Kilikis


Porteadores petrificados. 2

El fenómeno del ¨mannenquin  challenge¨, conocido también en español como ´reto del maniquí´, se inició a finales de Octubre de 2016. Está basado en videos virales donde los protagonistas se encuentran totalmente inmóviles mientras una cámara en movimiento los filma, generalmente empleando «Black Beatles» de Rae Sremmurd como canción de fondo.

En este mundo tecnológico en el que vivimos el fenómeno se difundió muy pronto a través de telefonía móvil y de todas las redes sociales y logró un gran impacto mediático hasta el punto que en corto espacio de tiempo mucha gente, muchos colectivos y muchas personalidades realizaron sus videos con distintas propuestas, originalidad y éxito.

A finales del mes de Noviembre del año pasado,  en concreto el día de San Saturnino, tras celebrar su actuación en las calles de Pamplona y despedir a los Gigantes y Cabezudos hasta este año 2017, varios miembros de la Comparsa tiraron de creatividad e ingenio y se animaron a realizar su particular ” mannequín challenge”, reproducido en el siguiente video.

 


Pamplona, cinecittá durante las fiestas (I)

Hay abundante información acerca de las películas que han tenido como telón de fondo las fiestas en honor a San Fermín. De manera muy somera quiero ir apuntando algunas anécdotas o curiosidades al respecto de algunas.

Para empezar, me confieso parte de esa nueva tribu denominada “seriéfilos”, integrada por padres de familia de mediana edad cuyos hijos pequeños nos les permite ir al cine y están demasiado cansados para ver una película entera cuando las criaturas ya duermen plácidamente. De ahí que seamos consumidores de series cuya extensión de capítulos (45 minutos) se ajustan a esas actuales necesidades. Tras este preámbulo traigo a colación a Joshua Jackson, un habitual en series como “Dawson crece” o la más reciente “The affair” (les recuerdo que una nueva moda seriéfila es no traducir el título), un drama romántico que engancha por su novedoso punto de vista narrativo.

Pues bien, el tal Joshua protagoniza una poco conocida película rodada casi íntegramente en Pamplona durante las fiestas de 2005 (además de haber utilizado escenarios de Dantxarinea y Zubieta).

Se trata de “Americano”, donde participa el famoso Dennis Hopper y se desarrolla en torno al viaje iniciático de un estudiante universitario recién graduado en USA que viaja como tantos otros a Pamplona en busca de emociones fuertes, y al parecer las encuentra. Es lo que podríamos llamar una “road movie”, aunque esta vez sería más bien una “bull movie”.

Les dejo con el tráiler, con saltos desde la fuente de Navarrería incluidos, para que juzguen ustedes si merece la pena un visionado:

 


Miedo 4

13230167_1062263680521489_4937401380252364880_nMiedo es lo que refleja la cara del pobre muete al ser descubierto y acorralado por el kiliki a pesar del escondite que había encontrado para evitar el encuentro y que le salvaría de sus vergazos.

Esa mañana se despertó con un beso de su ama, como todas las mañanas, cuando su padre regresó de correr el encierro con los consabidos churros de la Mañueta y, todos juntos, desayunaron en familia. Le habían dicho que iban a “ir a los gigantes” y su ama le vistió de pamplonica de la forma más ortodoxa que pueda haber, blanca e impoluta la ropa, la camisa de manga larga remangada, el pantalón largo, las alpargatas sanfermineras, rojos el pañuelico y la faja, faja anudada a la izquierda, como debe de ser.

Todo iba perfecto mientras iba con su padre, bien en brazos, bien de la mano, viviendo la algarabía producida por la mezcla de las diferentes piezas que interpretan los gaiteros que acompañan a cada gigante y, aunque no las tenía todas consigo, mientras estuviese con su padre se sentía seguro.

Pero el destino es caprichoso y sin saber cómo se encontró solo y había varios de esos kilikis pegando a los niños con sus vergas, así que mirando en derredor encontró un refugio, refugio en el que no cabía uno de esos kilikis y allí que se parapetó a la espera de que se marcharan y poder así salir a buscar a sus padres.

En esas estaba cuando uno de esos “monstruos” le detectó, dirigiéndose raudo hacia él y entonces se percató de que su refugio era en realidad una ratonera que no le iba a facilitar salir airoso de esa peligrosa situación.

¿Logrará escapar el rubiales del kiliki?, ¿le atizará el kiliki el temido vergazo?, ¿acudirá su progenitor en su ayuda a tiempo para salvarle?, ¿será su progenitor quien hizo la foto? Dejo las preguntas en el aire, ya que no tengo las respuestas.


Josemiguelerico y los chupetes

Mis dos primeras entradas en el blog hablaban sobre los padres así que hoy, para cerrar mi colaboración en 2015, voy a hablaros de San Fermín y los hijos. Sé que es un tema peliagudo. No solo por las silletas, que es algo que genera bastante polémica por estos foros; sino, sobre todo porque la mayor transformación que una persona sufre en su forma de vivir estas fiestas es, precisamente, la maternidad/paternidad. Es tener un hijo y, de repente, descubres un nuevo mundo. Hay vida después del encierro. Concretamente gigantes, la noria y las barracas, desfile de las mulillas, las actividades en Conde de Rodezno, globos de helio, toro de fuego…

A pesar de eso, algunos y algunas intentamos no perder las buenas costumbres y, gracias a la inestimable labor de los abuelos convertimos esos nueve días en una interminable gaupasa en la que fuerzas al límite a tu cuerpo como un deportista de élite durante las olimpiadas. Porque tratar de aguantar el ritmo de día y de noche debería ser deporte olímpico. Esas veces que estás cerrando el Iruña mientras ves amanecer de camino a casa (en el caso de no haber decidido por el camino que ya, total, te quedas a ver el encierro) y para las 11 te han traído a los críos, enredados en un globo volador que se quedará blandurrio pegado al techo de casa (si no se ha volado mientras intentas cruzar el paseo sarasate mientras tu niño mira al cielo y llora desconsoladamente. Y tú, parapetada en tus gafas de sol piensas que la que tiene ganas de llorar eres tú si no te tomas pronto un martini o algún otro brebaje revitalizante…).

Yo he ido con mis hijos a todos los sitios que se supone que tienes que ir si quieres construir un nuevo sanferminero de pro. O tres, como es mi caso. Solo una vez cometí un error de principiante y llevo ocho años pagándolo muy caro.

A una de mis hijas no había manera de quitarle el chupete, así que cuando tenía poco más de dos años decidí hacer lo que se debe hacer: es decir, regalarle el chupete a Josemiguelerico, el gigante europeo. Craso error. Mi hija lloró tanto que tuve que volver donde el señor gigante y pedirle, por favor que me devolviera el chupete de la niña a riesgo de destrozar mis neuronas y las del resto del personal con sus gritos de angustia.

Mi hija siguió unos cuantos meses más enganchada al chupete, mientras yo pensaba que aquello tenía que ser tan difícil como dejar de fumar y, lo peor de todo… Aún hoy en día, ocho años después, sigue mirando con el mismo pavor al gigante europeo, mi favorito. Ella, en cambio, le tiene manía, un odio atávico, como si supiera que en sus manos se encuentran los sueños y las babas de los más pequeños de Pamplona, esos que construirán los sanfermines de dentro de veinte años.

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