el casta


Amores y enamoramientos ( Parte 2 ).

El Ejercito del Amor, organizando en Divisiones, continúa avanzando hacia Pamplona.

Los Parranderos. Tropa de infantería. Formada por los Cupidos más juerguistas. Actúan en primera línea de batalla durante la totalidad de las Fiestas. Desarrollan su trabajo principalmente en espacios cubiertos como bares, peñas y sociedades gastronómicas pero también lo hacen al aire libre en conciertos o en cualquier acto callejero programado o espontáneo en el que haya un mínimo de jolgorio y diversión. Entre su armamento destacan  los arcos de aleación, las ballestas enanas, los cañones automáticos y las ametralladoras ligeras, armas todas ellas con gran cadencia de disparo y muy útiles para conseguir en poco tiempo los máximos aciertos posibles. Todos los proyectiles que disparan están recubiertos con alcohol para desinhibir a las personas, hacer que dejen atrás sus timideces y predisponerlas más hacia el amor y los enamoramientos. Llevan a mano un pequeño botiquín de primeros auxilios en el que no falta la vitamina B 12 para aplicarla en caso de emergencia si una misma persona recibe muchos impactos y se sobrepasa la dosis recomendada. Como curiosidad, muchos de ellos no saben ceñirse a su trabajo, abandonan su tarea a las primeras de cambio, se sumergen de lleno en la juerga y terminan las Fiestas cirróticos perdidos, atendidos de urgencia en la mítica Coctelera o ingresados en centros hospitalarios o de desintoxicación.

– Los Abstractos. Tropa de infantería. Formada por los Cupidos más artistas. Actúan llenos de inspiración en cualquier lugar y momento de las Fiestas, generalmente de forma inesperada y sorpresiva. Además de los tradicionales arcos cuentan con las armas más modernistas, impresionistas y vanguardistas como el letal gas amorosín. Sus flechas y demás proyectiles van recubiertos con polvillo de purpurina y unas brillantinas en forma de corazones que al impactar contra su objetivo se esparcen por el aire y logran crear el conocido flechazo o amor a primera vista. Sus víctimas, tras ser alcanzadas por el súbito y gaseoso impacto, gozan de unos amores y enamoramientos muy singulares puesto que los hacen no de otras personas sino de cosas intangibles o inanimadas como de la propia Ciudad, la propia Fiesta, la forma de ser de los pamplonicas, el cántico al Santo en la Procesión, el kalimotxo, el ajoarriero, el chilindrón, las magras con tomate………..con la particularidad además de convertirse casi siempre estas relaciones y sentimientos que han surgido repentinamente y/0 espontáneamente en perpetuos. Como curiosidad, por aquello de querer conferirse a sí mismos cierta aureola de genialidad todos sus componentes llevan barba, bigotes o perillas puntiagudas y su vestimenta militar está compuesta por una boina ladeada, un batín de camuflaje largo hasta debajo de las rodillas y un pin visible en forma de paleta de colores con pinceles

Los Tauromaquios. Tropa de infantería y caballería. Formada por los Cupidos más taurinos. Actúan en cualquiera de los actos festivos que giran en torno al toro, tales como el encierro, el encierrillo, las corridas en la Monumental, las mulillas, el Apartado o la corrida vasco-landesa. Van provistos de unos arcos especiales que pueden adaptarse a cualquier tipo y tamaño de proyectil ya que no sólo lanzan las clásicas flechas, sino que como guiño de complicidad a su campo de actuación también suelen disparar estoques, banderillas, puntillas y diversas clases de varas. Siendo considerada históricamente la de Pamplona como la Feria del Toro por excelencia ellos y su labor están siempre en el ojo del huracán y son motivo de permanente polémica y controversia, sobre todo en los últimos tiempos; unos los critican por fomentar amores que pueden llegar a matar, otros los catalogan como incitadores a la zoofilia por aquello de poder acabar enamorado de un animal y otros muchos los ponen a caldo porque en los últimos años parecen encontrarse más obsesionados en utilizar sus armas para desactivar a los activistas del PETA que en utilizarlas para conseguir nuevos amantes del mundo del toreo. Llevan puestas monteras metálicas a modo de casco y muchas borlas, alamares y lentejuelas en el resto de prendas del uniforme. Como curiosidad, llevan años disparando a la manada en el corral de Santo Domingo al finalizar el encierrillo para intentar que algún toro se enamore de la luna y uno de sus máximos logros lo obtuvieron hace pocos años al enamorarse perdidamente un toro de la Delegada del Gobierno en plena corrida.

( Continuará)………….


Amores y enamoramientos. ( Parte I )

Alrededores de la Ciudad de Pamplona.

6 de Julio.

Primeras horas del alba.

Un diminuto y simpático personaje se desplaza corriendo entre la ligera bruma que a esas tempranas horas envuelve la Cuenca. Amén de su corta estatura, su dorada melena rizada, su barriguilla en ciernes, su espalda alada, un impoluto pañal blanco, un arco y una aljaba repleta de flechas trazan su figura y delatan su condición. Sí, efectivamente, es un Cupido. Pero no es un Cupido cualquiera; no es un Cupido al uso, no es un Cupido habitual, no es un Cupido tradicional. Dos distinguidas particularidades lo hacen sobresalir entre los de su especie. Por una parte, en su brazo derecho porta un brazalete que lo designa y presenta como Capitán General de los Ejércitos del Amor, y por otra, lleva una boina roja encasquetada en su cabello, un pañuelo rojo anudado al cuello y una faja roja rodeando el pañal, prendas típicas sanfermineras. Curiosa combinación. Explosiva, diría yo.

Sus firmes pasos, decididos, categóricos por momentos, perfectamente coordinados con el vaivén de sus brazos, lo hacen avanzar con rapidez entre la neblina. Debe darse prisa. Tiene que llegar pronto a Pamplona. Dentro de pocas horas empiezan en la capital navarra Los Sanfermines. Palabras mayores. El súmmum. La repanocha. Lo más. Los Sanfermines. La batalla anual por excelencia. La madre de todas las batallas. La mundialmente conocida como Guerra de los Nueve Días. Para un militar amoroso de pro como él, uno de los mayores retos y desafíos con los que un profesional se puede encontrar a lo largo de su carrera. Doscientas cuatro horas por delante de duro y encarnizado combate. Tajo a destajo. En su caso además, está muy vinculado a ellos. Unido a más no poder. Son el conflicto internacional en el que años anteriores ha obtenido sus más célebres y sonadas victorias; su campo de operaciones preferido; el enfrentamiento armado que le ha reportado mayor prestigio y reputación entre los colegas de su gremio; la contienda que le ha deparado sus medallas y felicitaciones más notorias, sus ascensos más relevantes. Por eso, se muestra algo intranquilo y nervioso mientras recorre el camino. Quiere presentarse cuanto antes en su Cuartel General establecido en las faldas del monte San Cristóbal y ponerse al frente de las operaciones. Desea poner en marcha lo más pronto posible la misión que le han encomendada un año más, consciente como es de la importante tarea que se trae entre manos. Lo sabe mejor que nadie. Lo tiene presente a cada momento. En los Sanfermines, amores y enamoramientos, se producen a cientos. Y son su responsabilidad.

Pero se siente afortunado. No está sólo para afrontar el reto. Unos cincuenta metros detrás suya se va haciendo visible gradualmente un gran ejército compuesto por cientos de Cupidos que siguen su estela. Una hueste compuesta por los mejores miembros de los Ejércitos del Amor que han sido sometidos a duras y estrictas pruebas para poder formar parte de la partida. Un destacamento que sigue a pies juntillas sus órdenes y dictámenes: ” Tenerlo bien presente. Tenéis que conseguir los máximos amores y enamoramientos posibles durante los Sanfermines empleando todos los medios que tengáis a vuestro alcance y sin causar excesivos daños colaterales. Debéis hacerlo  aun a costa de perder vuestra propia vida en el intento. Confío plenamente en vosotros. Estáis sobradamente capacitados para cumplir con vuestra misión. No será fácil. Suerte soldados. Fuerza y honor “.

La milicia transita con brío. Organizada en varias Divisiones. Perfectamente estructuradas. Perfectamente alineadas. Perfectamente colocadas. Van una tras otra. Como las antiguas legiones romanas.

– Los Vejestorios. Tropa de infantería. Formada por Cupidos entrados en años. Muy respetados por todo el pelotón. Curtidos en mil batallas. Acompañan al Capitán General desde sus primeras escaramuzas. Provistos casi todos ellos con doble pañal, taca tacas, medicaciones varias, sonotones, bastones y algún que otro suero ambulante, se las saben todas. Conocen su trabajo como nadie. Actúan principalmente en las verbenas y bailes vespertinos de la Plaza de la Cruz, en la Plaza del Castillo durante el Baile de la Era, el Día de los Mayores y en las distintas residencias y clubes de jubilados pamploneses. Expertos en provocar y facilitar con sus armas las segundas o enésimas oportunidades amorosas que pueden presentarse a esas alturas de la vida, deben estar alerta para atajar de forma inmediata los abundantes sobeteos, pulpeos y toqueteos fuera de lugar que suelen darse a esas edades. Como curiosidad, disponen de esencia de Viagra para poder untarla en la punta de sus flechas si llegado el caso lo consideran necesario y en los meses previos a las fiestas suelen realizan prácticas de entrenamiento y simulacros reales en los viajes primaverales del IMSERSO.

– Los Noctámbulos. Tropa de infantería. Formada por Cupidos salidos. Actúan por lo general desde poco antes de los Fuegos Artificiales hasta poco después del Encierro. Provistos de visores nocturnos, caro material de escalada y flechas láser de última generación. Desarrollan su trabajo en las murallas, en parques como la Taconera, la Medialuna o la Vuelta del Castillo y en las demás zonas verdes y oscuras de la ciudad en las que abunde y predomine el follaje. De ahí su peculiar apariencia. Tienen el pelo tenido de color verde, el pañal estampado de color camuflaje y el cuerpo completamente embadurnado de pintura marrón oscura para poder mimetizarse entre el terreno. Rebañan por lo general sus flechas con esencia afrodisiaca y tienen que estar muy al loro para que todos los amores y enamoramientos fogosos e intensos que hayan provocado sean en todo momento consentidos y con la conformidad de ambas partes. Acostumbran a colocar discretamente medios anticonceptivos cerca de los protagonistas para ser detonados oportunamente y evitar daños colaterales indeseados. Como curiosidad, tienen la obligación de llevar siempre encima su carnet profesional para no ser confundidos con voyeurs en caso de ser descubiertos, situación que se les ha dado en más de una ocasión y les ha acarreado algún que otro problemilla.

( Continuará )………….

 


Porteadores petrificados. 2

El fenómeno del ¨mannenquin  challenge¨, conocido también en español como ´reto del maniquí´, se inició a finales de Octubre de 2016. Está basado en videos virales donde los protagonistas se encuentran totalmente inmóviles mientras una cámara en movimiento los filma, generalmente empleando «Black Beatles» de Rae Sremmurd como canción de fondo.

En este mundo tecnológico en el que vivimos el fenómeno se difundió muy pronto a través de telefonía móvil y de todas las redes sociales y logró un gran impacto mediático hasta el punto que en corto espacio de tiempo mucha gente, muchos colectivos y muchas personalidades realizaron sus videos con distintas propuestas, originalidad y éxito.

A finales del mes de Noviembre del año pasado,  en concreto el día de San Saturnino, tras celebrar su actuación en las calles de Pamplona y despedir a los Gigantes y Cabezudos hasta este año 2017, varios miembros de la Comparsa tiraron de creatividad e ingenio y se animaron a realizar su particular ” mannequín challenge”, reproducido en el siguiente video.

 


El calendario del encierro.

Ni el de Pirelli ni el del Ayuntamiento. Este año el calendario más preciado y solicitado es El Calendario del Encierro.

ENERO. Corralillos y primer tramo de la Cuesta de Santo Domingo.

Reunidos en pleno invierno para iniciar el festejo. Abrigados hasta los topes para combatir el frio. Lanzando cánticos para entrar en calor. Todos juntos. Toros, cabestros, corredores, pastores, dobladores y hasta los espectadores. Desesosos de escuchar el ruido anunciador. Paciencia. Todo llega. Suena el cohete. Suenan las campanadas. Comienza el encierro. Comienza el año. Empieza la mítica cuesta arriba. Subida de Triple Corona. Regia. Majestuosa. Que nadie se desOriente, pinta que va a ser duro llegar al final. Como a fin de mes.

FEBRERO. Segundo tramo de la Cuesta de Santo Domingo.

La carrera coge velocidad. La manada se estira un pelín, acontece San Valentín. Y de buenas a primeras aparece el adoquín. Sigue la cuesta. Sigue el esfuerzo. Sigue el sacrificio. A fin de mes toca pagar la visa de las compras navideñas y no suelen ser cornada minuta. Los años bisiestos se presencian escenas con tremendos arrestos.

MARZO. Plaza del Ayuntamiento.

La primavera la sangre altera. No sólo eso. Altera el recorrido. Altera la recta y la hace curva. Y se van la acera y el mal de altura, pues termina la cuesta y comienza la llanura. Altera también la idea de la conducción en el pelotón: hacerlo ahora por la parte derecha pasa a ser sinónimo de colisión. Y por alterarse, se altera hasta la hora, por aquello del ahorro energético. Como veis, mucho descuadre en el mes del Día del Padre. Menos mal que nuestas Javieradas permanecen inalterables.

ABRIL. Primer tramo de la calle Mercaderes.

Aguas mil, aunque quepan en un barril. Estrecho carril. Trampa ratonil. La patata se pone a mil.

MAYO. Segundo tramo de la calle Mercaderes.

Mes florido. Rosas rojas. Claveles blancos. Día de la Madre. Menudo desmadre. Graduaciones y demás celebraciones. Multitud de bautizos, florecen los corredores cenizos. Multitud de comuniones, atentos, permanecer en fila que van a darse hostias de las buenas. Multitud de bodas, espectaculares revolcones sin protecciones que anuncian la pronta llegada de la curva deseada.

JUNIO. Curva de Mercaderes.

Hora de estudiar. Tiempo de exámenes y demás reválidas. Entre otras muchas asignaturas se estudian la matemática de la curva, la arquitectura del vallado, la química del antideslizante. la mecánica de la fuerza centrífuga y el arte de los aplastamientos. Esquirlas de pitones y astillas de tablones arden en las Hogueras de San Juan. La extra no va a tardar en fundirse.

JULIO. Primer tramo de la calle Estafeta.

Estío. Verano. Sube la temperatura. Sube la calentura. Sube la bebedura. Se celebran los Sanfermines. Sale el sol todos los días. Pamplona luce radiante. Más bonita que nunca. Más hermosa que ninguna. Y para homenajear la llegada de nuestra fiesta más universal la carrera enfila nuestra calle más internacional. Pegados a la pared se concentra mucho vago, ya no queda nada para Santiago.

AGOSTO. Segundo tramo de la calle Estafeta.

Bochorno. Canícula. Nos vamos de vacaciones. Se viene hasta la abuela. Volar por los aires nunca ha sido tan barato. Masificación total. Codazos, empujones, apretones y demás empellones para coger el mejor sitio entre las astas de los toros y muchas carreras divinas para lograr colocar la hamaca y la sombrilla en la primera línea de la playa.

SEPTIEMBRE. Tercer tramo de la calle Estafeta.

Otoño is coming. Ventolera. Las hojas de los periódicos se agitan sin parar. Es el stress postvacacional. Abundan las castañas. De todo tipo. Pisotones y tropezones están a la orden del día. Las fieras, algo cansadas, bajan las revoluciones. La carrera pasa de rally a ralentí. Y comienza el trote. Pero trote del bueno. Vuelta al cole. Vuelta a las extraescolares. Vuelta al curro. Vuelta a la rutina. Vuelta a la normalidad.

OCTUBRE. Telefónica.

De unos años a esta parte, una puta verbena. Multitud de corredores disfrazados de todos los colores menos el blanco y rojo tradicionales. Resulta horroroso. Terrorífico. Dantesco. El tema se las trae. Asusta. Da mucho miedo. Estamos en pleno Halloween. Truco o trato. Que les den por saco.

NOVIEMBRE. Callejón.

Zona sombría. Oscura. Lúgubre. Fúnebre. Se presenta el Día de Todos los Santos. Y a todos ellos hay que encomendarse para que los toros rezagados no se recreen con los mozos mogollón, para que con sus cornamentas no descujeringuen ningún tablón, para que en las escapatorias no se encuentre nadie ningún tapón y para que no se forme ningún montón.

DICIEMBRE. Plaza de Toros.

Época redonda. Monumental. Llena de puentes. Llegan las Navidades. Muy dulces ellas. Reunidos de nuevo en pleno invierno para acabar el festejo. Abrigados hasta los topes para combatir el frio. Lanzando cánticos para entrar en calor. Todos juntos. Toros, cabestros, corredores, pastores, dobladores y hasta los espectadores. Finaliza el encierro. Finaliza el año. Echamos la vista atrás. Repasamos la carrera. Repasamos el año. Hacemos un rápido balance. Como los de Cruz Roja. Como los de la prensa. Lo de siempre. Más de lo mismo. Comedia y drama, epopeya y tragedia, luces y sombras a partes iguales. Cambiamos el chip. Echamos la vista hacia adelante. No queda nada. Ya están aquí. El siguente encierro. El siguiente año.

 


Los magníficos seises de los seis magníficos.

Eran una cuadrilla singular. Inigualables. Los seis magníficos. Uno menos que lo siete. Seis chicarrones del Norte. De Pamplona de toda la vida. La mar de sanfermineros. Castas a más no poder. Circunspectos en lo individual y nada retraídos en lo colectivo, desde que eran adolescentes los días seises de cada Julio lo daban todo. Morían con las alpargatas puestas. Pero ya rondaban los cincuenta y las cosas habían cambiado un poco. En los últimos años, mientras que para el resto de los mortales los Sanfermines comenzaban el seis a las doce del mediodía con el Chupinazo y finalizaban el catorce a las doce de la noche con el Pobre de Mí, ellos sólo disponían del día seis para poder reunirse todos juntos y poder participar de una u otra forma en casi todos los actos recogidos en el programa oficial de las fiestas. Por las circunstancias de la vida, se habían visto obligados a condensar sus Sanfermines en un solo día, el magnífico seis.

Por eso los seises de los seis se las traían.

Organizaban la quedada bien pronto, Para las ocho y media de la mañana. En algún lugar no muy “Apartado” del centro para tomar un buen desayuno. Asentado el estómago, se dirigían después en “Procesión” hasta la capilla de San Fermín en la Iglesia de San Lorenzo para postrarse ante la figura del Santo. Disfrutaban mucho de ese ” Momentico” a solas con el morenico, al que mostraban todo el respeto, fervor y misticismo del que siempre le hacían gala: pilar fundamental en sus vidas, de bien nacidos es ser agradecidos. Acto seguido, para que no les pillase el toro cuan “Encierro” mañanero cualquiera, iban corriendo para deglutir el tradicional almuerzo hasta su “Peña” particular, el piso de uno de ellos en pleno casco Viejo que ese día hace funciones de casi todo. Menú sencillo por delante: huevada frita con todos los sacramentos convenientemente regada por elixires varios a base de bien. En la sobremesa, saboreando un brownie pelín hormigonado y un espumoso sorbetillo, breve tertulia con chascarrillos varios, recuento de anécdotas memorables de los sanfermines anteriores y repaso con gracia a la actualidad local, nacional y mundial. Como colofón al convite, un ” Riau Riau ” cantado al unísono con mucho ” Gorgorito” suelto, y presurosos hacia la Plaza Consistorial para poder vivir el ” Chupinazo” con la misma ilusión de siempre.

Una vez estallaba el cohete, aún les quedaba mucho día por delante. Jamás renunciaban entonces a otro de sus clásicos. Gran gira vespertina por los bares míticos de siempre, contrastadas y concurridas plazas de primera categoría como ” La Monumental de Pamplona ” en las que todavía eran capaces de demostrar la maestría y el arte torero que siempre habían atesorado años atrás. En aquellos templos habían lidiado numerosas faenas, habían vivido muchas tardes de gloria y se habían ganado la admiración de todo el respetable, jugándose la vida y arrimándose hasta más no poder, pero la verdad es que el tiempo pasaba para todos, también para ellos, y ahora que sus figuras recordaban cada vez más a las de Antoñete o el Formidable recibían cierta indiferencia por parte de la afición. Casi nadie los reconocía. Ni se les valoraba su aportación a la Fiesta ni al gremio de los hosteleros. Pero les daba igual. Se la sudaba. Estaban ya de vuelta de todo. A ” Cabezudos” no los ganaba nadie y sin desparramar ni una sola gota de los katxis, eran capaces de brincar y bailar mejor que los “Gigantes” al compás de la música que ” La Pamplonesa ” tocaba cada mañana en ” Las Dianas”.

Bien entrada la noche, con muchas horas ya de juerga a cuestas, mucha txaranga y fanfarria en sus cuerpos serranos, sus cabezas empezaban a dar más vueltas que “La noria” y a escuchar más ruidos que si estuviesen en el centro de ” Las barracas”. Uno a uno, comenzaban entonces a entonar apesadumbrados el ” Pobre de Mí” y sin “Mulillas”,”Zaldikos”, ni ” Autos de Choque” que los transportasen, regresaban danto tumbos a sus domicilios. Nada más llegar, por lo general, se acercaban sin demora al baño para sacudir algún que otro “Estruendo”, echar más chispas que el ” Torico de fuego” y desplegar alucinantes colecciones de “Fuegos artificiales”. Meter dinamita y pólvora en el cuerpo durante todo el día es lo que tiene, que por algún lado tiene que salir.

Al día siguiente, 7 de Julio, cuando despertasen, los Sanfermines habrán concluido para ellos. Resacosos perdidos, serán felices. Inmensamente felices. Un año más lo habrán logrado. Habrán disfrutado a tope de otro magnífico seis. Lo habrán dado todo. Habrán muerto con las alpargatas puestas. Para eso son unos castas a más no poder. La mar de sanfermineros. De Pamplona de toda la vida. Seis chicarrones del Norte. Uno menos que los siete. Los seis magníficos. Inigualables. Eran una cuadrilla singular.