9 de Febrero de 2010 por sanferman · 2 comentarios
Todas las cuadrillas tenemos nuestros propios templos en los que quedar. Bien sean sedes de peñas, sociedades gastronómicas, restaurantes, bares, etc., solemos ser muy de sota, caballo y rey, nos gusta mantener las tradiciones hasta en eso.
Pero esta vez me quiero referir a esos otros puntos de encuentro que no son establecimientos hosteleros. Son puntos de encuentro porque los hemos convertido en eso sin que lo fuesen previamente. Son lugares, esquinas, espacios, cruces, lo que sea, que tienen una función que desempeñar en el entramado urbanístico de la ciudad, pero hemos llegado los caprichosos sanfermineros y hemos decidido que son el mejor lugar para prender el txupinazo de la farra del día, de la noche o de ambos. Son el sitio en el que nos vamos acumulando los amigos a la espera de estar todos. Son el sitio al que si llegas el primero te pegas un buen rato con la duda -leve pero molesta- de a ver si a última hora ayer estos cabrones decidieron quedar en otro sitio. Son el check point Charlie para entrar a la juerga. Son a la vez el control de firmas y la rampita en la que arrancan los ciclistas en las contre-la-montres por equipos. Y con las incomodidades propias de un entorno que no ha sido pensado para que te dediques a eso ahí.
Son lugares de paso. Rara vez contienen infraestructura para no serlo. Nuestra presencia física en ellos va a ser limitada. Y desagradecida. nunca reparamos en lo que estos lugares nos dan y nos llevan años dando. Pasan desapercibidos para sus propios usuarios, así que imaginad cuánto pasan desapercibidos entre quienes no los usan (sin duda porque usan otros, creo que no existe la persona que pueda jactarse de no tener un punto de encuentro en algún ámbito de su vida).
En fin, siento que podría escribirse un ensayo sobre estos lugares, porque además los hay en cualquier ciudad, pueblo, barrio…
En mi vida sanferminera los ha habido, los hay, y los habrá. Cambian, les pones los cuernos, los traicionas, vuelves. A veces te los quitan. La amiga de Estafetakoa o cualquier otro. En la infancia son unos, en la adolescencia otros, y luego otros, y otros, pero siempre los hay.
Si repaso los míos es verdad que cada época tiene el suyo, cada gente tiene el suyo, y cada momento del día tiene el suyo. Los quieres por igual ya que ni siquiera eres consciente de que los quieres. Pasa como con todo. Mientras no te faltan no te das cuenta de que están ahí.
Son grandes escuchantes de hitorias, de resúmenes del día anterior, de planes para el que viene, de críticas y chismorreos a cuenta de lo que la víspera hicieron fulanito y menganita o viceversa. Se podrían contar por millones el número de colillas que han podido recibir.
Si tengo que quedarme con uno lo tengo claro. Ningún otro le llega todavía a la suela del zapato, y será difícil que algún otro lo supere. Hace mucho que no lo uso, pero ha sido nuestro punto de encuentro cada noche de sanfermines, después de los fuegos, para iniciar la juerga cuando nadie íbamos a los toros, o luego para recoger los que salíamos de los toros a los que no iban.
Es la estrella de la Vuelta del Castillo. Ni siquiera es un sitio, pero tiene hasta nombre.
¿Cuál es el vuestro?
Etiquetas: check point charlie, contre la montre, Vuelta del Castillo
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8 de Febrero de 2010 por joseba · 12 comentarios
Hace poco hablando de cuando eramos unos tiernos infantes, me vinieron a la mente algunos de los recuerdos sanfermineros de aquellos tiempos.
Entre las imágenes de entonces aparecen, como no, gigantes y kilikis, también como es lógico las barracas con sus atracciones, aquellos martillos de caramelo de fresa (que por cierto eran más malos que ”arrancaos”) y esas bolas de algodón dulce rosadas que por más que les pedí a mis padres, no consintieron en comprarme, porque según ellos ”eran una marranada” (me quede con las ganas de probarlas, aunque según me han comentado los afortunados que si lo hicieron, no me perdí nada, ya que resultaban muy empalagosas y tenían una rara tendencia a pegarse al pelo).
También me vienen a la mente los puestos del Paseo de Sarasate con sus carritos de barquillos y como no, el inefable Donan Pher, autoproclamado ”Emperador del bolígrafo”
Este último ejercía una especial atracción entre la chiquillería y tengo su imagen grabada de forma indeleble.
Su puesto, si no me falla la memoria, solía estar a la altura de la Óptica Alforja.
Siempre llevaba puesto un salacot de explorador, un chalequillo con múltiples bolsillos y unos pantaloncillos cortos de color caqui a juego, que dejaban a la vista sus no muy atléticas canillas. Por cierto, un amigo lo recuerda con sahariana, pantalones de montar y botas caladas; no sé, quizás a veces la memoria deforma los recuerdos (en lo que si coincidimos es en que el hombre tenía bastante mala gaita).
En el tenderete tenía una foto suya con un león y algunos otros animales exóticos, supuestamente de sus exploraciones por África, pero que según tengo entendido habían sido tomadas en realidad en el zoo de Madrid.
Con la ayuda de un megáfono forrado de piel, voceaba sus inolvidables consignas como por ejemplo: “ Sigo con la enfermedad de vender barato “, “ Imposible dar más por tan poco dinero “ o también “ Con este bolígrafo podrá realizar 1.000 Km de escritura “.
Destacaban especialmente aquellos bolis de muchos colores y sobre todo el hecho de que por unas pocas pesetas, te daba una bolsa llena a reventar de todo tipo de bolígrafos y rotuladores.
Creo que estuvo viniendo hasta bien entrados los ochenta, hasta que dejó de acudir a nuestras fiestas (supongo que por la edad).
Ciertamente, a su modo, un personaje singular.
Etiquetas: barquilleros, Donan Pher, infancia
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7 de Febrero de 2010 por rajauta · Sin comentarios
- Las ocho de la mañana - , Javier Manero
¡SSSSSS!.¡POUM! Segundo cohete, ya están los toros en la calle y esto se pone en marcha.
Quieto contra la pared del Ayuntamiento, escudriñando Santo Domingo abajo, quiero adivinar cómo vienen.
¡Toro! ¡Toro! Abriendo manada, no lo veo todavía pero lo intuyo, porque se va clareando el pasillo Ya estoy corriendo rápido, entrando a la plaza Consistorial.
Gritos y el sonido caliente del bufido del primer toro de Cebada Gago irrumpiendo en la plaza. Derrota a la izquierda sin apenas desviarse de su camino.
Lo dejo pasar, salto un montón, el sol en la cara saludando a la manada al enfilar Mercaderes. Dos enormes cabestros blancos y detrás un castaño siguiendo su estela .casi escondido.
¡Venga! ¡Adentro! Las piernas a todo lo que dan. Veinte, veinticinco pasos y me quito. Le veo la cara rizada, astas acarameladas y el morro hacia arriba repleto de babas. Seguramente el animal tiene más miedo que yo .Ahora pasa el resto de la manada con su sinfonía de pezuñas y cencerros resonando en los adoquines. Ningún toro ha resbalado en la curva.
Tanto miedo y he conseguido hacerlo bien.
¡Qué maravilla!. Siete de julio en Pamplona, y tengo toda la fiesta por delante.
- Rojo y blanco - , Eduardo García
Los sanitarios llegaron a tiempo. Tranquilo, la herida no reviste gravedad –le dijeron- aunque su cara de preocupación los delataba. Apareció en medio de una gigantesca sala blanca. No era un blanco convencional; sin lámparas, era como si la luz emanase de forma natural de los objetos, de las paredes. Se encontraba solo, inmerso en ese mar de claridad, y de paz. De entre la luz aparecieron varias figuras. Eran cuatro o cinco, le rodeaban y aunque movían levemente la cabeza, sus bocas permanecían cerradas. Finalmente, pareció que tomaban una decisión, mientras una expresión satisfecha aparecía en sus rostros. Comenzó a moverse, sin saberse cómo ni por qué medios. La luz se iba intensificando hasta que apareció en una especie de corredor rojo por el que se deslizaba velozmente. Tras un estruendo ensordecedor apareció en la calle Estafeta. Entonces lo vio aparecer de entre la multitud. El toro le miró y se dirigió hacia él sin titubear. Su pitón astifino pasó rozándole la pierna. En ese momento sintió una extraña sensación de deja vu. Bueno, no es la primera vez que corro en San Fermín –se dijo-. Se palpó la pierna intacta y siguió calle arriba.
- Ama - , Laura Puyol
Pamplona, 7 de julio de 1967.
Llevaba mucho tiempo esperando éste momento y como una chiquilla que espera su regalo de cumpleaños me puse nerviosa. Me había preparado tanto que ahora que se acercaba el gran día rogaba a Dios para que todo saliera bien.
Salí para la calle Montalbán, dispuesta a enfrentarme a mis miedos y cambiar el curso de mi historia. Me coloqué muy cerca del vallado y esperé a que viniera, rodeada de gente que disfrutaba inquieta, bailando y bebiendo sin parar.
Finalmente llegó, a lo lejos lo vi majestuoso entre la gente. Se abalanzó por la calle hacia donde yo estaba situada y pareció fijar sus ojos en mí como yo lo había hecho con él antes. Empecé a correr tan rápido como pude sin rumbo fijo. Un colapso de adrenalina me ayudaba a mover mis piernas que de otra manera se hubieran paralizado de terror. No intuía lo cerca que estaba hasta que comencé a sentir en mis piernas su respiración. Alguien me cogió del brazo y me echó a un lado, era Fermín que me abrazó con fuerza apartándome del animal y no me soltó hasta hoy.
- La última noche - , David Martínez
Se escuchan cuatro repiques lejanos de una campana. La noche se viste de un negro azabache manchado por el goteo de pequeñas estrellas y yo no puedo dormir. El silencio se ve interrumpido por un continuo ir y venir de curiosos. Unos sólo miran, otros nos gritan.
Entre mis hermanos se respira una calma tensa. “Resultón” parece dormir, “Lucero”, “Sombrerero” y “Ministro” permanecen sentados con la mirada perdida, y “Salpicón”, inundado de inquietud, no se ha sentado en toda la noche.
Sólo restan unas horas para que comience el espectáculo. Nobleza, brío y confusión se mezclan en algo más de dos minutos que dura nuestra función. Uno es Jabonero, tres Cárdenos y dos son Zainos. Seis valientes seis, enfrentados veloces al destino final.
- Un año más - , Estrella Brillo
Un año más. Siete de la mañana. Siete de Julio. Ducha fría para despejar la mente. Preparado sobre la silla del salón el atuendo para ese día. Camisa y pantalón blancos. Pañuelo rojo atado al cuello y otro a la cintura. Calzado cómodo para la ocasión.
Salgó a la calle y el ambiente es colosal en mi Iruñea. La afluencia de gente es inmensa y las ganas de que llegue el momento deseado.
Nos esperan ochocientos metros de incertidumbre. Tres minutos de inquietud. Llega la hora, se acerca el momento. Son casi las ocho de la mañana y cantamos a nuestro patrón pidiéndole su bendición.
Escuchamos un cohete que nos avisa, escuchamos un segundo que nos alerta. Disparados como un vendaval corremos mirando atrás pues nos pisan los talones los toros que trotan detrás. Momentos de miedo y momentos de tensión, hasta llegar a la plaza hemos sufrido con tesón.
Ya terminó lo peor, ya terminó el peligro y ahora comienza lo bueno, la bebida, baile y diversión, que para algo estamos en San Fermín que son las fiestas que nos hacen vivir la vida con ilusión.
- NO ES FACIL DE ENTENDER - , Antonia Meroño
No es fácil de entender, no sirve verlos por la tele, o en fotos, no, no es fácil, solo si has estado allí alguna vez, si has vivido la emoción de correr delante, si entiendes el espíritu que nos mueve, si has nacido aquí… solo entonces podrás comprender lo que se siente, por qué esperamos estos días con ilusión, por qué madrugamos tanto para los encierros, por qué algunos padres llevan a sus hijos a verlos, trasmitiéndose de generación en generación la tradición, cuidando los detalles antes de salir por la mañana, todo un ritual familiar que los pequeños recuerdan cuando se hacen mayores y les llega el esperado día en que pueden salir.
Etiquetas: Certamen Internacional de Microrrelatos de San Fermín
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6 de Febrero de 2010 por rajauta · Sin comentarios
- Promesa cumplida - , Iñaki Arbilla
-¿Entiende usted la gravedad de su afección?- preguntó confuso el joven oncólogo Heinrich Klinsmann ante la inesperada sonrisa que arrugaba aún más si cabe la cara de su octogenario paciente. Pero el viejo Jürgen sólo imaginaba ya otro rostro, allí donde se encontrara éste, en esta ocasión seguramente iluminado por una resignada sonrisa cómplice.
Ni religión, ni política, ni siquiera fútbol… Durante medio siglo, el anciano bávaro sólo se había mantenido fiel a sus periódicas infidelidades con Frida. Cada año desde los Sanfermines del 59 ambos se citaban en Pamplona, ocultando a sus respectivas parejas el verdadero propósito de aquellos viajes. Hasta que el año anterior una mala caída en su Veracruz natal había acabado con la vida de la mejicana.
-¿Entiende usted que esa antigua herida ha degenerado en un cáncer incurable?- preguntó nuevamente el doctor.
Jürgen no contestó. Tan sólo continuó sonriendo y se levantó la exigua bata para acariciar aquella cornada que desde hacía cincuenta años le atravesaba la barriga. La noche en que se conocieron prometió a Frida que correría delante de los toros. Y que moriría por ella…
Ahora, sabía que aquella promesa largamente incumplida le había envenenado lentamente las entrañas para hacerse finalmente realidad.
- El abuelo Genaro - , Carmen Turrión
Hace un mes, el recuerdo de su abuelo Genaro se imponía con una frecuencia hasta ahora RELATO: desconocida. Bien es cierto, que el abuelo había sido una figura fundamental en su niñez.: El abuelo nació en su Iruñea añorada, y evocaba innumerables vivencias. Julián creía que nadie muere mientras sea por alguien recordado, pero la frecuencia parecía excesiva. De repente, sentado en Zocodover, vio un cartel anunciador de las Fiestas de San Fermín .
Tuvo que embridar sus recuerdos que galopaban. El primer recuerdo que le sobrevino fueron los Gigantes de la Comparsa , los Kilikis , con los que además del saca-mantecas él también tenía que bregar.
Del relato, Julián tenía sus preferencias: El Riau-Riau, (él siempre se imaginaba que esta marcha cadenciosa nació entre la unión de la lluvia, la hierba y el amor a una mujer no poseída). El abuelo Genaro- como buen autodidacta era un excelente maestro- siempre hacia un paralelismo con la vida. “Julián, correr es como la vida, uno se especializa en un tramo. Conoce cada piedra, la amplitud de las curvas, se hace cómplice”. Yo me enamoré de tu abuela Paz y lo he logrado. Julián, supo que en 2009 él viviría San Fermín.
- EL CHUPINAZO, TODO UN COMIENZO - , Mª Celia Pérez
Residía en Madrid desde hacía años, pero me despidieron del trabajo. Desorientado, ignoraba qué hacer con mi tiempo vacío de proyectos. Así que no me pareció descabellado aceptar la invitación para ir a Pamplona, mi tierra. Podría revivir las fiestas de San Fermín, un tanto perdidas en la memoria.
Conocí a María en la Plaza del Castillo, a Unay en la Calle Mercaderes, a Leire en Estafeta. Además, recuperé el recuerdo de varios amigos de la infancia junto a una mesa de taberna navarra.
Cómo había podido olvidar la magia de la fiesta, la efervescencia de las risas, la emoción de las carreras ante los astados, las tertulias felices de la gente cotidiana.
Si lo pensaba bien, en la nebulosa de mi monotonía madrileña, había extraviado la esencia de lo que es trascendental para cualquier ser humano.
Entre el barullo de la fiesta, me acerqué tanto a Leire, que quedé enganchado a ella por el rasgo más seductor que puede albergar una mujer: la alegría natural y sana. Afortunadamente, ese encanto es contagioso y, desde el 7 de junio de hace un año, observo que mi calendario vital ha engordado de ilusiones propias y ajenas.
- Última noche - , Pablo Valdés
Me gustaría decirle que esta será nuestra última noche. Que no volveremos a dormir juntos. Que nunca más sentirá el calor de mi cuerpo, arrullado por el eco de la fiesta. Que no volveré con él a la curva de la Estafeta para darle suerte.
Pero no le diré nada.
Dormiré a su lado y le acompañaré al amanecer. Por última vez. El morirá, porque sólo es un toro. Y yo rumiaré mi dolor cada noche, como hacemos todos los cabestros
- Lagrimas de San Fermin - , Fernando Subero
Existe por el mes de Agosto un fenómeno astronómico denominado las lágrimas de San Lorenzo… San Lorenzo, la iglesia pamplonesa que alberga la imagen de San Fermín. Ahora entiendo la relación entre las lágrimas de San Lorenzo, y lo que yo expresaré en mi relato: Las lágrimas de San Fermín…
6 de Julio, 11:55 horas. Llega el momento de la explosión de júbilo. Primeros lagrimeos de emoción, ya estamos de fiesta!!! Pañuelico al cuello, y a esperar al Riau-riau de la tarde: suenan los compases del vals de Astráin, carne de gallina y segunda tanda de lágrimas al compás de la pamplonesa…
7 de Julio, Primer encierro, las lágrimas de emoción se convierten en lágrimas de valentía y muchas veces de dolor. Cánticos al santo, pidiendo su protección. Algo más tarde, momento álgido de lagrimeo: la procesión del santo por las calles coreado por los pamplonicas, hará correr las lágrimas de devoción en más de un rostro…
Los días pasarán y las lágrimas de alegría y jolgorio de los innumerables actos seguirán surgiendo y darán paso a las temidas lágrimas de tristeza del pobre de mí, y entonaremos el Ya Falta menos….
¿Quién no ha llorado nunca en San Fermín?
- 500 kg. y 50 cm. - , Maite García de Vicuña
El aguacero matinal calaba hasta los huesos el maltrecho cuerpo tendido sobre el puzzle de adoquines del suelo. El tumulto, arremolinado alrededor de aquel blanco perfil ahora teñido por todas partes de un rojo intenso, escupía al aire gritos de pánico mezclados con el sudor, el miedo y la excitación de los corredores del encierro que, periódico en mano, aceleraban en su avance desde Mercaderes a Estafeta sintiendo muy de cerca el aliento de los astados.
Los seis toros, retintos y azabaches, ajenos a la expectación de la que eran poseedores, ojeaban a su paso aquella sombra que yacía tumbada al otro lado de la valla, y que en su desvanecimiento, parecía ser la única persona que no reparaba en el retumbar de los más de 500 kg. de peso y la imagen perturbadora de la longitud de sus cuernos. En ese preciso instante, con un imperceptible movimiento de brazos, Tomás comenzaba a desentumecer sus miembros. Al abrir los ojos pudo contemplar su camisa recién comprada, echada a perder por el agua de lluvia y el vino de bota. Miró al cielo y un día más prometió reunir el valor suficiente para correr mañana.
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6 de Febrero de 2010 por rajauta · Sin comentarios
- Promesa cumplida - , Iñaki Arbilla
-¿Entiende usted la gravedad de su afección?- preguntó confuso el joven oncólogo Heinrich Klinsmann ante la inesperada sonrisa que arrugaba aún más si cabe la cara de su octogenario paciente. Pero el viejo Jürgen sólo imaginaba ya otro rostro, allí donde se encontrara éste, en esta ocasión seguramente iluminado por una resignada sonrisa cómplice.
Ni religión, ni política, ni siquiera fútbol… Durante medio siglo, el anciano bávaro sólo se había mantenido fiel a sus periódicas infidelidades con Frida. Cada año desde los Sanfermines del 59 ambos se citaban en Pamplona, ocultando a sus respectivas parejas el verdadero propósito de aquellos viajes. Hasta que el año anterior una mala caída en su Veracruz natal había acabado con la vida de la mejicana.
-¿Entiende usted que esa antigua herida ha degenerado en un cáncer incurable?- preguntó nuevamente el doctor.
Jürgen no contestó. Tan sólo continuó sonriendo y se levantó la exigua bata para acariciar aquella cornada que desde hacía cincuenta años le atravesaba la barriga. La noche en que se conocieron prometió a Frida que correría delante de los toros. Y que moriría por ella…
Ahora, sabía que aquella promesa largamente incumplida le había envenenado lentamente las entrañas para hacerse finalmente realidad.
- El abuelo Genaro - , Carmen Turrión
Hace un mes, el recuerdo de su abuelo Genaro se imponía con una frecuencia hasta ahora RELATO: desconocida. Bien es cierto, que el abuelo había sido una figura fundamental en su niñez.: El abuelo nació en su Iruñea añorada, y evocaba innumerables vivencias. Julián creía que nadie muere mientras sea por alguien recordado, pero la frecuencia parecía excesiva. De repente, sentado en Zocodover, vio un cartel anunciador de las Fiestas de San Fermín .
Tuvo que embridar sus recuerdos que galopaban. El primer recuerdo que le sobrevino fueron los Gigantes de la Comparsa , los Kilikis , con los que además del saca-mantecas él también tenía que bregar.
Del relato, Julián tenía sus preferencias: El Riau-Riau, (él siempre se imaginaba que esta marcha cadenciosa nació entre la unión de la lluvia, la hierba y el amor a una mujer no poseída). El abuelo Genaro- como buen autodidacta era un excelente maestro- siempre hacia un paralelismo con la vida. “Julián, correr es como la vida, uno se especializa en un tramo. Conoce cada piedra, la amplitud de las curvas, se hace cómplice”. Yo me enamoré de tu abuela Paz y lo he logrado. Julián, supo que en 2009 él viviría San Fermín.
- EL CHUPINAZO, TODO UN COMIENZO - , Mª Celia Pérez
Residía en Madrid desde hacía años, pero me despidieron del trabajo. Desorientado, ignoraba qué hacer con mi tiempo vacío de proyectos. Así que no me pareció descabellado aceptar la invitación para ir a Pamplona, mi tierra. Podría revivir las fiestas de San Fermín, un tanto perdidas en la memoria.
Conocí a María en la Plaza del Castillo, a Unay en la Calle Mercaderes, a Leire en Estafeta. Además, recuperé el recuerdo de varios amigos de la infancia junto a una mesa de taberna navarra.
Cómo había podido olvidar la magia de la fiesta, la efervescencia de las risas, la emoción de las carreras ante los astados, las tertulias felices de la gente cotidiana.
Si lo pensaba bien, en la nebulosa de mi monotonía madrileña, había extraviado la esencia de lo que es trascendental para cualquier ser humano.
Entre el barullo de la fiesta, me acerqué tanto a Leire, que quedé enganchado a ella por el rasgo más seductor que puede albergar una mujer: la alegría natural y sana. Afortunadamente, ese encanto es contagioso y, desde el 7 de junio de hace un año, observo que mi calendario vital ha engordado de ilusiones propias y ajenas.
- Última noche - , Pablo Valdés
Me gustaría decirle que esta será nuestra última noche. Que no volveremos a dormir juntos. Que nunca más sentirá el calor de mi cuerpo, arrullado por el eco de la fiesta. Que no volveré con él a la curva de la Estafeta para darle suerte.
Pero no le diré nada.
Dormiré a su lado y le acompañaré al amanecer. Por última vez. El morirá, porque sólo es un toro. Y yo rumiaré mi dolor cada noche, como hacemos todos los cabestros
- Lagrimas de San Fermin - , Fernando Subero
Existe por el mes de Agosto un fenómeno astronómico denominado las lágrimas de San Lorenzo… San Lorenzo, la iglesia pamplonesa que alberga la imagen de San Fermín. Ahora entiendo la relación entre las lágrimas de San Lorenzo, y lo que yo expresaré en mi relato: Las lágrimas de San Fermín…
6 de Julio, 11:55 horas. Llega el momento de la explosión de júbilo. Primeros lagrimeos de emoción, ya estamos de fiesta!!! Pañuelico al cuello, y a esperar al Riau-riau de la tarde: suenan los compases del vals de Astráin, carne de gallina y segunda tanda de lágrimas al compás de la pamplonesa…
7 de Julio, Primer encierro, las lágrimas de emoción se convierten en lágrimas de valentía y muchas veces de dolor. Cánticos al santo, pidiendo su protección. Algo más tarde, momento álgido de lagrimeo: la procesión del santo por las calles coreado por los pamplonicas, hará correr las lágrimas de devoción en más de un rostro…
Los días pasarán y las lágrimas de alegría y jolgorio de los innumerables actos seguirán surgiendo y darán paso a las temidas lágrimas de tristeza del pobre de mí, y entonaremos el Ya Falta menos….
¿Quién no ha llorado nunca en San Fermín?
- 500 kg. y 50 cm. - , Maite García de Vicuña
El aguacero matinal calaba hasta los huesos el maltrecho cuerpo tendido sobre el puzzle de adoquines del suelo. El tumulto, arremolinado alrededor de aquel blanco perfil ahora teñido por todas partes de un rojo intenso, escupía al aire gritos de pánico mezclados con el sudor, el miedo y la excitación de los corredores del encierro que, periódico en mano, aceleraban en su avance desde Mercaderes a Estafeta sintiendo muy de cerca el aliento de los astados.
Los seis toros, retintos y azabaches, ajenos a la expectación de la que eran poseedores, ojeaban a su paso aquella sombra que yacía tumbada al otro lado de la valla, y que en su desvanecimiento, parecía ser la única persona que no reparaba en el retumbar de los más de 500 kg. de peso y la imagen perturbadora de la longitud de sus cuernos. En ese preciso instante, con un imperceptible movimiento de brazos, Tomás comenzaba a desentumecer sus miembros. Al abrir los ojos pudo contemplar su camisa recién comprada, echada a perder por el agua de lluvia y el vino de bota. Miró al cielo y un día más prometió reunir el valor suficiente para correr mañana.
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