VI Certamen Internacional de Microrrelatos de San Fermín

PLANO DE LA SANGRE.

Luis Valverde Alvarez

El plano con el que llevaba soñando toda su vida se le escapó con aquel toro que al doblar la esquina resbaló y le partió la cámara con la pata trasera; aquel plano hubiese dado la vuelta al mundo: la cámara a ras de suelo con el objetivo hacía arriba para filmar la cara del toro que busca su venganza con la embestida del mozo. Toda una vida ahorrando, primero, para comprar la cámara; después, para comprar el vuelo con el que atravesar el mundo, miles de noches en blanco estudiando el vídeo, eligiendo con precisión el lugar exacto. Toda la gloria perdida por una mancha en el asfalto, una mancha fresca de sangre fresca del mozo que cae y del toro que le pisa y resbala y, entonces la sangre del mozo y del toro salpican la cara del fotógrafo antes de que le dé tiempo a salvar su sueño: había logrado grabar el plano.

DESDE LA DISTANCIA

Pablo Lorente Muñoz

Como cada año desde hacía muchos años, se levantó muy temprano para ver en directo el encierro de San Fermín. Ese año le había costado un poco más levantarse, era su primer año como jubilada y había perdido la mala costumbre de madrugar.
Primero, su difunto marido; luego sus hijos y más tarde sus nietos, le habían preguntado extrañados por su afición, algo del todo exótica y peregrina para una mujer que vivía a miles de kilómetros de donde se celebraba una incomprensible carrera que enfrentaba a toros y personas. Cuando se le preguntaba por qué le gustaba tanto aquello, solo acertaba a levantar los hombros en una equívoca señal que hacía sonreír a sus familiares.
Aquella mañana, toda su familia estaba con ella cuando los toros salieron. Cuando acabó el encierro, le regalaron unos billetes de avión para visitar Pamplona, una ilusión declarada y postergada desde hacía años.
Ella no supo qué decir, todavía pensaba en la cara de uno de los mozos que habían enfocado en primer plano: tenía la misma cara que su antiguo novio español, único secreto que había guardado para sí.
¿Contestaría alguien al número de teléfono que secretamente había guardado en su cabeza durante años?

SU POSTRERO MENSAJE.

Osvaldo Andrés Suárez Slúsar

–Nos encontramos en el más famoso chupinazo del mundo – escribió ella en su teclado.
Durante pocos segundos, a kilómetros de distancia, él voló con la imaginación. Sostenía la esperanza de ver su cara por primera vez, ¡allí frente al balcón de la casa consistorial de Pamplona! Faltando sólo tres días para el seis de Julio deseaba conocerla y disfrutar juntos las vivencias de la fiesta. De los colores que irradian alegría, compartir con las masas el desenfreno del Encierro, la locura colectiva de los cánticos, llegar con la muchedumbre a la Plaza de Toros donde sueltan las vaquillas y el último día con la canción de despedida… sellar su amor. Días de excesos contagiados de la multitud.
–¿Cómo te encontraré? –preguntó él.
–Llevaré zapatillas blancas, pantalón blanco, remera blanca. ¡Ah, y un pañuelo rojo!


VI Certamen Internacional de Microrrelatos de San Fermín

HISTORIAS DE MI PADRE.

Melisa Lucia Pérez Badel

Me contó mi padre que en la península ibérica, un reino noble y orgulloso de su estirpe, celebra cada Julio sus fiestas en honor a San Fermín. Con infinita paciencia esperan el resonar de un cohete capaz de estremecer el alma de quien lo escucha y sonrisas a flor de piel recorren la ciudad sobre ríos pintados de rojo y blanco. Me relató, que el alba es seducida por la gallardía de las Dianas, mientras los más valientes con periódico en mano piden protección al santo para los 825 vertiginosos metros de carrera junto a los astados y que en las tardes hombre y toro se dan cita en la arena para luchar en franca lid.
Habló de gigantes que danzan hipnotizando a grandes y chicos, de noches engalanadas bajo una lluvia de colores y explosiones que retumban por doquier. Un huracán de emociones que acaba a la luz de las velas y con un “pobre de mí”, no sin el consuelo de iniciar otra cuenta atrás. Llegué a pensar que eran leyendas, historias de mi viejo soñador, hasta que un verano desde lejanas tierras a Pamplona viajé; descubrí que sus relatos cortos se habían quedado pues los Sanfermines hoy mi alma han cautivado.

METÁFORA

Ana Lozano Cantó

Lo tenía frente a mí: grande, bravo, temible. Me subyugaron los ojos negros como pozos en los que por un segundo vislumbré mi imagen. Bastó apenas un breve movimiento de la testuz para intuir la violencia de los cuernos afilados. Presa del pánico, corrí y corrí hasta lograr zafarme de su ira.

Después la victoria; las gracias al Santo; la celebración con tapas y chacolí. Lo mejor de todo, la camaradería.

Cuando llegó la calma comprobé que aquella carrera había sido una premonición. Mi verdadero toro era la inercia, el abandono, el creerme un fracasado, el asimilar como cierta la baja autoestima, donde la crisis se empeñaba en colocarme. Me había alcanzado de lleno una embestida feroz. Un día comprendí que igual que me había entrenado para el encierro, así debía esforzarme para vencer a la desesperanza.

REFLEJO

Nazaret Martínez Ramos

El reflejo del espejo, vestida de blanco limpio y el rojo eterno.
El reflejo de una ventana, que el cohete de las 12 hace temblar y provoca el vértigo.
El reflejo de un sinfín de ojos, que atentos esperan unos días inciertos.
El reflejo de una ciudad que se transforma, de su pueblo que el himno entona, de los viajeros que hacen de la Estafeta su zona.
Un reflejo sincero, de aquellos que lloran y ríen al mismo tiempo. Porque estas fiestas son distintas, intenso ambiente y sentimiento.
Es el desfile de los que orgullosos llamamos “nuestro”. Desde los valientes inquietos que corren las calles al comienzo del día, hasta los que llenan la plaza, donde 6 toros esperan una muerte digna.
Suma el efecto de la noche, la música de los conciertos, el bocata viendo los fuegos y las peñas que animan el cuerpo.
Brindo por esos momentos. En el vaso, el reflejo de mi gente y del santico, que tanto respeto. ¡Fiel, me guía desde el comienzo!
Ay, “pobre de mí” que vuelvo a casa de nuevo. Y en el reflejo del espejo, el blanco ya no es tan limpio pero el rojo, en el corazón llevo.


VI Certamen Internacional de Microrrelatos de San Fermín

LA OBRA DE ARTE

Alberto De Frutos Dávalos

Mi padre corrió los Sanfermines hace dos años. Voló como un misil horizontal y ciego por las calles de Pamplona y los mozos disfrutaron de lo lindo. No hubo carrera más pulcra ese verano.
Un holograma rojo y negro, multiforme y grande, lo citaba a cada paso; pero mi padre iba a lo suyo, quemando los tramos de Santo Domingo, el Ayuntamiento y la curva de Mercaderes, Estafeta y Telefónica, y el callejón de los montones. Como si llevara el Diablo en el cuerpo, aunque eran ángeles los que lo empujaban.
Antes de partir esa mañana, mi padre me dijo unas palabras que no olvidaré nunca: “Corre, hijo, corre hacia los chiqueros de la plaza, y no te distraigas nunca con los mozos. Ellos son los artistas, pero tú, hijo, tú eres la obra de arte”.
-A San Fermín pedimos…
Ya los oigo, padre. Los oigo y los siento. Prometo no defraudarte.

NOSTALGIA PAMPLONICA

Rubén Rojas Yedra

Esa mañana el profe llegó triste a clase. Nosotros estábamos de pie, tirándonos papeles, y no se enfadó. Cuando vimos su cara larga nos dio un poco de pena y nos sentamos. Fue a la pizarra y, como cada día, puso arriba la fecha: «6 de julio». Nos prometió que no iba a mandar ejercicios ni nada, pero que teníamos que hacer una cosa para que se animara. Cogió la tiza y escribió: «TORO», «ENCIERRO», «TXUPINAZO», «GIGANTES» y «SAN FERMÍN». Quería que escribiéramos un cuento con esas palabras. Muchos niños se rieron; yo no. Nos dijo el profe que San Fermín era una fiesta muy importante en Pamplona, donde él nació, tan bonita como aquí la feria o el Rocío. Explicó que unos mozos corrían por las calles delante de los toros para que no les pillaran con los pitones. A Elenita le dio miedo. La gente bebía kalimotxo y no rebujito y se ponían pañuelos rojos al cuello. Habló de los cabezudos y de los kilikis, mis favoritos. Los zaldikos eran caballos de cartón piedra. A todos nos gustó y sacamos los cuadernos. Ya estábamos escribiendo cuando el profe, muy animado, se subió a su mesa y gritó: «Pamploneses, pamplonesas, ¡gora San Fermín!».

CORRE, INSENSATO

Luis López-cano Aguado

Siempre he gozado de la reputación de ser considerado casi un mago por mis amigos. Mi vida ha sido casi un milagro continuo desde hace ya más de mil quinientos años. Entré a la escuela de magia viejo, y salí rejuvenecido y con el ánimo presto a echarme a los caminos. Me encanta dormir arropado por el bosque y con la sábana de las estrellas echada sobre la cara. Me considero un romántico… Creo, incluso, que fui el primer romántico, antes siquiera de que existiera el romanticismo mismo…

- Machooo, cállate ya. Que están a punto de salir – me espeta Alfredito, mi fiel escudero de siempre – Se te fue la mano con el vino ayer, ¿eh?

De repente, un rumor creciente va haciendo temblar el suelo. Alfredito me abandona y marcha hacia delante despavorido… Sin duda, deben ser orcos o cualquier otra horda de seres con intenciones nada amistosas. Ya los veo, me parece, con las espadas en ristre y los arcos desgreñados; y casi cuando los tengo encima, una voz recia me devuelve a la realidad:

- ¿Pero qué haces insensato? Que estás en los sanfermines…¡corre!


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LA ESCALERA

Aída Riancho López

1. Mi corazón palpita al son de la plaza. Miles de gritos y cánticos resuenan en los adoquines y en las paredes del majestuoso edificio. El color rojo inunda el cielo por encima de nuestras cabezas. Una explosión anuda en nuestro cuello el rojo, mientras todo es canto, grito, risa.

2. Enormes cabezas se alzan ante mí, cientos de niños se arremolinan a sus pies y cuelgan los chupetes que utilizaban cuando eran txikis. Gigantes estructuras giran y giran en una danza que parece no tener fin.

3. La noche ruge colores y un corazón se refleja en su iris. Extasiada, mira hacia arriba, absorta en el sinfín de figuras que engalanan el cielo.

4. La mañana se despierta con un gélido aliento a la espalda. Piernas agarrotadas codos como dagas. La manada recorre las calles. El capotico evita la tragedia.

5. La figura del santo se mece por las calles. La multitud se agolpa, las jotas retumban por doquier.

6. Velas encendidas en lo alto de nuestras cabezas, un solo pensamiento inunda nuestras mentes: Esto termina, pobre de mí. Una lagrimilla resbala por la mejilla mientras el rojo se esconde.

7 de julio: ¡San Fermín!

LA MAGIA DE SAN FERMÍN

Mayte Guardabrazos Vaz-romero

Te miré y me miraste, pero no nos llegábamos a ver con claridad entre tanta gente. Me acerqué y te acercaste, pero una llegada masiva de gente, pañuelico en mano, nos cortó el camino. No podía creer lo que veían mis ojos. No podía creer que en ese mismo instante, 6 de Julio a las 11:45 de la mañana, pudiese haberte encontrado. Después de haberte buscado por Pamplona durante años, sin éxito, por fin te había encontrado. Eras tú.

Los cánticos se esfumaron y parecía que tuvieras una luz indicándome el camino. Tras 10 minutos moviéndonos como las olas en el mar, conseguí llegar hasta ti.
Por fin, ahí estábamos frente a frente, tú y yo, sin poder decir palabra. La plaza del Ayuntamiento se hizo minúscula y sólo podía verte a ti.

De repente, se alzaron todos los pañuelos rojos y yo, ahí, en medio de la multitud, incapaz de moverme. “¡Pamploneses, pamplonesas!”- y yo seguía inmóvil. ¡PUM!, un cohete estalló. En ese segundo, entre esa alegría, esos saltos, esos gritos de ¡Viva San Fermín!¡Gora San Fermín!… me abalancé sobre ti feliz, muy feliz.

Te miré y me miraste, y eras tú, mi desaparecida hermana gemela. Ahí comprendí la magia de San Fermín.

DESPERTARES

Javier Vegas Fernandez

Era de día cuando arrancamos en un coche sin luces. La noche había terminado. Salían nietos y abuelos vestidos de un blanco inmaculado solo salpicado por el rojo de fajas y pañuelos. Padres y madres dormían rotos y no necesariamente juntos.

El coche arrancó y empezó a moverse dejando un sonar de piñones que rascaban.

- ¿Vas bien?
- Si, si, no os preocupéis, que yo controlo.

El asiento de atrás del panda no era un sofá del Ritz, pero a mi me lo parecía. Su pelo sucio tras una noche de sudores y cavas varios a mi me parecía una melena pantenne. Me caía de sueño, pero aguanté. Ella quería recostarse en algo y ahí estaba yo. Pasé una mano por su hombro. Hacía unas horas le había abrazado. Vale, era un pasodoble mal bailado, pero sentí su piel, y además también me abrazó ella cuando pasaron toros y mansos.

El coche dio un bandazo.

- ¿Pero vas bien?
- Que si tío que si, tú tranqui, cuando estemos llegando os despierto.

Abrí un ojo. Sobre una bata verde clara unos ojos me miraban. Por mi oreja entró una voz que decía: está saliendo del coma, a ver quien se lo dice ahora…


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UNA EMOCIÓN GIGANTE

Esther Imízcoz Campos

No ha abierto la boca desde que hemos salido de casa, parece como si ella misma se diera cuenta de lo importante que es el día de hoy. No para de retorcer inquieta el nudo de su pañuelo, el que la abuela le bordó con el Santo y que hoy luce en el cuello por primera vez. Pero más nerviosos todavía estamos sus padres, intercambiando miradas impacientes conforme los txistus y las gaitas comienzan a oírse en la lejanía. Ya empieza a haber tumulto, ella se aferra más fuerte a mi mano. De pronto los ve. Ocho enormes gigantes que giran al son de la música, arropados por la ciudad entera que los acompaña. Sonriente y con los ojos como platos, los ve pasar a su lado y tira de mí para seguirlos. Pero entonces, cuando más la siento disfrutar, se interpone en nuestro camino Caravinagre, verga en mano, y con un rápido gesto de muñeca le golpea en la cabeza. Contengo la respiración. Ha llegado el temido momento. Ella se queda boquiabierta durante unos instantes que parecen horas. Y de pronto, y sin saber por qué, rompe a reír con una carcajada inmensa y contagiosa. Y yo me siento el hombre más feliz.

LA PROFECÍA FAMILIAR Y SAN FERMÍN

Javier De Miguel Puertas

Llegó el verano de mis 18 años; significa que me esperan mis primeros Sanfermines. Vamos para Pamplona Mario, Javier, Maialen y yo. Esperamos unas fiestas de desenfreno, kalimotxos, bailoteos, risas y algún rollete sanferminero… Yo, además, seguir las txarangas de las peñas, conocer los bares de Jarauta, o deambular, vestido de blanco y rojo, por las calles del casco viejo. Pero sobre todo, quiero comprobar la autenticidad de La Profecía de la Familia Ibáñez.

La Profecía cuenta que, desde hace 3 generaciones, los integrantes de mi familia encuentran el AMOR en sus primeros Sanfermines. Todos lo definen como un Amor verdadero, incondicional, que dura toda la vida. Aunque nunca me han dado demasiados detalles de cómo lo hallaron.

……

Definitivamente, los Sanfermines son increíbles, espectaculares: el ambiente festivo te envuelven desde el principio, reina un ambiente único y especial y se disfruta de cada momento, ya sea viviendo un concierto en Los Fueros, siguiendo a La Pamplonesa, viendo los fuegos o bailando por las calles de Iruña.

De repente, siento una punzada de tristeza, pero no es por no haber descubierto el amor, sino precisamente por haberlo encontrado… quedan 357 días para reencontrarme, de nuevo, con él.

¡Viva San Fermín, Gora San Fermín!

SOLEDAD

Antonio Fuente Arroyo

Sus cansados ojos han comenzado a nublarse y dos regueros acuosos fluyen sin remedio.
“Es la jota de tu Navarra la que hoy te reza …”
Por primera vez acude sola a la Plaza del Consejo desde que sus viejos recuerdos se lo permiten. Su devoción a San Fermín es sagrada. El año pasado con su marido, pero él ya no está…
“Es la jota de tu Navarra Fermín bendito la que hoy te reza la que hoy te ensalza…”
-Mamá este año tampoco podremos ir. Ya sabes, el trabajo, los chicos en paro…- se había excusado su hijo por teléfono.
” La que hoy te canta…” Menos mal que la jota al santo la ayuda a sobrellevar el peso de sentirse sola entre tanta gente.
Lentamente retorna al barrio.
- Abuela ¿pero dónde estabas?- le pregunta el nieto recién llegado del Erasmus con varios compañeros extranjeros tras el beso de bienvenida- No sabíamos dónde te habías metido. Hemos venido a Pamplona a pasar los sanfermines y estar unos días contigo. ¿podemos quedarnos en tu casa?
- Pues claro, hijos- se le iluminan los ojos- Venga pasad, que las fiestas empezaron ayer y tenéis que disfrutar.-Está contenta, por unos días ahuyentará la soledad.