XI Certamen Internacional de Microrrelatos de San Fermín

ESPÉRAME

Ramón Llanes Domínguez

De par en mañana llegaré a Estafeta tal vez mostillo y canucido para alentarme con las excelencias del Santo, que Fermín me llaman desde tiempo de nacencia, y a la prisa de estar alcorzaré con mi laminera pasión por saber de vosotros, disfrutar sin lacha de cuanto me presente la dulce pócima del destino. Espérame delante de las astas zahínas que ocuparán nuestros muérdagos y nuestras filandrias, espérame con el abrazo pamplonica, con el vino en bota o en pozal, con el txiristole en hombros y la tarde plena, sin amoñigar las horas, sin ponerle caducidad a los días. Yo vendré ahíto de pañuelo rojo en el alma, con txirrinta de verte, con los cupos del afecto en plenitud de querencia; vendré a ti, amigo, a ocuparte el espacio todo por todas las veces que nos tuvimos lejos, a recordar contigo mi nombre, a vivir las carencias que nos faltaron, a percibir cómo son aquí los entriparraos de que me hablas, cómo la cartaja y cómo escachar nosotros desde ahora la nuestra difícil distancia. Y así, en la efemérides del deleite, San Fermín nos dará el regusto plácido hasta evitar los inapetentes momentos de la piltra. Espérame que yo llegaré devocionalmente atento.
 

LA ESPERA

Pedro Jose Gallardo Romero

La gente está de pie, charlando unos con otros con tranquilidad, los veteranos recuerdan a los más jóvenes las buenas maneras de correr, de acompañar y manejar las situaciones con los toros y los demás corredores. Según oigo, los corredores pueden ser mas peligrosos que los toros, así que -ojo con ellos!- oigo decir a uno.

Se oyen voces lejanas, gritos, pero no de pánico, son grupos de corredores hablando unos con otros, poco a poco esos gritos se sienten mas cercanos, miramos calle arriba, nadie se mueve, todos miran en la misma dirección que yo.

De repente veo gente corriendo aparecer por la esquina del final de la calle , los que antes estaban quietos empiezan a correr, y vienen hacia donde yo estoy, cada vez mas cerca, y cuando llegan a mi lugar, empiezo a correr.

No veo nada, pero corro, mirando hacia atrás, y solo veo gente correr. Miro de nuevo hacia atrás, la gente se aparta abriendo una brecha, y aparecen dos toros. No puedo casi contener el subidón de adrenalina, corro mas rápido, miro a mi lado y uno de ellos esta a mi lado, magnifico, noble y poderoso 


XI Certamen Internacional de Microrrelatos de San Fermín

CICATRICES PARA NO OLVIDAR

Carlos Heras Paniagua

—Abuelo, ¿y esta cicatriz que tienes en el brazo, qué es?
—Eso es un recuerdo de hace mucho pero mucho tiempo.
— ¿Qué pasó?
—Entonces yo era tan travieso como tú. ¿Has oído hablar de los Sanfermines? Pues de joven fui a ese lugar. ¡Qué maravilla de ciudad! Todo era una gran fiesta. Había música, bailes, concursos, bebida, tapas, toros… nunca he visto nada igual.
—Pero abuelo, eso no explica la marca de tu brazo.
—No seas impaciente, renacuajo. ¿Sabes lo que es un encierro? Pues con dieciséis años recién cumplidos se me ocurrió meterme en uno de ellos. Era la primera vez que iba y, ¿cómo no iba a hacerlo?
— ¿¡Quieres decir que te pillo un toro!?
—Me rozó. Pero lo suficiente como para dejarme esta marca de por vida.
—Debiste pasar mucho miedo, una marca así no se olvida.
—Hay marcas más profundas que nunca se olvidan. —Entonces sacó una vieja foto de su billetera—. Este de la izquierda soy yo de joven. El del medio Guillermo y. el de la derecha, Iván. Prometimos volver a hacer ese viaje. Nunca pudimos y ahora ya no los tengo conmigo. ¡Prométeme que lo harás por nosotros! 

THE SUN RISES

Anna Chumbe Gill

He lay on the bench beside me. We were in Plaza del Castillo. White shirts began to dot the Café Iruña, like flowers opening. The sun had not yet risen. The air smelt like very early morning, like coffee and longing, the way it does in spring or before summer vacations. It smells the same the world over.

“What were you doing here?” I asked him. He didn’t answer, and it was too early for me to read him. He looked around the square, taking it in in as few words as possible, missing nothing. Facts only. He never gave answers.

“What are you looking for?” he asked. My eyes flitted over the callejones, caught by red scarves, like the bulls, I thought, searching capes, lives flashing by. A girl in a red scarf. Had it really been years?

“You came back too,” I said. “Did you find what you were looking for?” But he closed his eyes again.

At that moment, the sun rose. The light hit his upturned face, lay on his eyelids. I could read him now. It dawned on me. I closed Fiesta, left Hemingway on the bench, got up.

Another day of san fermines had begun.
 


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DIRECTOS A LA FIESTA

Diego Buruaga Miruri

Los esperaban a las puertas,sin saber,si vendrían directamente a por ellos o los sorprenderían de alguna manera.¿Serían los toros,los gigantes o los fuegos artificiales?¿Y si lo que era,era la música de Los Fueros?…Nunca lo sabremos,porque lo que aquella mañana y aquella noche les deparaban,era a todas luces un sueño por el que mejor,no preguntar.Y al final,la Fiesta,se presentó explosivamente de aquella manera con aquel txupinazo,en los cielos de Pamplona.
¿Y qué era aquello que se veía allá a lo lejos en medio de la noche de las velas? Era el Pobre de Mí. ¿El Pobre de Mí? -preguntó uno de los chicos -sí,le contestó otro -es cuando todo acaba y todo vuelve a empezar, -el tiempo de espera,la escalera,pero…¡ya falta menos! 

RECUERDOS, TAN SOLO RECUERDOS…

Kevin Guadalupe Rodríguez

Recuerdos, muchos recuerdos. Recuerdo cuando paseaba con mi abuela en un mar blanquirojo de gente. Entre gigantes y cabezudos asomaban sus estructuras metálicas, de colores verde y amarillo. Recuerdo que siempre señalaba a mi abuela todos los premios que me gustaban. Me hacía ilusión todos ellos y a mi abuela también. Pero ella solo se fijaba en los balones, las muñecas y las chuches para nosotros.
Recuerdo un día fijar mis ojos embelesados en una flamante “bici”. Allí estaba, suspendida entre sus barrotes, en lo más alto de su gigante estructura. Había decenas, pero ninguna como ella, destacaba por sus flecos de todos los colores.
– ¡Abuela, abuela! ¡Compremos un boleto!
– ¿Solo uno, cariño?
– ¡Sí, porque estoy seguro que con ese me toca lo que quiero!
Al final siempre comprábamos para toda la familia. Son tantos recuerdos entre “Sarasate” y las Comparsas que hacían que el mes de julio sea el más esperado del año.
Recuerdos que quedarán siempre en mi memoria. Recuerdos, que el próximo año tal y como conocíamos la tómbola, cambiará. Pero seguro la ilusión de los niños y mayores, no lo hará.
 


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TORITO BRAVO

Jesús Francés Dueñas

Si supierais que yo también corro por miedo…  

CEÑIDO A LA PIEDRA.

Concha González_nieto Delgado

Otro año. El mismo destino. Una habitación sencilla. El olor del agua sobre los adoquines. El alma al descubierto y el tiempo detenido en el negro. Recostado sobre la roca, la bondad del blanco, la locura del rojo, la poderosa luz de la adrenalina. Se prepara. Tensa los músculos. Siente la intensidad de los latidos del corazón encadenados por un invisible cordón umbilical al corazón de los astados. Esta vez lo conseguirá. Llegará hasta la plaza, con la savia nueva, con la emoción en la garganta, con el dulce sabor de los laureles.

Pone un pie en el suelo, luego el otro. El sol comienza a licuarse sobre las calles. En cuestión de segundos tendrá que tomar una decisión. Saltar e incorporarse al grueso ovillo de cuerpos que ruedan por la cuesta de Santo Domingo o quedarse quieto, allá arriba, inmóvil, sin que nadie le pronuncie. Está dispuesto.

De repente un grito, un temblor, el dolor de una herida, una gota de sangre y una voz que le nombra y es entonces cuando Fermín, humilde en su hornacina, decide una vez más permanecer en ella, solo, ceñido a la piedra, extendiendo su manto protector sobre la ciudad que ya es una fiesta. 


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JAMAS LO IMAGINÉ

Teresa Agorreta Fernandez

Un día cualquiera en la dehesa extremeña. La carrera comienza al alba. Cuarenta y dos pares de pezuñas trotan por el corredero a paso raudo y veloz espoleados por los pastores.
Hermosos ejemplares compiten entre sí en una carrera fulgurante.
Esta escena se repite día tras día. Las reses más veloces son seleccionadas.
Al punto de la mañana, un cohete anuncia la apertura de la puerta del corralillo. Se inicia una carrera sin igual. Al fondo, delante, una marea humana blanca salpicada de pañuelos rojos. Los toros corren, tropiezan, sortean los obstáculos, hasta llegar a su destino.
Objetivo: el ruedo. Dos minutos, trece segundos. 

CIEN AÑOS ES UN SUEÑO

Pilar Fernández Larrea

Hacía frío aquel invierno, los Reyes Magos habían dejado una anguila de mazapán en la ventana, en su cajita redonda cubierta por la escarcha de la mañana, con las bolitas de anís y las frutas confitadas. No llegó el tambor. Es igual. Lo volvería a pedir el próximo año. También la cajita se podía tocar con unos palos de los avellanos que hay al lado del río, allí donde los corralillos. Y sonaba y él abría la ventana y se sentaba en el alféizar. Llegaba la primavera, cantaban las golondrinas y entonces él tocaba más fuerte, más rápido. Porque ya falta menos para ese redoble. Casi sin pensarlo ha llegado el día. Seis meses y tantas partituras después, es 6 de julio. Ahora sí, descuelga la camisa blanca. Se viste como una liturgia. Coge el tambor al hombro y corre calle arriba, por la cuesta de Santo Domingo, a la plaza del Ayuntamiento. Apenas quedan horas. Los nervios aprietan el corazón y desenredan los recuerdos de aquellos años en el alféizar. Son cien años de música, de una banda, de un deseo, de tocar a la ciudad.