VI Certamen Internacional de Microrrelatos de San Fermín

“SOMOS DISTINTOS, SOMOS IGUALES…

Luis álvarez Atarés

…pero en la calle nadie lo sabe…”. O eso dice el padre de Lucas de la gente durante los Sanfermines parafraseando a los Celtas Cortos. Dispuesto a comprobarlo, en mi primer año de blanco y rojo, me eché a la calle. Cruzándome por Sarasate con padres y madres llevando a sus niños emperifollados, veteranos sanfermineros de elegante uniforme… La adolescencia, menos cuidadosa pero igual de ordenada. No importa polo, camisa o camiseta; pantalón largo, corto, vaquero, de pinzas, de tela, vestido o lo que sea. ¡Que se lo digan a la juventud más juerguista!

“Pero no es solo el blanco de la ropa y el rojo del pañuelo y la faja”, sostiene el progenitor de mi amigo. ¿No? Surqué el Casco Viejo, de día y de noche, con gintonics y cervezas. Crucé Carlos III, con helados y churros. Recorrí la Estafeta (sin toros) y disfruté del espectáculo de la plaza (con ellos). Y descubrí que, tras esas parecidas vestes, había un espíritu festivo y de camaradería que estrechaba vínculos. Unas ganas de disfrutar en comunión de algo que acercaba más que separaba. Que las diferencias y disputas quedaban de lado. Que había algo mucho más importante: el amor por la fiesta de San Fermín.

LA INSTANTANEA

Antonio Muñoz Cabrera

El no sabía que aquella tarde moriría. Lo despertó el ruido de un cohete. Junto a sus compañeros, traspasó la puerta en busca de los pastos de la dehesa, pero sólo encontró un asfalto mojado. Corrió con todas sus fuerzas buscando el sol de su cielo entre una masa humana enloquecida. Cayó en una esquina y se tropezó con unos ojos humanos aterrorizados que le suplicaban compasión. Su cuerno izquierdo se hallaba a cinco centímetros del cuello del mozo que gritaba en silencio su perdición. Fueron diez segundos de una conversación silente. Él alejó su cabeza del cuerpo humano y se levantó para continuar el camino de su perdición. El mozo se levantó pensativo, alucinado, contemplando como su amigo cruzaba la puerta de la plaza de toros. Aquella noche el mozo gastó sus ahorros en la compra de una cabeza de toro, que embalsamó y que colocó en un pequeño altar que construyó en su habitación. Antes de dormir, se arrodilla y se santigua frente a San Fermín, besa la cara a su amigo y contempla atónito la instantánea que inmortalizó un fotógrafo local, esa foto donde el toro bravo y noble le dice que no va a matarlo.

DE CHUPINAZO

María Teresa Iturriaga Osa

Me puse de parto el día del chupinazo. Estaba en plena comida, menudo jolgorio, pañuelicos rojos, alegría por doquier… San Fermín, de fiesta con las amigas, todo un año esperando… cuando sentí la primera contracción. Miré el reloj y vi que eran las tres. Me despedí con rapidez y llamé a casa. No podía perder tiempo. Un abrazo, un saludo desordenado al grupo de la Plaza del Castillo y salí pitando hacia el hospital. Mi madre me dijo que estaría en la puerta esperando. Mientras corría por el Paseo de Sarasate buscando un taxi, iba apretando el puño y repetía en voz alta el nombre de mi hija: “Ainhoa”, “Ainhoa”, “Ainhoa”. Sin poder evitarlo, acudió a mí la imagen de Aitor, al que había conocido en otoño durante una acampada. Él se había marchado de mi vida sin saber que me había dejado embarazada. Se llamaría así. Ainhoa, tierra mágica, transfronteriza. No había taxis, paré un coche y una señora me llevó directamente al hospital. Eran las seis cuando di a luz, todo fue muy rápido y sin complicaciones, casi no llego al quirófano. Esa tarde una hermosa niña miraba el cielo de julio, fuerte y vivaracha como un chupinazo.


VI Certamen Internacional de Microrrelatos de San Fermín

MISIVA DEL SIGLO XII HALLADA EN TOULOUSE (CORREGIDA A LA ORTOGRAFÍA MODERNA, AL CASTELLANO Y AL EUSKERA POR EL DEPARTAMENTO DE HISTORIA, Hª DEL ARTE Y GEOGRAFÍA DE LA UNIVERSIDAD DE NAVARRA)

Jorge Morcillo Leal

Menguadas y mesuradas no han de ser mis palabras cuando el menester que las guía no acrecienta la penitencia, sino la dicha de frenar el escarnio y la desvergüenza, que a un santo hombre sobre la tierra, evangelizador de Pamplona y las Galias , tuvieron a mal aplicarle. Ruego a Dios, en mis oraciones, por todas nuestras almas irredentas.

Salí de Amiens, tal y como fue vuestra conformidad de rey, mientras las gaviotas sobrevolaban las verdosas aguas del Somme. No ha de culparos el humilde obispo que soy, Pedro de Artajona, sobre el reuma que me acrecienta: tan duro y afilado como el acero de vuestra espada, tan curvo y expansivo como las garras del águila negra que marca vuestro estandarte.

La bienaventuranza del reino crece entre los robles hollándolos con vuestra prudente leyenda. A todas horas se ensancha y se traslada, desde la universidad de París a los labriegos, desde los reglares a los mercaderes, vuestras hazañas son por todos loadas.

He llegado a Pamplona. San Fermín, su reliquia, es nuestro verdadero séquito. El cielo está rutilante de luminosidad. Ni una sola nube en desviación o torcimiento.

Entremos a saludar el milagro que presencian nuestros ojos.

SANFERMINEN INDARRA

Sergio Elcano Sanchez

Nahiz eta Nafarroa ez den beste zonalde batetik Sanferminak bisitatu, etxean egongo banintz bezala sentiarazten naute. Urrun urrunetik nator, itsasoz inguratutako herrialde batetik. Egia esanda, ez dakit zergatik heldu nintzen lehenengo aldiz sanferminetara, ez nekien ezta non zegoen Iruña hiria ere.

Hala ere, aurten berriro ere iritsi berria naiz. Sei lagunekin etorri naiz, nola ez. Elementu hauek Sanfermineko neskaz erabat maitemindurik daude. Iritsi bezain pronto lehenengo erabaki garrantzitsua hartu behar dugu, nora jo?

- Nik uste dut zezen plazara joan beharko dugula. Ordu honetan oraindik ere sarrerak erosi ditzakegu. – Esan zuen batek.
- Zer diozu! Goazen ba estafeta kalera, hor bai sarrerak baino zerbait politagorekin aurkituko garela – besteak.
- Aizue, eta parranda hasi baino lehen udaletxea edota ziudadela bistatzen badugu?
- Ene jainkoa! Goazen Iruñaz disfrutatzera, edozein iskinean musika aurki daiteke! Zer dago hori baino hobeto? – Taldeko festazalea argudiatu.
- Barkatu lagunak baina ni gaur lasai arituko naiz – esan zuen korrikalariak – biharko sasoiean egon nahi dut eta.

Irri egin nuen nire baitan Iruña gure Sidney maitea bezain ondo ezagutzen genuela ikusita. Hain zuzen, ile horia, erosi berria den zata bat sorbaldan eta 20 orduko bidaia eginda ere Iruñeko biztanleen begi distiratsuak erakusten ditugu egun hauetan.

LAS CINCO FANTÁSTICAS

Elena Burguete Del Castillo

Poco a poco van pasando los años. Las cinco fantásticas vamos desapareciendo de nuestra Pamplona querida. Un Erasmus en Milán, otro en Malmo, otro en Catania y otro en Carlisle. Sólo una representante del equipo se queda en la ciudad. La despedida fue el 1 de Enero. Entre disfraz y disfraz, entre cubata y cubata en el Iruña, donde fuimos diciéndonos adiós las unas a las otras.

Al salir del bar, anduvimos hasta el kiosko de la Plaza del Castillo. Así, después de un gran abrazo, una se fue para Estafeta, la otra caminó por Carlos III, otra cogió la villavesa en el Paseo Valencia y, las dos a las que todavía les quedaban ganas de fiesta, desaparecieron por San Nicolás. Pero al día siguiente, una de ellas escribió en el grupo de whatsapp: chicas, ayer al irme a casa entré al bar de siempre a desayunar. Aprovechando la ocasión, dejé encargado el almuerzo del día 6 de Julio. Se lo deje bien claro a nuestro amigo el camarero: las cinco fantásticas volvemos a Pamplona. Prepáranos un buen almuerzo, que vendremos con más ganas que nunca. Él contestó: tranquila Elena, San Fermín ya se había pasado y había dejado reservada una mesa para vosotras.


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EL RIAU RIAU

Laura Galindos Reyes

Voz del pueblo que baila y canta al unísono el vals de Astráin, mientras aguarda expectante la salida de la comitiva de la Plaza Consistorial. ¿Conseguirá el alcalde y los concejales llegar hasta la capilla de San Fermín?.

TORO

Aurore Pérez

Qué mal he dormido esta noche, estoy nervioso.

La habitación de hotel no es demasiado espaciosa pero tengo desayuno incluido. Estamos unos cuantos. Me cuesta despertarme del todo, sigo mareado por la falta de sueño, pero todo está tranquilo.

De repente, un estruendo. Todo se vuelve pánico rojo. Nos agrupamos en la salida de emergencia, que no tarda en abrirse. Echamos a correr, corremos todo lo que podemos, el aliento se nos corta. No sé qué está pasando, hay mucha gente corriendo también. Parece un funeral chino. Y todos corren.

Ni siquiera recuerdo muy bien en qué ciudad me encuentro. Me suele pasar cuando siento angustia, pienso. También pienso que tengo que calmarme, pero soy incapaz. La explosión, gente corriendo, será grave, algún atentado, un terremoto…

Veo una joyería, cerca un cartel: “calle Estafeta”. De qué me sonará. No soy capaz ni de ubicarme, los nervios me carcomen. Se me escapa hasta la última miga de lucidez.

Me cuesta respirar. Corro, sigo gente, gente me sigue. Respiro, mal…

Ahora una puerta, a la que todos van; llegamos a un edificio circular. Al entrar: paz. Todos han dejado de correr. Y la gente sentada alrededor aplaude al verme.

Parece que hoy será especial.

“FERMINAK”

Juan Manuel Sandoval

Hemingway le había insistido en que lo vea, él se sinceró y afirmó que no estaba al tanto de los asuntos terrenales, pero cansado de la insistencia del viejo “Ernesto” decidió darle una oportunidad. Saturnino se ofreció de compañía ya que los otros “Sans” se encontraban ocupados. El tapeo y el jamón serrano como aperitivo fueron las primeras victimas de la “masacre culinaria” de dos estómagos vastos. Le siguió una apetecible porción de tortilla y como plato principal el querido lechazo asado, receta de un viejo amigo.

Saturnino ofendido con el destino que no permitió a su amigo enterarse de tal evento, le prometió a él que nunca lo olvidaría y que le pediría al mandamás que los meses se hagan horas, las horas minutos y los minutos segundos, solo para que la espera no sea tan tortuosa.

Con el vino encargándose de amansar a las fieras de la ansiedad, Saturnino anunció que había llegado la hora. Él observo su reloj y al ver a las manecillas en tan sensual posición, exclamo ardidamente con una sonrisa: “¡Gora!”


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EL RESBALON

Andrés Molina Valdés

Al regresar de Pamplona el joven cuenta sus vivencias con desenfado. Hay que joderse con las fiestas de San Fermin -exclama. Aquello es un festecun seimendo, que es el doble de tremendo, afirma sonriente.
Comienzan con un cohete que anuncia el Chupinazo y enseguida revienta la locura popular, en medio del despelote en que se convierte el río de gente que participa en la gozadera colectiva de un tumulto frenético, donde abundan los borrachos, escasean las broncas y faltan los toros.
Pero los encierros son un maremagnum de aventuras sin borracheras. Si lo sabré yo, que me mandé como un loco por el recorrido, hasta que casi me engancha el trasero un toro tan negro como el infierno, con cuernos tan brillantes como la plata pulida y tan afilados como daga de pirata. Suerte que, al mandarme el cornazo, patinó y se fue de rodillas, lo que yo aproveché para escurrirme.
Bien pudieras decir que el mismísimo San Fermín te salvó del pinchazo mortal, porque si soy yo, allí mismo me cago. -espeta el amigo que escucha con entusiasmo desorbitado.
Aaah, sííí? -contesta el joven, ahora muy serio. Y con que crees tú que resbaló la bestia que por poco me desflora?

MI PRIMER ENCIERRO

Ekiñe Zaratiegui Iriarte

miércoles 11 de julio los minutos iban pasando y cada vez quedaba menos para el comienzo y mi cuerpo estaba muy tranquilo. a las 8 menos cinco ya estaba yo situada en el tramo que iba a correr “ Telefónica´´.
Por fin el reloj dio las 8 y sonó el primer cohete, que simboliza que los toros salen, el segundo cohete sonó en el cielo y ya era que los toros estaban en la calle. Yo comencé a fijarme en los balcones ya que mi tato me dio un consejo que fue “ fíjate en los balcones, en la gente que saca fotos, cuando veas que los flashes te dan a ti, es que tienes a la manada encima, corre´´. Y eso es lo que estaba haciendo cuando vi los flashes que me enfocaban comencé a correr. Fueron unos segundos los que tarde en llegar a la plaza con la manada detrás pero fueron unos segundos en los que me olvide del mundo, la mente la tenía en blanco, solo existíamos los toros y yo, todo alrededor desaparecía, sentía paz, alegría, tranquilidad, fueron unas sensaciones inexplicables, en una palabra adrenalina. Fue algo maravilloso, espectacular.

SIN BATERÍA

Sonia Cámara Del Río

A las 23:45h de aquel 7 de julio, ella caminaba por la Calle Estafeta luchando contra la marea de gente que se agolpaba en ese lugar.
Como si de un velero abriéndose paso entre grandes navíos se tratara, avanzaba lentamente por los pequeños riachuelos que la gente formaba en la conocida calle.
Sacó del bolsillo el viejo móvil que usaba en esas fechas y buscó su número, pero apareció un inesperado mensaje en la pantalla…
Canciones provenientes de dos txarangas distintas empapaban el ambiente de una melodía disonante, ecos de gente bailando y riendo se unían a esta algarabía, pero ella tenía que seguir adelante, tenía que encontrarle.
Las caras de las personas que se cruzaban en su camino se veían deformadas por la risa y el alcohol, por las horas sin dormir y las gafas y complementos de moda ese año.
Y a la vez que el líquido de un vaso desconocido caía sobre su zapatilla blanca, vió su cara: Fermín estaba allí.
Rápidamente miró el reloj, y al ver las 23:59h sintió la satisfacción de quien logra su objetivo. No dejaba pasar un año sin felicitarle, y al fin y al cabo, todavía quedaba un minuto de aquel 7 de julio.


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ECOS DE LA FIESTA

Esperanza Tirado Jiménez

Qué distinta se veía la Cuesta de Santo Domingo en un día corriente, sin los mozos abarrotándola ni los morlacos derrapando por sus adoquines. Aún siento el eco de cada carrera cuando recuerdo mis paseos por esa calle que, para mí, siempre tuvo algo mágico. Puede que fuera por la protección del Santo.

Llevo conmigo las vibraciones de la fiesta de los Sanfermines en mi corazón. Que, por avatares de la vida, hace mucho que no puedo disfrutar de ellos en esa bendita tierra.

Desde la distancia, en mi segunda casa, Canadá, el país que me acogió como uno más, vuelvo a sentir la emoción y los ecos de la fiesta cuando se acerca el mes de julio. Una pequeña imagen de San Fermín en la estantería y un pañuelo rojo en mi ventana decoran mi casa durante estas fechas tan especiales.

SU BELLA MIRADA

Mª Luisa Caballero Ruiz

El, salio corriendo como un corredor de fondo tan rápido sin mirar nada solo quería que eso acabara, le asustaba todo el revuelo, sentía el acoso, pero llegó el momento que se sintió vistoso y feliz corría sin trabas sin que nadie le interrumpiera su carrera, se cruzaba de vez en cuando algún corredor, ya no le molestaba su presencia, el lo esquivaba, entusiasmado su cabeza negra pasaba por aquellas calles que no conocía, en un momento resbaló, se callo, y nuestras miradas se cruzaron la mía y la suya, yo me vi en el espejo de su retina, el supongo que también estaba asustado, me miro, su cabeza se dirigía a la mía, solo me salvo de la muerte, los dos tablones que estaban colocados de tal manera que allí paro, me miró, intentó introducir su cabeza negra y sus grandes astas entre ellos, se levantó me volvió a mirar y siguió adelante. nunca olvidare su mirada.
Pasan los años yo que entonces era una niña de ocho años nunca lo olvidé, esperando volver a ver aquella mirada.
Me he aficionado tanto a las fiestas taurinas que siempre estoy presente sobre todo en las corridas, siempre recordando a aquel bello animal negro maravilloso.

TOMANDO NOTA

Calixto Pérez Gutiérrez

Hacía años que no lo veía, pero sabía que era él. Cuando estuve de Erasmus, vivió en mi calle todo el curso. La casualidad había querido que nos encontrásemos a diario durante aquellos Sanfermines, cerca de la plaza de toros o en cualquier sitio. Me extrañaba que su atuendo siempre mostraba un blanco impoluto y su pañuelo estaba perfectamente anudado . Al no llevar nunca gafas de sol, pensé que podría ser ciego. No sé como llegué a esa conclusión, pues los ciegos las llevan… Anoté la reflexión en mi libreta. Lo analizaría más tarde.

Imaginé que probaba un traje que repelía la suciedad por encargo de una textil… O que pudiera estar muerto y solo yo lo veía, como pasa tanto en el cine actual.
Nerviosa, pregunté al hombre. Solo me salió un hilo de voz y él amablemente se acercó. Vi que se cubría la boca y nariz con la mano.
A la pregunta sobre su impecable imagen, gritó mientras se alejaba:
-Duchándome y cambiándome de ropa a diario, ¡Joder! –dijo—¡Ya podías probar!
La respuesta me extrañó. Escribí en la libreta: Ducha diaria. Mientras, leí una nota anterior que cuestionaba: ¿Por qué no ligo?