Txupinazo


Desenfreno

Esta foto describe perfectamente el momento previo al inicio de los sanfermines. Empujones, contacto, roce, humedad, kalimotxo, sangría, cerveza, claustrofobia, ilusión, alegría, cada individuo en su dosis particular, los hay que lo “sufren” hasta que logran salir de la plaza, pero la gran mayoría se siente impaciente e ilusionado por el inminente comienzo de la fiesta. Y sobre todo, que no falte un gran trago de sangría.

 

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San Fermín en las manos 2

Mucha gente no sabe que las intérpretes de lengua de signos (ILSE) también interpretan los sonidos. Los sonidos que son relevantes para la comunicación solamente. El ruido de un avión que interrumpe una conversación, el soniquete de un móvil que hace que un ponente deje de hablar en una conferencia, unos nudillos que golpean una puerta en una consulta médica. Todo eso se interpreta para que la persona sorda se encuentre en igualdad de condiciones que un oyente. Para que se gire hacia un punto o sepa por qué alguien se calla. Hay un sonido que los ciudadanos sordos de Pamplona llevan muchos años queriendo escuchar (ojo, oír y escuchar no son lo mismo) en tiempo real. Si hay un ruido cargado de significado es el del Txupinazo. Todavía no se ha conseguido que la accesibilidad del acto más importante de los Sanfermines sea completa, bien se ha negado la presencia de una intérprete en algún balcón por parte del Ayuntamiento, bien, por ejemplo, TVE se ha negado a incluir una en su retransmisión. Si alguien piensa que la Comunidad Sorda va a desistir en la lucha por sus derechos, lo lleva claro, ni se cansan ni se cansarán y si no, al tiempo. Algunos pasos se han dado. Creo que fue en 2011 cuando me tocó interpretarlo, desde el interior del Ayuntamiento, en una retransmisión para Navarra Tv. El piso donde se situaba la prensa parecía el txoko de la Bruja Avería, había tanto cable por el suelo, entre equipos, cámaras y mil artefactos más que mi compañera no podía darme el relevo reglamentario cada 20 minutos, así que tuve que interpretar sin parar durante hora y media. La intérprete de apoyo no descansa mientras dura el servicio, no se lee un periódico o se mira las uñas, está frente a la que signa, recibiendo el mismo audio, atenta a todo, a cifras, a nombres o a la señal que pueda hacer la ILSE principal con la mirada pidiendo ayuda para recibir algún signo. Tuve suerte, la intérprete de apoyo que me acompañaba aquel día es lo que llamo una todoterreno 4×4, curtida en mil marrones comunicativos, alguien con quien puedes ir a interpretar a un infierno sonoro como es la Plaza del Ayuntamiento de Pamplona un 6 de julio a las 11:30 sabiendo que vas a interpretar aunque ella tenga que hacer dibujitos, dar codazos a periodistas o subirse a una mesa para que la veas. Y había nervios, claro, muchos. No pasa todos los días. Interpretar ese agónico “¡¡¡pamplonesas, pamploneses, viva San Fermín!!!” en el tiempo justo, sin que te tiemblen las manos, sin que se note que tu ritmo cardíaco está disparado y rezando para distinguir en el segundo exacto el sonido del cohete cortando el aire no es moco de pavo. Había repetido el signo del Txupinazo unas mil veces los días atrás. En casa, en el ascensor, frente a un espejo. Y mira que es sencillo. Es un signo de los llamados icónicos, se parecen físicamente a la realidad que representan: el dedo índice sale disparado en vertical en el cuadro signante desde el pecho hasta por encima de la frente. Hice mal el siguiente. El del “booom”. Debería haber usado el signo de explosión, pero me salió el de “fuegos artificiales”. Las dos manos que se abren en abanico por encima de mi cabeza. Luego supe que fue una buena elección, ya que hubo un fallo en la emisión y a las 12.00h se cortó mi imagen porque el enfoque se movió hacia arriba, de tal forma que en las pantallas del Paseo Sarasate alguna persona sorda, aunque no me vio la cara, sí vio las palmas de dos manos abrirse, explotar casi, en el aire. Y escuchó el Txupinazo.

Algo es algo.


Peripecias de un alcalde sanferminero. El Txupinazo (V).

Ni McGyver ni Houdini se vieron en otra igual. Quizás el antiguo monarca al volver de Botsuana. Pasan tres minutos ya de las doce. La algarabía y el alboroto que se colaban hace poco por la ventana se han transformado en un escandaloso griterío. El personal, que se impacienta. Normal. Como yo, que llevo ya un par de minutos aporreando la puerta con todas mis fuerzas y nadie responde a mi desesperación. Debo pensar algo con rapidez, ser ágil mentalmente, como cuando me hacen una pregunta comprometida en las ruedas de prensa o en los Plenos y tengo que salir airoso . Y…………………………!! equilicuá !! Tengo una idea. No sé si es Brillante como el arroz, creo que es más bien un SOS, quizás más granulado que el anterior pero arroz también al fin y al cabo. Espero que resulte efectiva. Cojo todos los rollos de papel higiénico que hay a la vista. A continuación, con toda la habilidad que mis temblorosas y sudorosas manos me lo permiten, voy deslizándolo con rapidez por debajo de la ranura de la puerta del baño con la esperanza que su acumulación en el pasillo dé a la vista de alguien y pueda liberarme de mi encierro. Surrealista situación. El colmo de los colmos. Ya estoy viendo los titulares de la prensa de mañana. ” Pamplona. 6 de Julio. El Alcalde de la Ciudad, principal protagonista del primer encierro de las Fiestas “. ¿ Pero los encierros no empezaban el día 7 como toda la vida?,………. ¿ y desde cuando los corre el Alcalde ?……..

– Señor. señor………. ¿está usted ahí dentro?- pregunta una voz que me resulta familiar desde el otro lado de la puerta. La reconozco vagamente. Es la de uno de mis gorilas. Con el ruido de fondo, no distingo si es la de Mi gran amigo Joe, la de King Kong o la de Maguila, pero tengo claro que va a ser mi salvador, como Martín Monreal de Osasuna los años que hemos andado apuraos.

– ! Sí, sí………! – respondo a grito pelao. – ! Sácame de aquí cuanto antes!……

– ! Aparte, que tiro la puerta abajo !

Obedezco. Me aparto. !!! Broom !!!! es lo siguiente que escucho. La puerta revienta en mil pedazos. Vandalismo de andar por casa. Patrimonio municipal a hacer puñetas. El gorila se asoma. Lo veo entre la niebla, como Sigourney Weaver en la premiada película. Su cara al verme es un poema. Y no precisamente de Neruda. Me coge en volandas cual Perurena a las piedras pero sin tanto amor y arranca a correr hacia el balcón donde está preparado el cohete. Mientras hacemos el recorrido, al pasar a la altura de las escalinatas del Consistorio, veo con el rabillo del ojo a un par de municipales subir por ellas junto a un personaje oriental. El sujeto en cuestión va hecho un cuadro. O mejor dicho, es un cuadro en sí mismo.Y no precisamente de Aquerreta o Salaberri. El individuo en cuestión porta un maletín de cuero marrón bajo sus brazos y lleva un traje negro que a modo de lienzo recoge unos cuantos míticos colores txupineros: el amarillo mostacero, el rojo kalimotxero y el blanco harinero. Los encharcados bajos de sus pantalones rechinan sobre la emperifollada moqueta a cada paso que da provocando un extravagante sonido. Con el tiempo me enteraría que es el secretario de uno de los embajadores asiáticos invitados que estaba alojado en un hotel de las afueras. Al hombre le habían mandado que a las doce se presentase en el Ayuntamiento. El taxista lo había dejado al principio de la calle Nueva. ! Qué esperaba !… ¿ Dónde se creía que venía ?…. ¡¡ Ay, angelico mío ¡¡……Desde luego, pienso, qué mundo éste, manda cojones, no ha estallado todavía el cohete anunciador de las fiestas y junto a servidor ya tenemos a los dos máximos candidatos para llevarse este año el Trofeo Carriquiri.

Alcanzamos la sala. A trompicones. Imaginaros. Hazmerreir generalizado al verme llegar de semejante guisa. En calzoncillos y portado como un saco. Degeneración total. Decrepitud. Decadencia hecha persona. Me fijo entonces que cientos de pasquines inundan el suelo de la estancia y veo por una de las ventanas que miles de ellos están siendo lanzados también a la calle desde una avioneta contratada para la ocasión. Atisbo e ver el texto que viene impreso en negrita y mayúsculas en los panfletillos. Me resulta de los más cachondo. Lo que les va a gustar a mi mujer y a los del partido. ” El Alcalde os ha dado plantón por un calentón. Ha priorizado darse un buen revolcón. De vosotros, las fiestas y el cohete pasa mogollón. Hacer que le pase factura, copón”. Touché. Lo sabía. Me lo temía. Una confabulación de la puta oposición en toda regla. Maniobras políticas orquestadas en la oscuridad. Está visto que todo vale. Son las reglas del juego. Pero eso no impide que alcance el balcón a cumplir mi deber. Diligente que es uno. Profesionalidad ante todo. Me dirijo al respetable, que menos bonito me llama de todo. Con la mejor de mis voces, grito: !! Pamploneses, pamplonesas, viva San Fermín !!. !!! Iruñeko seme-alabak. Gora San Fermín !!!. A continuación, emocionado, excitado, otra vez empalmado, prendo la mecha.

El breve lapso de tiempo que el cohete emplea para subir al cielo guiado de forma anónima por la varilla, lo empleo para mirar detenidamente de nuevo a la gente congregada en la Plaza del Ayuntamiento. Lo flipo. No cabe un alfiler. Miran hacia el cielo con sus pañuelos extendidos. Agitándolos con brío. Cuánto Muthiko ( Alaiak ). Cuánto Mutilzarra. Hay gente de todos los lados de la ciudad, de La Rotxapea, de Donibane o hasta de Sanducelay. El Bullicio ( Pamplonés ) es atronador. Todos están con ganas de celebrar un inolvidable San Fermín. Con las mismas ansias que muchos de ellos celebrarán en septiembre los de Aldapa.  Con mucha Armonía ( Txantreana ). Con tremenda Alegría ( de Iruña ). Con ganas de farra y de mucha Jarana. Hermanados como los del Anaitasuna. Sin querer meterse en ningún Charco. Lanzando al aire algún que otro espléndido Irrintzi, como mínimo, de medalla de Bronce en cualquier competición. Queriendo vivir una fiesta Única. La Oberena de todas las Fiestas.

Segundos después, la pólvora pierde su fuerza y el cohete llega a su punto más alto. Entonces, como acertadamente recogió el famoso barbudo en su universal novela The sun also rises, sucedió un año más: – Al mediodía del seis de julio, la fiesta estalló. No hay otra forma de expresar lo que quiero decir-.

Fin.


Historias en blanco y rojo 2

En 2010 publiqué Un extraño lugar para morir, una novela negra ambientaba en Pamplona durante los días de fervor sanferminero. Aquella novela, como es lógico, tenía sus investigadores, sus muertos y sus asesinos; tenía también (de manera latente) todo el cariño y la generosidad que a lo largo de los años yo había recibido de muchos amigos pamploneses. Quizá por eso, porque su origen estaba en la amistad, la novela tuvo cierto éxito y llegó a más de cuatro mil lectores.

Un par de años más tarde, mientras impartía en Granada un curso sobre novela negra, uno de los alumnos se me acercó al final de la clase. Se llamaba José Carlos. Además de escritor aficionado era dibujante, había leído Un extraño lugar…, le había gustado y me pedía permiso para hacer una novela gráfica basada en mi historia. Levanté la ceja. Yo no tenía (ni tengo) la más mínima idea de los resortes que mueven el mundo del cómic y la novela gráfica. Decidimos tomarnos un café para que él me explicara más detenidamente.

Cuatro años ha pasado explicándome el asunto. Cuatro años de intermitentes cafés y alguna que otra caña. Cuatro años en los que mi asombro y mi agradecimiento crecían junto a sus fabulosos dibujos y su manera de quebrar, subvertir y mejorar la historia original. Cuántas veces me he acordado de aquel día que José Carlos se cruzó en mi camino. Cuántas veces no he merecido la suerte que tengo.

Eso sí, para que el resultado final fuera aceptable el dibujante tenía que vivir una verdadera inmersión pamplonica, ¿qué era eso de dibujar Pamplona sin haber estado en sus bares, sin conocer a sus gentes? Me tocó entonces hacer de Cicerone y corresponder en la medida de lo posible al generoso regalo que José Carlos me hacía poniéndole rostro al comisario Uriza, a la inspectora Bea, al muy pamplonés y forense Goñi o al poeta más bobo del mundo, Carmelo Bello.

La semana pasada José Carlos me volvió a llamar; quería enseñarme la versión definitiva. «El libro estará en la calle el mes que viene», me dijo.

Este año, cuando el día seis de julio den las doce y el chupinazo deje un reguero de humo gris en el cielo de Pamplona, levantaré mi copa a la salud de José Carlos, a la salud de sus dibujos y a la salud de todas aquellas historias soñadas en blanco y rojo.


Peripecias de un alcalde sanferminero.El Txupinazo (IV) 1

Mientras la concejal se aproxima hacia mí, pido al Santo que me proteja. Con su capotico o con lo que tenga más a mano, pues me temo que toda ayuda que voy a necesitar va a ser poca. Que me proteja de la embestida que quiere proporcionarme semejante loba. O tigresa. O leona. O lagarta. O lo que queráis que sea. Lo sé, os menciono animales desprovistos de cornamenta pero no os preocupéis que la corrida no se va a suspender. Ni de coña. Os recuerdo que los cuernos los voy a poner yo en unos momentos y pronto dispondremos de unos que hagan apta la lidia. Que me proteja también para no resultar lesionado en el envite pese a la tremenda cogida que estoy seguro que me va a meter. ¿ Meter ?….¿ A mí ?….. A ver, a ver, aclaremos este punto cuanto antes, es importante,….. ¿ me va a meter algo ?…….¿ pero no era yo el que debo ocuparme de eso ?……….Y sobre todo, que me proteja de no dejarla embarazada, pues no llevo encima ningún preservativo. Pero eso todavía es solucionable. Puede que ella sí lleve consigo o utilice algún método anticonceptivo. Trato de salir de dudas. – Esto, …perdona…, ¿ vamos a usar algún tipo de protección ?. Es que yo no llevo ningún Willy encima. Ninguno. Ni siquiera al Toledo, ni al Fog ni al Wonka. Su espontánea carcajada retumba en mis oídos. – Alcalde, eres un cachondo. Al inicio de la legislatura te pedimos llevar escoltas y nos los negaste, alegando que no era necesario que la oposición llevásemos protección alguna. Y ahora me vienes con estas. Pero estate tranquilo. Llegado el momento emplea la marcha atrás, que es lo que mejor se te da hacer con todas los proyectos e ideas que te presentamos en los plenos, con las ilusiones de los ciudadanos o con las comisiones de investigación que quieren crearse para poner luz y taquígrafos a tu gestión.

No hago caso a sus palabras. Uno no es rencoroso. Llega a mi altura. Vaya momento. Subidón del bueno. Me siento como un divino del encierro……aquí huele a toro…..hoy toco pelo……hoy pillo toro. O como un torero con duende…………..la faena va a ser de rabo, de orejas no sé, pero de rabo seguro. O como un pastor con un toro rezagado en la Estafeta………..con la única defensa de su vara. O como un picador en su tercio……… deseando clavar un buen puyazo. No me da tiempo a sentirme más cosas. Me desviste en un santiamén. Me quedo únicamente con mi estoque, de capa caída y para el arrastre durante mucho tiempo pero hoy encelado perdido. Lo tengo con la ilusión de la alternativa. Suerte maestro. Es la hora de la verdad. La hora de la suerte suprema. Debo rematar la faena. Meterla hasta la(s) bola(s). Quiero salir por la puerta grande. Armar el taco. Me digo a mí mismo: decídete, que ya la tienes bien cuadrada. No escurras el bulto.  Hazlo en corto y en derecho. No tienes que esperar a que el apoderado de turno o cualquier subalterno te diga: valor y al toro, que es una mona.  No me da tiempo a decirme más cosas del argot taurino. Me mete un revolcón de aúpa. Espeluznante. Sobrecogedor. Estremecedor. Aterrador. Reíros,….. ! qué fácil es ver los toros desde la barrera !. Menudo trapío ha demostrado la señora en la acometida. La doña, es un híbrido entre un Miura y un Cebada Gago con la clase de un Vitorino. Debo sobreponerme. Decido entrar al trapo. Embraguetarme. Ponerme el mundo por montera. Demostrar lo que soy. Un figura. Un primer espada. En la vida, en la política y en el amor. Me mentalizo. Tengo que sacar más valor que El Guerra para salir airoso de esta batalla. Le hago un desplante. Le hago la cobra. No la de Karate Kid. Ni la de Bisbal. Pero ella se lo toma a mal, se crece ante el castigo y me hace un nuevo relance, del que nuevamente y pese a mis intentos no consigo salir bien parado. Estoy contra las tablas. Ahogado. Sin respiración. Soy consciente que nadie va a salir al quite en mi ayuda. Debo estoquearla cuanto antes. Sin pinchar en hueso. Horror. Están a punto de dar las doce. No quiero que me coja el toro. En esas estamos, cuando se separa un poco y me dice: – Alcalde, cariño, creía que te manejabas mejor en el arte de la espada. Estoy esperando que entres a matar y recibir de una vez por todas una buena sacudida con semejante estoque. Ya sabes que tengo querencia por estas cosas-. A tomar por saco, me digo. Ni la puntilla voy a necesitar. Se va a enterar. Me lanzo a por ella, pero es entonces cuando me hace un quiebro propio del famoso Martincho y caigo de bruces contra las baldosas del baño, de sorprendente color arena. Menudo trompazo me he dado. Recalco, trompazo. Adivinar con qué parte me he golpeado primero. Juramentos varios. Estrellas girando. Pajarillos aleteando. Aprovechando mi aturdimiento, en un rápido y certero movimiento, la colega recoge mis ropas y las lanza por la ventana, se pone su vestido en un plis-plás y abandona precipitadamente el baño cerrando con llave la puerta de chiqueros al tiempo que la escucho decir en alto: – Lo siento alcalde. Antes es la obligación que la devoción y no sé a ti, pero a mí me están esperando en un balcón -.

Me quedo jodido. Bien jodido. Pero sin haber jodido. Ya me entendéis. La situación se las trae. Espeluznante. Sobrecogedora. Estremecedora. Aterradora. Repasemosla. Soy el Alcalde. Se supone que tengo que lanzar el Txupinazo en breves momentos. Me encuentro encerrado en el centro del baño de señoras de la casa Consistorial. A treinta metros del balcón donde está el cohete. Sin ropa. En pelotas. Más solo que la una, pero esto último no me chirria tanto, ya que es lo habitual en política, en los curros y en muchas ocasiones de la vida cuando a uno le vienen mal dadas. Procedente de la ventana, escucho el griterío de la gente acumulada en torno al Ayuntamiento. Los decibelios del ambiente aumentan por momentos. Silbidos. Chillos. Jolgorio. Canciones. Redobles de tambores. Clarines. Suponen un enorme contraste con la sensación de vacío que existe en el baño. De repente, comienzan a sonar las campanadas que dan las doce. Me invade entonces tal acojono que ni a la Cenicienta en Palacio cuando las escuchó. Y pienso……….¿ de dónde cojones saco yo ahora unos ratones, un perro, un gato, una calabaza, un traje y unos zapatos raídos y un hada madrina que me ayuden a salir de este desaguisado ?.

( Continuará )………