Tempus Fugit 1

Ya nos hemos comido 88 días, los 88 días fáciles de pasar. El tener unos días de vacaciones, disfrutar de las fiestas de pueblo, disponer de días con mas horas de luz nos permiten evadirnos de la cuenta atrás sanferminera.

Es normal evadirse cuando quedan trescientos y pico días o doscientos y muchos días. Pero hete aquí que ya han pasado 88 días. Es una buena practica dividir los períodos en diferentes tramos de forma que da la sensación de que el tiempo pasa más rápido, o por lo menos nos permite tener una sensación de control del tempo. Sensación falsa por cierto.

En este sentido el siguiente periodo es el que transcurre desde el 1 de octubre al 31 de diciembre. Este periodo tiene 92 días, un poco más de lo ha transcurrido hasta la fecha. Al final pasará.

Pero el tiempo que mas nos suele interesar es el que nos va a condicionar del 6 al 14. Este año ha sido bastante malo, eso de ir con chaqueta o blusa y con paraguas no mola. Más vale que por lo menos nos respetó el momento del chupinazo y las tardes de toros… que no de rejones.

De todas formas esto del tiempo es relativo a unos nos gustan los sanfermines muy calurosos, a otros un poco menos y a otros les da igual mientras no llueva.
De todas formas una cosa es clara, tempus fugit por lo que carpe diem!

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Vinagre 5

Oye, que será la edad, o la resaca, o el gentío, o la suciedad, pero eso, que tampoco en septiembre me lo paso tan bien como antes, que lo mismo me ocurre en julio, que no sé si lo que debería hacer es meterme de una vez a un convento y sanseacabó.

Quién me lo iba a decir, a mí, con lo que me gustaba el sanfermineo, a mí, que soy más de adoquines que la máquina barredora, que me gustan los toros, los toricos, la juerga, de día o de noche, la música de txaranga y andar de parranda.

Pero no, no, no carburo.

Y es que, al final, lo que me va a molar va a ser estarme quieto en un rinconcico en mi sofá, tan tranquilo, con una sopa caliente y huyendo del ruido de la calle.

Pues eso, que me estaré haciendo viejo.

Pero, joder, ¡qué ganas de que llegue julio!

 


VI Certamen Internacional de Microrrelatos de San Fermín

UN RECORRIDO POR SAN FERMÍN

Estefanía Gutierrez Villanueva

A la hora prevista me encontré en la Estación de Autobuses con mi amigo Brian. Siempre tuvo ilusión por ver los Sanfermines.
Comenzamos el día observando el Encierro desde unos emblemáticos balcones. Quedó asombrado cuando al final del recorrido se enteró que no hubo ningún accidente grave.
Transcurridos unos minutos nos dirigimos al Café Iruña y allí degustamos unos sabrosos chocolates con churros.
Con los rayos de sol por encima de nuestras cabezas, nos encontramos con la Comparsa de Gigantes y Cabezudos. ¡Qué manera de bailar el Rey Africano!
Nos dirigimos a la calle Zapatería y allí escuchamos la Jota dirigida a San Fermín. Silencio absoluto en honor al santo y copiosos aplausos al final.
Unas reconfortantes cervezas acompañadas de cazuelicas de chorizo a la sidra, en el bar Kiosko, nos puso el cuerpo en forma.
Dimos unas vueltas por la Plaza del Castillo, recorrimos Carlos III y, para descansar un poco, fuimos a los Jardines de la Taconera.
¿Quieres marcha? Pues ahora a los toros, ver el ambiente de las Peñas y como colofón los Fuegos en la Vuelta del Castillo.
¿Dónde dormiremos, Estefanía? ¿Qué te parece si empleamos la verde alfombra de este hermoso parque?
¡… Felices y maravillosos sueños!

TODO PARECÍA PERFECTO

Loli Albero Gil

Pablo llegó a Pamplona creyendo encontrarse con la ciudad gris que le habían contado. Pero eran Sanfermines y lo que vio fue una urbe entusiasta, con una sonrisa de oreja a oreja, tan blanca que parecía un mar níveo, moteado por guindas, por la que se colaban propios y extraños, hasta el alma misma de las fiestas. Deslumbrado, asistía también a un sentimiento nunca vivido con el frenesí que le estaba causando Amaya, la navarrica de la que no se despegaba un instante, salvo para correr el encierro y luego abrazarla con la sensación de un héroe. “Si te pasa algo, me muero” -decía ella. Y él temblaba de felicidad, de una emoción apenas soportable. Bebían, cantaban, bailaban al ritmo de los conciertos, se besaban, compraban boletos en la Tómbola y baratijas en los puestos de “La Taconera”. Todo parecía perfecto hasta que un viejecillo pasó por su lado y, aun sin apuntarles, recriminó, a viva voz, que los Sanfermines fueran la bacanal que eran, sin que nadie reparara en la figura e historia del santo homenajeado, preguntándose si lo que él quisiera, indignado, sería ponerles a todos el chupinazo en el culo, el mismo con el que una ruidosa turba comienza su fiesta.

RETAZOS DE UNA VIDA

Raquel Gutiérrez García

No supimos quien lo pintó, pero la letra era de mi padre.
Sobre un fondo de color indefinido, un aire denso dejaba caer un libro abierto con la fotografía familiar que tantas veces habíamos visto: mis padres en el centro, mi hermano pequeño en el regazo de mi madre y los otros cuatros hijos a ambos lados. Sobre la esquina superior colgaban de una cinta roja, dos zapatillas blancas con la suela de esparto. A su derecha flotaba un fajín rojo con la frase: “Retazos de una vida” y sobre ella, el aire balanceaba un pañuelo de seda rojo con cuatro mozos corriendo delante de seis toros y un cartel: “7 de Julio”
Al descubrirlo, recordamos que mi padre y sus amigos iban a Pamplona cada siete de julio. Volvía con cinco fajines rojos, cinco pañuelicos se seda también roja y cinco zapatillitas que al año siguiente eran más grandes. Sabíamos que era socio de una peña pero nunca supimos su nombre, tampoco si corría los encierros, pero la letra y la vida reflejadas en cuadro, con toda certeza, era suyas.


VIII Travesía del Desierto 1

Tras la invasión de microrrelatos sufrida por el blog en su habitual acueducto intersanferminero, volvemos a la carga, con los rescoldos de los sanfermines chiquitos aún rusientes*, para encarar con la mejor disposición posible una nueva travesía del desierto.

El reto es el mismo que motivó la creación de este blog hace ya casi 8 años: disfrutar de cinco minutos de San Fermín al día. Bajo cualquier prisma. Noticias, avisos, consultas, anécdotas, relatos, microensayos, humoradas, historia, sucedidos, aventuras, desventuras, fantasías, filosofadas, fantasmadas, cuentos… Sin olvidar, por supuesto, nuestras queridas sinécdoques, como la que nos hará avanzar hacia los próximos sanfermines escribiéndolos…

Para ello contaremos con nuestra nómina habitual de blogueros enfermo-sanfermineros. Y saludamos y damos la bienvenida al club a una nueva pluma que se une a los Pamplonudo, Gaupaseitor, McGarrich, Divino Imprudente, Toko-Toko, Festix, Gato, Rajauta, Estafetakoa, Allo, Irurzun, Josemiguelerico, Joseba, y el que suscribe. Hará el número 15, “la niña bonita”. Firmará como “el casta”. Lo empezaremos a disfrutar en breve. No descartamos nuevas incorporaciones. De producirse, las informaremos oportunamente.

Como dice el titular, afrontamos la octava travesía del desierto. Ni más ni menos. Allá quedan las primeras diatribas, en febrero de 2008. Entonces éramos seis, y teníamos un zapato nuevo en nuestras manos. Hoy somos quince, y aunque el zapato está usado, no deja de sorprendernos la multitud de posibilidades micro-literarias que ofrecen estas fiestas y estos sentimientos. ¿Serán infinitas? Trataremos de averiguarlo.

Cerramos pues el ciclo del certamen de microrrelatos, tras haber publicado un buen número de ellos, y damos paso a una nueva temporada de posts.

¡¡¡¡¡ YA FALTA MENOS !!!!!

(*): En el momento de escribir esta entrada, todavía no habían terminado los sanfermines de Aldapa. La frase está dando por hecho que en el momento de la publicación habrán terminado, cosa muy probable por otro lado.


VI Certamen Internacional de Microrrelatos de San Fermín

EL PADRE DE JUAN

Jose Luis Mata Fernandez

Juan disfrutaba corriendo desde pequeño. Más aún por los ánimos de su padre, tesonero y orgulloso, en cada una de sus carreras. Pero esta vez todo era diferente. El lugar había cambiado, el sofocante mes de julio en Madrid se desvanecía ahora en la acogedora y refrescante Pamplona. Los años no habían pasado en balde, ¡ay los años! Juan se sentía un cuarentón entrado en kilos y añoraba su cuerpo esbelto y sus pies ligeros, recuerdos de su juventud trasnochada. También el escenario y la carrera eran muy distintos a una pista de atletismo. Incluso la ropa, que ni siquiera era de deporte, pues se trataba de un pantalón y camiseta blancos junto con un pañuelico rojo anudado al cuello.
Sí, hoy por fin, Juan cumplirá su gran sueño: correr esos mágicos 850 metros que separan la Cuesta de Santo Domingo de la Plaza de Toros de Pamplona: ¡el encierro de los Sanfermines! Comienza. Cantan a San Fermín pidiéndole su intercesión. Suenan los cohetes, los toros se acercan a un ritmo espeluznante, todos corren despavoridos. Juan no. Permanece quieto y asustado. De repente recuerda la ausencia de su padre, ya fallecido, y se lanza a correr valiente e impávido.

MAÑANA CORRERÉ

Pedro Maria Vizcay Eraso

El estrépito del último cohete anuncia que los fuegos han terminado.
Me despido de los amigos.
Me animan a seguir la fiesta pero me voy a casa porque mañana correré.
Hoy visité al santo en su capilla y le pedí por los míos y por mí.
Me encuentro preparado, dispuesto e inquieto.
Llego a casa. Saco las llaves, las pongo en la cerradura y escucho una voz que dice mi nombre.
Me giro.
Es Leyre.
Le doy dos besos castos y limpios.
-¿Qué haces? ¿Tan pronto a casa?- pregunta.
– Pues si- contesto.
Pronuncia entonces las palabras mágicas: “¡La noche es joven! He quedado con unas amigas para ir a las barracas ¿Me acompañas?
Arriba está preparada y esperándome la ropa blanca y limpia, mi pañuelico con San Fermín bordado y mi faja roja.
Entre asombrado y contento- siempre se ha mostrado esquiva conmigo-, le pregunto: ¿Quieres que te acompañe?
– ¡Si! -responde.
No lo pienso ni un segundo.
Quito las llaves de la cerradura, las guardo en mi bolsillo y contesto simplemente: ¡Vamos!
– ¡Estupendo!- me dice.
Le cojo de la mano, me mira y se sonríe.
Lo tengo claro.
Mañana no corro.
Tal vez nunca si ella me sonríe así.

SU PRIMER ENCIERRO

José Antonio Guijarro Pérez

A punto de que los relojes marquen las ocho de la mañana. Los tejados de las casas se recortan contra un cielo limpio y soleado. En las calles un bullicio contenido. La muchedumbre está esperando. Con una mezcla de sentimientos y emociones, a veces contradictorios. Impaciencia, miedo, deseo…

Él también está esperando. Es su primer encierro. Apenas ha dormido la noche anterior. Pensando en este gran día. Sabe que es muy importante estar a la altura de las circunstancias. No solamente para él. Muchos estarán observándolo. De hecho hay periodistas de medio mundo, con sus cámaras y micrófonos, preparados para retransmitir todo en directo.

Un abrir y cerrar de ojos lo separa ya de su destino. Sus músculos se tensan. Listos para empezar a correr. El bullicio va aumentando a su alrededor. En el aire se respira esa sensación tan característica de lo inminente. Piensa que es muy afortunado. Ha sido elegido entre muchos. Elegido para este encierro de San Fermín. Elegido para ser uno de los toros que corre. Seguramente el resto de su manada está muy orgulloso.