estafetakoa


Lectura del fallo

Mañana viernes, 22 de junio, a las 19:30, en el Palacio del Condestable de Pamplona-Iruñea, se conocerá por fin cuál es el texto ganador del X Certamen Internacional de Microrrelatos de San Fermín.

A lo largo del acto se leerán de forma pública los diez textos finalistas así como el fallo del jurado, compuesto por Idoia Saralegui, Eduardo Elizalde y Carlos Erice.

Resultará especialmente emocionante volver al Palacio del Condestable, sede de las primeras ediciones de este certamen que se consolida como una de esas citas presanfermineras ineludibles.

La entrada es libre.


Fin de semana intenso 1

Dos de febrero, escalera; tres de febrero, San Blas; cuatro de febrero, coros de Santa Ageda.

Sí, señoras y señores, fin de semana intenso el que hemos pasado en un Casco Viejo amenazado por una nieve que apenas ha aparecido y por un frío persistente.

En nuestro barrio, al segundo peldaño de la escalera le sucede la festividad de San Blas, con sus caramelos, sus roscos y sus txantxigorris en el mercadillo de la plaza de San Nicolás. Al tratarse del fin de semana anterior al de carnaval, este año ha coincidido con la fiesta de caldereros, con lo que no ha resultado difícil cruzarse con cuadrillas de cíngaros y cíngaras por nuestras calles.

Y en una tarde fría de domingo bonito, los coros de Santa Ageda han recorrido el barrio, con unas voces estupendas detrás de su farolillo.

Ha sido un buen fin de semana de actividades tradicionales y entrañables, caseras, muy alejadas del ocio industrializado que nos han impuesto en el Casco Viejo en los últimos años.

Ha sido bonito, sí.

Ya llegarán días peores.


Venta ambulante y prejuicios

Quienes me conocen saben que es difícil sacarme de mi barrio durante las fiestas de San Fermín. Pero, aunque no lo parezca, salgo. A veces. Y, por supuesto, tras salir, hay que volver.

Regresaba pues al Casco Viejo una noche sanferminera de esas de entre semana, en las que no hay demasiada gente, por Príncipe de Viana y calle Gorriti. No serían más de las dos de la mañana cuando observé que un todoterreno de lujo anunciaba con el intermitente su intención de meterse en uno de los parkings privados que acompañan a cada portal de esa calle. El caso es que el vehículo -más tanque que coche, todo hay que decirlo- se detuvo y se apeó su conductor, un tipo que ya hacía tiempo que había dejado la mediana edad y que lucía la ropa blanca con elegancia, dinero y estilo. En el momento en el que yo lo alcanzaba le vi agacharse y sacudir unos bultos que había en la entrada al garaje. Los bultos resultaron ser vendedores ambulantes que estaban durmiendo allí.

Mis prejuicios comenzaron a funcionar y rápido empecé a imaginar al hombre millonetis increpando a esos negros de mierda que le impedían meter el coche en el parking de su casa. A bocinazo limpio. Pues no. A veces te columpias. Y el hombre acomodado lo que hizo fue despertarles y pedirles con inmensa ternura que le dejaran pasar. El prejuicio volvió a funcionar y pensé en mí mismo y en la mala hostia que haría si alguien me despertara a las dos de la mañana. Pero no, los manteros recogieron sus bártulos y no pararon de pedirle perdón al hombre del todoterreno mientras este, a su vez, se deshacía en disculpas por haberles despertado.

Yo seguí mi camino hacia la Estafeta, contento por comprobar que los prejuicios no siempre se cumplen.

Y triste por ver que el sufrimiento de estos hombres es objeto de polémicas políticas y económicas en nuestro ayuntamiento. Creo honestamente que equivocan el foco.

Foto de Maite H. Mateo tomada de navarra.com

 


Semana del Encierro. Uno. 5

Releyendo viejos posts, me he encontrado este artículo de abril de 2008. Más de nueve años han pasado, ya no está Cuatro, pero las cosas, desde luego, no han mejorado. ¡Qué poco sentido de la estética! Veamos qué decíamos por aquel entonces…

 

Invitado por mis cobloggers me toca, una vez más, inaugurar tema de debate. Ya son varias las veces que nos hemos referido al Encierro en este blog; hoy quiero comentar un asunto espinoso: la hiperpresencia mediática de este acto.

No hace muchos años, veinte a lo sumo, no existían retransmisiones televisivas del encierro y tampoco teníamos internet. Consecuencia: los corredores empleaban el atuendo propio de nuestras fiestas, de blanco y con pañuelo y faja rojos, con las excepciones de aquellas peñas que emplean el azul o el verde. Algunos de estos corredores se veían en alguna foto en los periódicos del día siguiente o en los escaparates de conocidos fotógrafos locales. Corrían por el gusto de correr.

Ahora la tendencia ha cambiado y son muchos los que corren para verse. Y para que les vean. Todavía nadie me ha explicado porqué acude a correr al encierro de Pamplona vestido de fosforito, rayas o lunares. Son muchísimos los forasteros que confunden nuestro encierro con la capea de vacas de su pueblo, pero lo grave es que narcisos locales también lucen indumentarias bien visibles, para que se les vea.

A eso se une la cobertura de ciertos medios, que dan bola a estos correvacas, que se saltan a la torera el concepto de encierro de Pamplona: acompañar a la manada desde los corrales hasta la Plaza de Toros. Pues bien, en algunas teles se les nombra con nombre y apellidos, se les enfoca, entrevista y venera. A gente que va de colorines y se dedica a romper la manada, es decir, a algo que NO ES CORRER EL ENCIERRO DE PAMPLONA.

Parece que este año Cuatro volverá a la carga. Y el Ayuntamiento de Pamplona lo autoriza. Más cámaras, más comentaristas y más vedettes del adoquín.

Y en cada poste del encierro, un fotógrafo.

Pide tu acreditación.

En el Ayuntamiento.

No vaya a ser que se agoten.


Desastre

Como agricultores tras pedregada, algunos hosteleros  ya han saltado quejándose de la baja ocupación hotelera y de la caída del número de visitantes durante las pasadas fiestas de San Fermín. No es nada nuevo, ya que se trata de un gremio dado al lamento.

Lo curioso es que, una vez más, piden apoyo público, planes estratégicos y no sé qué cosas más que tendremos que pagar entre todos para que ellos se beneficien. Que reflexionen, primero, sobre sí mismos, sobre los precios que disparatan, sobre la calidad del servicio que ofrecen (acojonante lo que que hay que pagar por una caña en vaso de plástico y un pintxo en plato de cartón) y, sobre todo, sobre la proliferación de aperturas (al menos 40 bares nuevos y 4 hoteles inaugurados en los últimos años solo en el Casco Viejo de Pamplona).

Se quejaba el representante de una asociación de hosteleros de la competencia desleal de comercios que obtienen licencias exprés para venta de bebidas alcohólicas. ¿Y no es competencia desleal que todos los nuevos establecimientos abiertos en lo Viejo en estos años, disfrazados de cafeterías y restaurantes, actúen con horarios, luces, licores y decibelios de discoteca? ¿Eso no es un fraude? Con los locales bien abiertos a la calle y aprovechándose del espacio público, cosa que, por cierto, también hacen el resto del año.

En fin, que más de lo mismo, que en vez de preocuparse por la constante huida del nativo, del vecino, algunos se preocupan más por intentar embaucar a los de fuera.

Que venga menos gente es, para mí, una noticia excelente.

Lo que me apena es que se vayan los de aquí.

Pero bueno, para desastre-desastre, mi pañuelo, que quiso huir de mí el 16 de julio al tender la colada.

Menos mal que Gurgur, comercio sano y preocupado por su vecindario, acudió en mi rescate.