El «hater» de la feria del toro 4

El hater  En el mundo de las redes sociales  se les llama “haters” (del inglés “odiadores”) a aquellos personajes que pululan por las redes sociales ciscando a diestro y siniestro con mala leche y amargura. Son personas en estado de cabreo perpetuo a las que el anonimato o la impersonalidad del medio les hace soltar sapos y culebras en ciento cuarenta caracteres. La gente famosa, su rival futbolístico o sus antagonistas políticos suelen ser blanco de sus iras.

Como uno no se mete mucho a Twiter durante los sanfermines, no sabe si habrá muchos “hater” de nuestras fiestas, imagino que surgirán de manera proporcional a la fama o difusión de estas. Se lleva mucho lo de escribir, aquí te pillo, aquí te mato, desde un teclado táctil.

Pero hoy no toca hablar de un “hater” anónimo o de redes sociales.  Sino de un nota que odia la “Feria del Toro” y larga los exabruptos con su firma o iniciales en negro sobre blanco. Es profesional de la información taurina. Para respetar su identidad, desde una entrada que se firma con seudónimo, no mencionaremos su nombre.

El odiador ha largado contra la Meca, el encierro,  el Ayuntamiento, los ganaderos, los veintemil espectadores de la plaza y contra el resto de los pamploneses. Le faltan amigos y le sobran gatos. Pero sus escritos, bien porque los lectores no van más allá del primer párrafo o porque directamente cambian de página, pasan absolutamente desapercibidos.

Ha especulado sobre planes para eliminar la lidia en beneficio del encierro, ha invocado a los matadores a trincar más dinero de una institución benéfica, ha insultado literalmente a los espectadores. Pero lo mejor ha sido, para jodienda de este Iznogud,  que casi nadie se ha enterado de los espumarajos que espurre.

En la imagen se adjunta el párrafo de un artículo suyo firmado en julio de 2013. En un semanrio taurino. Hablaba de una corrida en Pamplona. No lo firma un animalista. No lo firma Eugenio Noel ni “Pármeno”. Lo firma alguien que vive por y para la difusión de la tauromaquia y por cierto, a costa del erario público.

Qué putada le resultará tragarse por obligación la feria. Tiene que volver a casa cargadico de bilis todos los años.


Curiosidades sanfermineras de antaño 1

Buceando en los tres volúmenes de “Historia de los Sanfermines” del gran José Joaquín Arazuri, uno se encuentra con actos que se celebraban en los Sanfermines de antaño y que hoy no tendrían encaje. Esto es indicativo de cómo hemos ido cambiando. Aquí van par:

  • Travesía del Arga. Se celebró durante veintidós años de mediados del pasado siglo y tenía unos 1.500 metros. Se celebraba el 6 de julio a la una de la tarde tras el txupinazo, con gran éxito de participantes y asistencia, ya que, según las crónicas, se llenaban las orillas del Arga de espectadores, puente del Plazaola, cuesta del portal Nuevo, Curtidores, plaza de la Virgen de la O, avenida de Guipúzcoa hasta el puente de Santa Engracia, incluso en “Vista Bella” . Adquirió el título “Nacional de 1ª categoría”, o sea que tenía su postín.
  • Tiro. Tiro pichón y tiro al plato, se celebró durante cuarenta y cinco Sanfermines, desde la primera mitad del pasado siglo hasta primeros de los setenta. Se celebraban preferentemente en los presanfermines, aunque también durante y después, ya que tenían su público. Los organizaban la Asociación de Cazadores y Pescadores de Navarra y tuvieron lugar en los terrenos del Amaya, en Burlada y en el Tenis. Las que se hacían en Sanfermines, se llevaban a cabo después del encierro.

En siguientes artículos iré publicando otras curiosidades que me llamen la atención.

 


En 10 días Halloween. 4

¿Lleváis gafas de sol? ¿Vais de manga corta? ¿No lleváis chaquetica?. No os equivoquéis en 10 días nos encontramos en Halloween.

No es normal el año climático que estamos teniendo. Un julio con temperaturas de octubre y un octubre con temperaturas de julio.

Ayer pudimos ir a la playa a tomar el sol y hasta bañarnos en el cantábrico, hoy rondamos los 26º y podríamos repetir la experiencia si quisiéramos.

Con estas temperaturas lo que es seguro que no apetece es calentarse las manos con una buena docena de castañas envueltas en hojas de papel. Se presagia una mala temporada para los castañeros.

Pero no son los únicos. Os recuerdo que en pleno verano los que se quejaron fueron los hosteleros por las bajas ventas que tuvieron debido al mal tiempo que tuvimos durante todas las fiestas.

Este año hemos “disfrutado” de los sanfermines más fresquitos desde 1984 quedándonos en 20,8 graditos de media. Por si no os suena hay que recordar que en 5 de los 9 días no superamos los 20 grados y concretamente el 9 de julio nos quedamos en 17 grados de máxima.

No sé si este año han estado mal puestos los sanfermines o están mal puestas las castañas, pero lo que es claro es que en 10 días llega Halloween, no os olvidéis de la chaquetica.

Halloween 


Urgencias – Larrialdiak

No, no voy a hablar de la vieja serie de televisión de George Clooney, no.

Lo que hoy nos ocupa es la puesta en marcha, desde hace unos días, del nuevo edificio de Urgencias del Hospital de Navarra, al que ahora llaman de forma rimbombante Complejo Hospitalario de Navarra.

Y el motivo no es otro que el revoltijo de estómago que provocará la legión de periodistas (tele, radio y periódicos) que cada mañana se apelotonará a sus puertas durante las próximas fiestas de San Fermín.

Morbo, morbo y no información, es lo que les congregará allí, a la espera de que llegue alguien agonizante o ya cadáver, buscando unos segundos de gloria en sus conexiones en directo.

De verdad que me repatea las tripas.

Deberían hacérselo mirar.

Foto A.M. (Diario de Navarra)

Foto A.M. (Diario de Navarra)


Microrrelatos en La Vaguada 2

Este año, el certamen de microrrelatos de San Fermín tuvo su epílogo en plenas fiestas, aunque fuera de la zona cero.

Fue una mañana fresca -ya sé que no las hubo de otro tipo-, cuando cumpliendo nuestro compromiso nos presentamos en la Residencia La Vaguada, de Solera Asistencial, con un aspecto inusitadamente presentable, para compartir con los abuelos los mejores microrrelatos de la temporada. La idea era reunir a los residentes en el salón de actos, y leerles algunos microrrelatos (no más de cinco, que centrar la atención durante mucho tiempo en algo se les hace cuesta arriba).

Mientras departíamos con Borja, el director del centro, los mayores eran movilizados hacia el salón. Muy ordenadamente. Los de la primera planta, los dependientes, los de la segunda… ¿Están ya todos los que pueden bajar? Parsimoniosamente iban ocupando sus localidades. Silencio ¿respetuoso? en la sala, en la que ya presidíamos el escenario. Con paciencia íbamos esperando a que todo el mundo estuviera situado, cuando unos gemidos llamaron nuestra atención.

En primera fila, sentada en una silla de ruedas, una señora lloraba desconsoladamente. Nos acercamos, y entre sollozo y sollozo apenas acertaba a preguntarse por qué su hija llevaba tanto tiempo sin ir a verla. La única explicación que encontraba era que su hija hubiera muerto y que nadie quisiera decírselo para no entristecerla. Con un nudo en la garganta éramos incapaces de encontrar frases que pudieran reconfortarla, más allá de penosos intentos de quitarle hierro al asunto.

Finalmente todo el mundo estuvo ya dispuesto, la sala llena de ancianos, a los que ponían un espectacular contrapunto unos niños que jugaban en el jardín exterior desplegando toda su efervescencia física delante mismo de las narices de los allí aposentados, y nunca mejor dicho.

Borja ejerció como maestro de ceremonias, y los blogsanfermineros dimos cuenta rápidamente de los primeros relatos. Y dejamos el protagonismo a tres estupendas lectoras, residentes del centro, para interpretar los tres finalistas del año. Quedamos especialmente sobrecogidos por la maestría y la serenidad con la que leyó una de las señoras. No pudimos sino felicitarla un poco después, abordándola cuando ya paseaba ensimismada por el magnífico jardín, una vez terminado el sencillo acto.

Hubo también margen para el cachondeo, sobre todo a cuenta de uno de los oyentes, bien conocido por todo el claustro de cuidadores, que no paró de interrumpir las lecturas con diversas soflamas a voz en grito, tipo “¡que no se oye!” o “¡vaya mierda es esto!”… A él desde luego no parecía hacerle ninguna gracia estar aguantando el tostón, pero era francamente gracioso.

En fin, tras el acto, que duró poco -Borja ya nos había anunciado que la brevedad es fundamental con los abuelos-, fuimos premiados con unas cervezas en la cafetería, y tras una visita relámpago a las instalaciones de la planta baja, que nos impresionaron muy positivamente, abandonamos el centro como quien sale de un convento de clausura y recupera el pulso espacio-temporal al contacto con el exterior.

Encaminamos nuestros pasos hacia la zona cero, donde nos esperaban una hermana guipuzcoana y su consorte para pasar el enésimo buen rato de las fiestas alrededor de una buena mesa. En cuestión de horas, el acto del geriátrico se diluía en la espiral de vivencias y recuerdos, y estábamos plenamente reenganchados al presente más rabioso.

Hoy, recordando aquellos momentos, se me agolpan en el teclado palabras como pena, angustia o desazón, pero también otras como dignidad o reconocimiento. Reconocimiento y gratitud con quienes, aunque sea un trabajo, aportan ese plus de cariño, esa dedicación a nuestros mayores de hoy. No en vano, antes de que nos queramos dar cuenta, nosotros seremos los mayores de alguien… Lo fácil es desterrar este tipo de pensamientos y reflexiones, aplazándolos a cuando toque, pero sirva este artículo de hoy para meter un poco el dedo en el ojo.