Archivo por días: 21 de septiembre de 2018


X Certamen Internacional de Microrrelatos de San Fermín

LA VÍSPER

Pedro Pastor Arriazu

LA VÍSPERA

Para Saturnino, lo mejor de los Sanfermines era la víspera. Sin menospreciar la ya tradicional exhibición de la antevíspera de los PETA, a la que asistía más por musgo que por antitaurino, el almuerzo en la peña y, ya ambientado, la inmersión en la atmósfera festiva generada por el chupinazo le infundían un optimismo existencial comparable al ascenso del Osasuna o que te toque el euromillón.
Se vistió de pamplonica lentamente, con unción, con el ritual del torero o la novia, del misacantano o el concejal, mientras amedrentaba su imaginación con la inmediatez del primer encierro, en el que pensaba correr, y la endulzaba con Montserrat, a quien pretendía ligarse aprovechando la desinhibición festiva. Lástima que solo se quedase hasta después del encierro, en que cogía el tren a Barcelona.
La perspectiva de tanta felicidad le puso los pelos de punta.
A punto de apagar el móvil, sonó:
—Compañero, una urgencia.
Y con la misma meticulosidad con que se vistió de fiesta, aunque con más diligencia, se desvistió y se puso el traje de bombero para apagar un incendio en un barrio periférico con el que estuvo entretenido hasta después del encierro, la hora del tren de Montserrat.

 

LA TOZUDA LUNA Y EL SALAO SOL

Hilda Esperanza Lozano Espinosa

LA TOZUDA LUNA Y EL SALAO SOL

― ¡Joder!… ¿No ves cómo mi resplandor y la composición de los fuegos a todos obnubila? O ¿Qué dices de mi compañía en los conciertos, y en la colosal charanga que más tarde invade el casco viejo? Vamos… “siempre que no haya rastro de tus puñeteras calenturas”.

―Pero miarma, si má’ brillante’ y hermoso’ son mi’ destello’ que acompañan temprano al cohete y por supue’to dan lú a la mirá de lo’ tensionao’ mozo’ mientra’ entonan lo’ cántico’. ¿Algo que objetá de lo’ felices shiquillo’ al ver de’filà a lo’ cabezuo’?

― ¡Agárrate que hay curva cuando decides dar vuelta y media a la llave de la estufa, pues ni los turistas del trópico aguantan tus exasperados chispeos!

―Tú dirá’ lo que te plajca, pero al meno’ se libran de llevá tanto atavío ojcuresío que de’lucen lo’ traje’ Pamplonica’ por culpa de tu’ cambiante’ posisione’.

“Lo cierto es que aquel día, la tozuda Luna como el salao Sol, dejaron aparcados sus constantes cambios de humor, y a la sazón, terminaron abrazados y cantando a todo pulmón”:

― ¡«ASÍ TIRITEMOS DE FRÍO O NOS DERRITAMOS DE CALOR»! … ¡«EN SAN FERMÍN TODO’ VIVIMO’ LA’ FIESTA’ CON DEMASIADA PASIÓN»!
 

¡ARRANCA!

Daniel Sanz Cordero

Entró por la ventana, jadeando. “¿Pero qué andas?”. “¡ ¡Acelera!”. “¿Pero qué haces jambo?”. Aún sofocado, sin aire, apuntó con el dedo al desconocido en cuyo coche había irrumpido. “¡Que tires! ¡Tira copón!”. El chico del Corsa estaba estupefacto, y dirigió involuntariamente la mirada a la patrulla de civiles aparcada junto al peaje. El intruso observó el gesto, e instintivamente gritó como en presencia del ángel de la muerte. “¡No! ¡Eso no!”. Acompañó el grito con movimientos de paroxismo, amedrentando definitivamente al mocete. Vibraba, zumbaba como una batidora. “Vale tío….Venga, tranquilo”. Abrió su mochila, y el bisoño empezó a gimotear de los nervios. “Hey, pero qué vas a hacer…”. “¡A ver!…¿Me dejas?”. Javier se vistió de blanco níveo, y sacó de la mochila un fajín rojo, mientras extendía su otra mano al pipiolo. “Javier, madrileño. Coche muerto. Diez kilómetros corriendo hasta aquí. ¿Conoces esto?”. “¿”Sal si puedes”? Claro. Soy de Pamplona”. “Si no estoy allí con el cohete, Itsaso se irá”. Asier se quedó como el Banco Popular: no daba crédito. “¿Eso era?”. Y entonces reventó al fin, con una risa exagerada. “Te juro que la quiero de verdad tío. ¿Me llevas?”. “Caguen Sos…¡Agárrate!”. “¿Si?”. “¡Átate pues!”. “¡Gracias! ¡GRACIAS! ¡Venga Acelera!”.