Indumentaria


Faltan 100 días para San Fermín 3

El año avanza, el tiempo corre y, casi sin darnos cuenta hemos recorrido ya 87 días del 2017. Parece mentira. 3 peldaños de la escalera. Un terremoto con el epicentro prácticamente en Pamplona y unos cuantos temblores que no pueden ser otra cosa que los ensayos para el próximo chupinazo, que nos espera ya a la vuelta de la esquina.

Porque si, faltan solo 100 días para que comiencen los sanfermines.

¡100 días, pero menudos días!

El cuarto escalón la semana que viene; el quinto, el sexto, ese en el que los nervios empiezan a aflorar inevitablemente porque lo vemos ya al alcance de la mano… La elección del cartel. El debate sobre si este año hemos acertado o vuelve a ser polémico… Es decir, un horror que no le gusta a nadie. O a muy pocos. Descubriremos quien tirará el cohete. Que no nos cabe la ropa blanca del año pasado. Que no sabemos donde está nuestro pañuelo rojo favorito. Que la faja ha desteñido un poco. Que no nos da tiempo de preparar el ajoarriero. Que la semana anterior, en el trabajo, querremos cerrarlo todo y de nuevo nos parecerá que se acerca el fin del mundo. Que no hemos reservado el sitio para el almuerzo. Que algunos amenazarán con que se van a Salou y nosotros les miraremos con gesto de lástima. Que se pone el vallado y no podemos dejar de ir a verlo…

Menudos 100 días.

Comienza la cuenta atrás.

Foto: Mikel Goñi Leoz; Montaje: sanfermin.com


Apocalipsis SF 1

Decía mi colega sanferman la semana pasada en este mismo blog que no quería ser apocalíptico.

Qué va, ni un poquico…

Como quiera que aún faltan unos días para dilucidar estas discrepancias donde hay que hacerlo, alrededor de mesa y mantel, aprovecho estas líneas para echar leña al fuego y seguir con el debate.

Afirmaba sanferman que cinco son los pilares de nuestra fiesta, a saber, la religión, el comercio, el toro, el folklore y la indumentaria. Sin negar la importancia de estos elementos, creo que mi querido colega olvida el auténtico pilar, el único, diría yo, que no es otro que el alcohol. Sin este, nada de lo demás tiene sentido.

Aún así, sanfer exponía con su habitual rotundidad que esos cinco pilares están en peligro.

Afirmaba sin rubor que hay ateos que creen en la existencia de San Fermín (sic) y yo le rebato que son más los católicos que no van a misa y más aún los que no entienden a aquellas personas que se empeñan en exigir a un alcalde que vaya a misa. Conviene recordar que nos encontramos ya en un siglo XXI bastante avanzadito.

Respecto a lo comercial, tal vez no se vendan ya demasiados caballos (de todos modos esta ha sido siempre una actividad celebrada en el extrarradio) pero no hay duda de la importancia que tiene la vertiente comercial; así, Pamplona ha desarrollado y potenciado una industria hostelera, sacrificando a un barrio y a su población en beneficio de un lobby poco preocupado por los efectos perniciosos que crean en el ser humano, no solo durante San Fermín, sino sobre todo el resto del año. Si en vez de ocupar y contaminar calles y oídos contaminaran ríos, ya habrían sido desterrados al extrarradio hace años, haciendo compañía a los caballos, curiosamente.

Que lo taurino atrae menos a la juventud es discutible. Hay que ver si la ha atraído en el pasado. Lo que sí salta a la vista es que resulta menos habitual el veinteañero que se saca el abono completo para la Feria del Toro. Con dos o tres días les basta. Y es esta actitud del con dos o tres días suficiente la que sí que está minando el espíritu pamplonés de la fiesta. El nativo está abdicando de los sanfermines. Disfruta de dos o tres días y luego huye, abandonando la ciudad a lo peorcito del hooliganismo peninsular y continental. Pero este es otro tema…

Tampoco creo que el folklore ande en peligro. San Fermín es una fiesta eminentemente floklórica y si ha alcanzado cierta fama internacional ha sido gracias a su pintoresquismo. Y la gente sigue viniendo y a los aborígenes nos siguen gustando jotas, txistus, dantzas, gigantes o encierros.

Y respecto a la indumentaria, es evidente que ese blanco tan bonito sigue triunfando. Hasta los adalides del mal gusto y los colorines horteras se visten de nuevo de blanco en cuanto el último periodista y la última cámara abandonan la Estafeta a las 8:45.

Así pues, pocos motivos veo yo para el alarmismo, y menos para ver oscuras conspiraciones que quieran acabar con nuestras esencias, si es que puede calificarse de esencia cocerse durante nueve días seguidos.

Sobre lo que no me cabe duda es sobre un hecho natural. Vamos envejeciendo, cada vez nos quedan menos sanfermines por disfrutar y nuestra perspectiva cambia. Tal vez no sea la fiesta la que esté cambiando, tal vez sean nuestros cuerpos y nuestras mentes las que varían con el tiempo.

Pero qué queréis que os diga.

Yo cada vez me lo paso mejor.

Sobre todo si tengo a sanferman cerca.

 

 

PD.- Ya que se menciona un libro blanco de los sanfermines, por favor, que sea blanco y rojo.

 

 


Chirigota y Sanfermines 2

Ya hemos hablado alguna vez de la relación entre los Sanfermines y los carnavales (http://www.blogsanfermin.com/sanfermines-carnavaleros-2/). Ahora en época carnavalesca volvemos a esta relación. A continuación veréis un video de una de las chirigotas de Cádiz. Desde allí abajo recuerdan este año los Sanfermines, aunque sea por un motivo tan desagradable como la violación de una chica. En el video veréis la opinión que la chirigota tiene de los cinco violadores (presuntos). Que diferencia de los gaditanos y los cafres que en el Sadar mostraron una pancarta en apoyo de uno de estos malnacidos.

 


San Fermín en Praga 2

Ya estaba un servidor (prácticamente) planchando la ropa blanca, ordenando pañuelos y cerrando agenda de almuerzos y toros cuando, inesperadamente, me escriben para decirme que me han concedido una estancia de dos meses en Praga en un programa de escritores residentes de la UNESCO. ¿Las fechas? Del 4 de julio al 29 de agosto. La primera reacción (lógico) fue saltar de alegría, pero pasada la euforia tomé conciencia de que este año me quedaba sin San Fermín. Sí, sí, ya lo sé (todo el mundo me lo dice), ni Pamplona ni San Fermín se van a mover de donde están (tampoco Praga, podría argumentar alguien) y una oportunidad como ésta hay que aprovecharla. Por supuesto, iré y la aprovecharé, pero que nadie se asombre si el día seis, a las doce, paseando por las calles de Malá Strana, aparece un tipo vestido totalmente de blanco y con un pañuelico rojo al cuello.

Aprovecho también para recordar que la tarde del 29 de junio en el Condestable estaremos Carlos Erice y un servidor presentando una novela gráfica y negra ambientada en San Fermín. Aquí dejo unas imágenes.

Disfrutad de las fiestas. ¡Viva San Fermín!

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El pantalón blanco 3

Este lunes hemos celebrado el último peldaño de la escalera sanferminera así que, oficialmente, ya hemos entrado en la auténtica cuenta atrás. Y hay que reconocer que en Pamplona, el mes de junio y nuestra cuenta atrás tienen muchas cosas que merecen la pena. Cenas de trabajo para despedir a los compañeros, como si no los fueras a ver hasta dentro de un siglo, el calor asomando por Pamplona, que es un bien tan escaso que nos saca a todos a la calle como los cuernos del caracol miricol. El final del colegio de los niños. Las vacaciones, saludando desde la ventana. Las piscinas que se abren, las fiestas de algunos barrios y pueblos de alrededor para ir abriendo boca…

Pero también llega con el mes de junio el auténtico fin del mundo. Y no exagero. Aunque muchos no lo sabéis, estamos cerca del fin del mundo. Y no me estoy refiriendo a todo el trabajo acumulado o a los intentos por cerrar las cosas antes del seis de julio… Hablo de algo muchísimo peor, una auténtica catástrofe inminente… Porque, ¿quién fue el lumbreras al que se le ocurrió que todos fuéramos de blanco? Somos muchas las personas que cada mes de junio empezamos a escarbar en los armarios y nos hacemos esta insidiosa pregunta.

Vamos a ser sinceros: los pantalones blancos no le sientan bien a nadie si no tienes unas piernas de top model. A nadie, no insistáis. Hay gente que puede llevarlos con cierta dignidad, pero no sientan bien. Es una realidad. Y todos lo sabemos aunque no digamos nada por no aguarles la fiesta a los de alrededor.

En mi casa dicen que soy una persona relativamente llevadera excepto el día que saco la ropa de San Fermín del armario, trato de entrar en uno de esos cabrones pantalones que, como todo el mundo sabe, encoje cada año dentro de los cajones y decido irme a comprarme unos nuevos que antes de probarme ya sé que me va a causar un intenso dolor psicológico dentro del probador. A veces pienso que el Ayuntamiento decidió rehabilitar el Condestable y poner un centro cívico solamente para ahorrarme el mal rato que pasaba cada año el día 5 de julio en Almacenes Pamplona, probándome pantalones y pensando que, definitivamente, ese año iba a tener que salir el día 6 en vaqueros, como una guiri cualquiera.

Cierto que luego llega el día 6 y todos vamos tan contentos, uniformados y esclarecidos. Pero algún mediodía, durante el aperitivo albergo la sospecha de que todos bebemos tanto durante estos días solamente para tratar de olvidar por un rato lo poco que favorece ese pantalón básico que nos compramos para San Fermín. Anudarnos la faja y salvaguardar nuestra autoestima en algún rinconcito entre el pañuelo rojo y esas pulseras que le acabamos de comprar a un vendedor callejero.