Dale saludos de mi parte…

17 de mayo de 2013 por rajauta

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El pasado 9 de mayo falleció el pamplonés Alfredo Landa en Madrid.

Ayer tuvo lugar el funeral en la iglesia de San Nicolás de Pamplona, iglesia en la que recibió el bautizo en el año 33. Sus cenizas reposan en el panteón familiar del cementerio de Pamplona. Como no podía ser de otra forma el Orfeón Pamplonés le cantó la “Jota a San Fermín”, jota que se canta todos los años en la procesión del Santo.

Vivió en diferentes ciudades hasta que marchó a Madrid a probar fortuna en el mundo de la interpretación y ha tenido éxito, como ha quedado demostrado a lo largo de su carrera.

Su palmarés de actor se puede resumir cuantitativamente en haber participado en más de 130 películas y cualitativamente en haber recibido 3 premios Goya (2 como mejor actor y uno de ellos honorífico) y 1 premio como mejor actor del Festival de Cannes y otros premios como los de la Unión de Actores, Tp, etc

Alfredo Landa es uno de los pocos que pueden decir que han creado un subgénero dentro del cine ya que con sus obras de los años 70 dio lugar a lo que se conoce como “Landismo”, todo un fenómeno sociológico de la época.

Siempre ha estado orgulloso de sus orígenes y los ha utilizado como carta de presentación:

“Mi abuelo paterno era de Roncal y mi padre nació allí, justo enfrente de donde está el monumento al tenor Julián Gayarre. Y mi abuelo materno, Gerardo Areta Otamendi, fue el fundador del frontón de la Mañueta, donde mi madre cortaba las entradas. Como veis, mi familia siempre ha estado muy metida en Pamplona y en Navarra, y yo me siento muy orgulloso de ello”

Esto quedó demostrado en muchos documentos pero especialmente cuando recibió el Premio Príncipe de Viana a la cultura 2008.  Fue propuesto para este galardón por el Ateneo Navarro – Nafar Ateneoa

Otro galardón que seguro que llevaba con muchísimo orgullo es haber sido el primer “Gallico de oro de Napardi” en el año 1986.  Es como haber recibido el Nobel en versión Foral.

Dale saludos de mi parte a San Fermín.


Alfredo Landa, Cannes, goya, Napardi, Príncipe de Viana

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Paradojas de hace casi un siglo…

15 de mayo de 2013 por Josemiguelerico

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Pamplona 7 de julio de 1922. Se inaugura la “nueva” Plaza de toros de Pamplona. Por la mañana han corrido el encierro los toros de Vicente Martínez, ganadería de Colmenar Viejo, produciéndose a la entrada del callejón el primer montón de su pequeña historia.

Pero ya ha llegado la tarde. Los picadores de Saleri, La Rosa y Marcial Lalanda calientan los caballos por la explanada que con los años se llamará el Paseo de Hemingway. Pero ni los árboles han crecido todavía, ni el suelo está adoquinado ni los caballos de picar portan todavía peto, que no será impuesto hasta seis años después por Primo de Rivera.

Al fondo junto a la plaza, una peña se aproxima para estrenar sus localidades, sin conocer todavía que van a tener que dar mas de media vuelta al coso hasta encontrar su puerta de acceso. A la Plaza todavía no le ha crecido la andanada, pues esta será construida en 1967.

Sólo dos imágenes recuerdan a la actualidad: la barandilla enrejada tan característica de la zona de la media luna y la muralla del baluarte de Labrit que se ve al fondo a la izquierda.

Con una paradoja: el lienzo de la muralla más próxima a la plaza de Santa María la Real se encontraba igual de derruido que en la actualidad, tras el derrumbe que sufrió la muralla tras las lluvias de este verano.

O eso parece apreciarse en la foto.

previo_corrida_1922


baluarte de Labrit, Marcial Lalanda, Saleri

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Capítulo -II

13 de mayo de 2013 por gato

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13 de julio, calle de La Estafeta, 6 de la mañana.

La imagen de los empleados de limpieza escoltados por alevines de la Policía Foral intentando limpiar la calle, repleta de desperdicios originados durante la noche sanferminera, formaban un conjunto surrealista. Era así debido a la oposición fehaciente de los mozos trasnochadores que, cual discoteca ibicenca, seguían bailando, gritando, aullando, cantando y negándose en rotundo a abandonar esa calle por la cual dentro de unas horas correrían los toros. Tocaba además en fin de semana, lo cuál hacía que el gentío se hiciera aún más patente. Hordas de extranjeros, lugareños, borrachos, unos en pie y otros tirados en el suelo, socializaban ambiguamente con los primeros madrugadores, entre los cuáles se encontraba nuestro bigotudo héroe, Papytu Madre.

Había quedado nuestro protagonista a tan temprana hora para poder asistir al encierro desde una privilegiada ubicación: Un balcón en un primer piso situado a escasos metros del recorrido. Para más inry, la invitación se la había propuesto el pibón nórdico que había conocido en el baile de la alpargata el día anterior y con la que había congeniado magistralmente durante una inacabable  batería de ejercicios gimnásticos en su alcoba. Es verdad que los países nórdicos nos llevan años luz en todo, musitó, acicalándose el bigote.

Un empujón le hizo volver a la realidad. Un guiri, katxi en mano  color magenta, había resbalado debido a la invitación de un policía de abandonar el recinto, aderezada de sendos porrazos. En ello estaba entretenido hasta que vio acercarse un grupo de japoneses armados con cámaras de última generación comandados por una guía con la bandera nipona hacia donde estaba nuestro héroe. Mierda, balbuceó dentro de su bigote. Su infalible olfato le alertaba de un nuevo peligro. Y así era.

–Hola,- le saludó estampándole dos besos – ¿Eres Papytu? me manda Corinna.

–No me digas más, estás loca, borracha o ambas dos si piensas que voy a colaborar con la niponada que llevas pegada a tu culo.

–No te pongas así Papytu—le contestó con voz melosa– Me contó que te sacó de una buena y que ahora te corresponde cumplir a ti.

Sin esperar respuesta alguna, le tomó del brazo y se introdujeron en el coqueto portal que daba acceso a unas vetustas escaleras de madera, por las que subieron todos al primer piso. Mientras los japoneses tomaban posiciones en los balcones y daban uso de sus máquinas, la guía procedía a servir el desayuno en una amplia mesa. Se dirigió hacia él sin dejar de colocar minuciosamente tazas y cucharillas:

–Me contó que has corrido alguna vez  el encierro. Pues bien, hoy también lo harás, en compañía de esos dos japos. Han pagado una fortuna para estar aquí y no quieren volver sin haber corrido el encierro. Tú cuidarás de ellos. Además,  pertenecen a una organización a los cuáles debo algunos favores. No tienes opción a rechazar la propuesta. —Le comentó a la vez que le deslizaba un sobre. —Es para ti, por los servicios prestados. Saldréis a la calle cuando suene el primer cohete. Está todo arreglado.

Incrédulo, Papytu juró en arameo. Media docena de billetes de quinientos. Qué ingenuo había sido. Engañado como un principiante. La jugada había sido maestra y no tenía otra opción. Las dudas que le surgieron cayeron ahogadas bajo la media docena de binladens. El paseo por los valles nórdicos le reclamaba un alto peaje. Además, el reloj marcaba menos cuarto. No tenía tiempo que perder. Tomando una botella que había en la mesa, sirvió tres vasos y brindó con los nipones. Sabía a diablos. Era sake.

Situada en la puerta con las llaves, la guía. Detrás,  tras la puerta, Papytu primero y la extraña pareja detrás. Al mirar hacia atrás, vio que uno de ellos llevaba un bulto en la pantorrilla.  La cosa no pintaba nada bien. Estaba a punto de preguntarle cuando retumbó el cohete que anunciaba el comienzo del encierro. Seis toros por Santo Domingo, nuestro terceto por la Estafeta, dispuestos a encontrarse.

Como nadar a contracorriente. Eso fue lo primero que le vino a la cabeza. La gente, con cara asustada, frenética, marchaban a toda velocidad. No sin grandes esfuerzos, se colocaron en fila el trío, esperando la llegada de la manada. Los flashes empezaron a funcionar en la curva de Mercaderes, desembocando en la estafeta, a la vez que un griterío ensordecedor y una multitud de corredores se les echaban encima. Por el rabillo del ojo, vio que uno de los japoneses sacaba de su pierna un puñal con forma curva y su mirada se cruzó con la suya. Un toro abría la manada justo por la acera donde estaban situados. Empezó a correr. Delante de los toros y de la pareja nipona.

Todo sucedió en un instante, a una velocidad inverosímil. Pasó el primer toro por su izquierda, acompañado de dos mansos. Entonces, el brillo del puñal asomándose por la mano .Otros dos toros, hermanados, y los japoneses pegándose entre ellos ajenos al peligro que les acechaba. Papytu, intentando separarles. Fueron engullidos por la manada.  Instantes agónicos, pezuñas pisoteándoles y un estruendo producido por el galope de la manada. Se le hizo interminable, a pesar de que en cuestión de diez segundos la manada ya era agua pasada.

El cuerpo de un japonés, teñido de rojo, yacía en el suelo a su derecha. El otro, a la carrera, huía entre la multitud . Papytu a su vez, se palpaba su magullado cuerpo en busca de alguna herida. Sólo al día siguiente comprendió, al leer el periódico: el penúltimo encierro de los sanfermines había dejado un fallecido por herida inciso-contusa, con toda probabilidad por asta de toro. .Pai-Osi-Mei, uno de los jefes de la yakuza de Tokio, muerto en el encierro de Pamplona. La fotos de un corredor alto y con bigote y dos japoneses ,abrazándose entre ellos componiendo un vals mortal  en medio de la manada dio la vuelta al mundo.

Sólo Papytu Madre conocía que, en sanfermines, a veces, las probabilidades más remotas son las certezas más absolutas.

 

(Continuará…)


relato

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Un día cualquiera (II parte)

10 de mayo de 2013 por Pamplonudo

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Andaluzas, presentaciones, besos. Cuesta del Labrit. Kabiya, Katos, Kayak. Coreografías veraniegas, la Carrá, Rocío Dúrcal. Mariachis, bailes, acercamientos, vaciles. Cobras, improperios. ¿Y los gabachos? ¿Y las andaluzas? 1:45 horas.

Estafeta. Reventón. Tablones, martillos, clavos. JB. Suciedad, borrachos, olores. Anillos, collares, gafas, joxemaris. Adoquín, Hilarión, Cerve. Calor. Bailoteos. Where are you from? Camberraaaa!!!!! Ehhh. Ok!!!!!……………Bye-bye. Primeras bajas. Mañana almorzamos. Ya veremos. Txaranga. Muthiko. Caballo prieto azabache. 3:00 horas.

Estafeta abajo. Txaranga. ¿ Pa dónde? Ni idea. Conga. Where are you from? De Andosilla. Aúpa pues. Mercaderes, Navarrería. Mesón, ¿venís? Sí. Presentaciones, besos, ronda. Barricada, Rosendo. Litros de alcohol, j´artos de aguantar. Agobio, sudor, roces, acercamientos. Abrazos, exuberancia, andolesa. Los primos. – Cabrón!!!! – Hombre primo!!! – ¿Qué haces? – Que te pires. ¿Y estas? Ni idea. 4:30 horas.

Irrintzi. Oscuridad. Ruido. Calor. Katxi de kalimotxo. Aupa!! Epa!! ¿Ande sois? Tolosa. Ongi. Kortatu. Reincidentes. Franco Battiatto. Voglio vederti danzare. Ciego raso. Últimos cartuchos. Rayos de sol. Careto. Mano a mano. Matador. Reventau. ¿Y estas? ¿Quiénes? ¿Dianas? Dianas. – Primooo!!!!!! 6:15 horas.

Tumbos. Eses. Restos. Parejas de una noche. Guiris sobaus en el vallado. Primera fila. La 1. La 3. Silencio. Churros!! Churros!! Saltos. Abrazos. A pleno pulmón. Voz ronca. Gafas de joxemari. Todos los curas!!! Lalala. Hasta la esquina y pa casa. Cerveza por encima. Sudor. Frío. Blusa. Aupa!! Tira mangarrán. Vale. Retirada. Ruido. – Primooo!!! ¿Onde vas cobarde? – Pa casa. – Mañana ajoarriero pa almorzar. Siempre. Prensa. ¿De hoy o de ayer? Arrastrado. Lavadora. Sillón. Encierro. 1: 50 minutos. Grogui. K.O.  8:05 horas.

10:15 horas. Resaca. Ducha fría. Resaca. Entradas en el bolsillo. Paseo. Primos. Almuerzo. Ajoarriero….


Guía, La noche

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Regala libros sanfermineros

9 de mayo de 2013 por estafetakoa

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En varias ocasiones hemos tratado en este blog el tema de la literatura sanferminera. Así, hemos comentado obras y autores que van desde Rafael García Serrano a Ernest Hemingway, pasando por la novela negra y, desde luego, por nuestro compadre de blog, Patxi Irurzun.

Pero siempre, desde la perspectiva de la narrativa.

Sin embargo, los libros no son solo novelas; hay mucho más.

Para los amantes del encierro de Pamplona y sus tradiciones taurinas, el periodista Koldo Larrea es una referencia imprescindible. De él, podemos destacar, entre otros, Historia taurina de Pamplona del siglo XX. 101 años de pasión por los toros, y El encierro de Pamplona y sus protagonistas, este último escrito a cuatro manos con Satur Napal. Ambos se reunieron con el pastor Miguel Reta y con Ramón Villanueva para investigar y elaborar Cuatro siglos de Casta Navarra (1605-2005), dedicado a las ganaderías de nuestra tierra. También tiene un gran interés sanferminero la obra de Roberto Moreno Torres Ganaderías históricas de los Sanfermines.

Si uno de los elementos imprescindibles de nuestras fiestas es el toro, el otro es la gastronomía. En este ámbito, no debe faltar en tu biblioteca (y menos en tu cocina) La Cocina de los Sanfermines, de Chus Roncal.

cocsanf

Todos estos libros (y algunos más) los puedes conseguir contrarreembolso en Editorial Evidencia Médica y te harán más ligeros estos dos meses escasos que nos faltan para el 6 de julio.

 


comer, libros, literatura

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