Baja por Estafeta y entonces la ve, doblando la curva de Mercaderes. Tiene su edad y el pelo castaño recogido, aunque un mechón le parte la frente. Al localizar al chico que cojea explorando portales y bordillos, agita la zapatilla en alto.

—Pruébatela para asegurar que es tuya —dice ella medio en broma.

Ernesto se calza la zapatilla y cruzan una sonrisa.

Es temprano y falta mucho para las campanadas de medianoche. A San Fermín le queda magia de sobra.

10º clasificado: «Ensayo antropológico (Dr. Jenssen)» de Carlos Servent Mañes

Al acabar el acto disfrutamos de un pequeño ágape. En el paseo hasta el centro, la gente en la calle también cumplía el protocolo de la ropa blanca y pañuelico rojo. Llegamos a la plaza del Castillo, había un gran bullicio con los gigantes y cabezudos y el sonido de las gaitas. Unas cervezas antes de comer y después a los toros. De allí salimos junto a las txarangas y recorrimos las calles bailando “Paquito el chocolatero”.

Tomando vinos en la Estafeta, parecía que todo el mundo hablaba a la vez.

Me invitaron a cenar en una peña, había muchísima gente, ningún conocido pero ya todos me llamaban Patxi. Estofado de toro con vino rojo y luego algo de pacharán hasta el amanecer, para ver el encierro.

Dos días más tarde, mi mujer, al recogerme en el aeropuerto de Oslo para ir a casa me preguntó por la conferencia en la universidad de Navarra y mi estancia en Pamplona. Me vino a la mente la imagen de Arantxa preparando con las manos los bocadillos de ajoarriero, sacado directamente del enorme barreño de color verde en el alero de la plaza de toros y le dije: “Todo bien, sólo que el bacalao lo preparan diferente”.


Más relatos finalistas (clasificados del 4º al 6º)

4º clasificado: «Fiesta» de Plácido Romero Sanjuán

Siempre quise que mi hijo leyera. Le regalé los libros que realmente me habían gustado a mí. Stephen Crane, Edith Wharton, Scott Fitzgerald, John Steinbeck, Dashiell Hammett, Isak Dinesen, J. D. Salinger, Harper Lee. Grandes autores. Eso sí, jamás le regalé ningún libro de Faulkner; ese escritor me parece ampuloso, hueco, insoportable. Desde luego, también le fui dando a leer las grandes novelas de Hemingway: Adiós a las armas, Por quién doblan las campanas, Fiesta. Algo que no paro de lamentar desde que recibí aquella llamada desde Pamplona.

5º clasificado: «De mano en mano» de Roberto San Martín San Julián

El chupete. Aquel que un día se llevó un gigante. Sanfermines de silleta. Atascos por las calles siguiendo a la comparsa. El teléfono escrito en mi antebrazo. ¡A las barracas! Los caballitos, el tren de la bruja. Un algodón de azúcar que me ensucia la cara. Las toallitas de mi madre. Un globo. La verga del kiliki. El zaldiko. Corriendo en el torico aúpa de mi padre. Bombetas. La ficha naranja para los autos de choque. Revolution. La paga de mi abuela que vuela de mis manos. Amigos y libertad. El champán para tirar. Esa riñonera donde cabe todo lo que necesito. El móvil viejo por si lo pierdo. Los primeros cachis, algún que otro cigarrillo. Las gafas compradas a un mantero. Los churros de la Mañueta al volver a casa. Los cubos de la plaza y esa bota llena de mezclas imposibles. La pancarta de la peña. Mi novia. El periódico enrollado corriendo por la Estafeta. El almuerzo. Mi mujer. Una tarde de paseo y un bocata en el bosquecillo. Las casas regionales. Las lágrimas de mi hijo asustado por los fuegos. El vermú. El frito empapando de aceite su servilleta. ¡Hija, ten cuidado! De nuevo el chupete colgado de un gigante.

6º clasificado: «Desconocido» de Pablo Valdés Sánchez

Lo he vuelto a hacer: estoy durmiendo con un desconocido. Otro más. Fuerte, joven. Como siempre. Tampoco esta vez me atreveré a contarle nada. Sí, son sanfermines, es lo normal, de acuerdo. Él se ha quedado dormido y respira tranquilo, a pesar de los gritos y el estruendo de las peñas. Tengo ganas de despertarlo, de decirle la verdad. Pero no lo haré. Como siempre. Le dejaré dormir un poco más y le daré los buenos días con mimos y arrumacos. ¿De qué serviría advertirle del peligro? Tiene que correr, está en Pamplona, aunque no sepa nada ni haya oído hablar siquiera de la resbaladiza curva de Mercaderes. No, no le diré nada.  Aunque sé que nunca pasaremos otra noche juntos, le acompañaré en silencio hasta la plaza de toros y me iré sin despedirme. Como hago siempre. Como hacemos todos los cabestros cada mañana a las ocho.

 


Segundo y tercer clasificado 1

2º clasificado: «Un Bloody Mary el 14» de Eva B. Elizalde

Adoro la frescura mañanera de Iruña el 5 de Julio. Nada tiene que ver con la de Barna. Tengo que ir a la Curia, la abuela me espera. Le acompañaré al mercado a hacer la compra sanferminera. Casi nadie de los que estaban, hoy están.

Ella no recuerda… y yo me alegro.

Prepararemos lo de siempre; ajoarriero, magras y las lechezuelas para el 7. Adoro verle sonreír con la mirada perdida cuando revisa sus 53 pañuelos que esconde como tesoros. Vive los Sanfermines con todo el protocolo recurrente con el que cree se debe hacer, aunque ella no recuerde, o a mí me cueste entenderlo…

Siento nostalgia con la frescura mañanera del 14. Me alivia. Acompañaré a la abuela a su cita secreta. Después de La Octava, iremos al Iruña.

La siento nerviosa subiendo la Chapitela. Nos sentamos en la mesa de siempre, pedimos un Bloody Mary y esperamos.

Hoy no llega.

En su mesa, un joven también guiri termina su Bloody Mary. Nos mira con complicidad, sonríe y coloca su pañuelo sobre la mesa. La abuela lo recoge, el 54, recuerda… y yo me alegro.

Ojalá esta noche, en alguna barra de la Navarrería, encuentre un primer pañuelo que no me permita olvidar.

 

3º Clasificado: «La atracción» de Javier Casado Mayayo

Fue en el 95, después de los fuegos. «Un viaje y a casa», le había advertido su madre, como de costumbre, antes de entrar en las barracas, pese a que siempre terminaban siendo dos o tres. A su edad, el mejor momentico de los Sanfermines estaba en Yanguas y Miranda, y desprendía aromas a gofre y algodón de azúcar.
«¡Pues al saltamontes, que no lo he probado nunca!». Aitor lo había elegido casi sin pensar, como cuando se montó en el Revolution, años después, nada más comer. O el día que se subió a la Barca Vikinga con la pata escayolada. De txiki había pasado una semana entera en vela por culpa de la Casa del Terror, y superó su miedo a las alturas gracias a la Noria. Y aunque aún hoy le van las emociones fuertes y las montañas rusas de sensaciones, jamás ha vuelto a experimentar en un solo segundo tanto pánico, alegría, inquietud, vértigo y euforia a la vez como el que vivió aquella noche de San Fermín, cuando la niña más bonita de Pamplona, con ojos de choque y boca de manzana caramelizada, se acercó dubitativa por el pasillo metálico del insecto de hierro para acabar sentándose a su lado.