Segundo y tercera posicion de la VII edición…

2º clasificado: ‘‘Existe un lugar’’ de Esther Imízcoz Campos.

Xabi y Svetlana se despidieron en un frío aeropuerto de Alemania. El erasmus había tocado a su fin, y con él su historia de amor. Atrás quedaban aquellos meses de conocerse, de divertirse, de comprenderse. Ahora, ella ponía rumbo a su Rusia natal, y él regresaba cabizbajo a Pamplona, con la sombría certeza de que difícilmente volverían a cruzarse sus caminos. Tras un abrazo que ambos desearían que jamás hubiera terminado, Xabi le preguntó, mirando fijamente a sus ojos vidriosos:

-¿Existe algún lugar en la tierra en el que podamos volver a encontrarnos?

Y ella, fantasiosa como siempre, respondió:

-Volveríamos encontrarnos si existiera un mundo al revés, un lugar donde pareciera haberse desatado una locura desbordante, un caos de felicidad y diversión, un inesperado gobierno de la alegría. Nos reuniríamos de nuevo en una tierra en la que imperaran la generosidad y el deseo de compartir, donde todos vistiéramos una sonrisa las 24 horas del día y donde siempre hubiera abundantes motivos para celebrar. Allí todos seríamos iguales, sin importar nuestra procedencia, edad o clase social. Solamente allí podríamos tú y yo volver a encontrarnos. Dime, ¿crees que existe ese lugar?

3º clasificado: “24 orduko maitasuna” de Javier Sagardia Sarasa

12:00etan

Elkarri begiratu diogu istant batez. Soari eutsi diogu, irribarre imintzio lotsatia banatu. Suziria lehertu da urrunean. Zapi gorriek zeru-sabaia dute estali. Jendetzak irentsi gaitu, olatuek bezala bultzatu, zirimola batean, eta betiko banandu korronte meneraezinetan.

16:25etan

Ezin dut begirada hori burutik kendu. Badakit begi berde berunezko horiek ikusi nautela. Badakit.

21:00etan

Hamaika edabez gorputza zikin, burua hordituta eta ikusmena lausotua izan arren, iluntzen hasten den ordu zehatz gabe horretan gutxien espero nuena gertatu da: goizeko begirada berdearekin topo egin dut.

24:00etan

“Ay Jalisco no te rajeees, me sale del almaaa…”

Irribarre bizi-lotsatien artean Jarauta kaleko zoru bustian elkarri lotuta dantzatu dugu, jira eta bira eroan, zorabiatu arte. Jorge Negretek kale bat beharko luke hirian.

01:05etan

Batu ditugu ezpainak. Batu ditugu mingain bustiak. Turrillas maisuaren oihartzun irrealen artean. Txun, txun, txun. Gainezka dago kalea, gu inoiz baino isolatuago.

03:45etan

Izerdiaren ostean, etxeko izara garbietan gordeta, nekeak harrapatu gaitu. Goizean bezala, elkarri begiratu diogu. Nire bularrean du burua pausatu. Denbora betiko gelditu nahi nuke.

12:00etan

Ez nau agurtu. Ez dit paper puska batean idatzitako oharrik utzi. Ez musurik eman masailean. Isil-gordean joan da. Hutsunearen zauria sentitu dut. Baina hozkailuan salda badago, eta zazpi gau ditut zain: “Alcé mi copa y brindé por ella…”

Amor de 24 horas

12:00 horas

Nos hemos mirado durante un instante. Hemos sostenido la mirada, esbozado una tímida sonrisa. El cohete ha estallado a lo lejos. Los pañuelos rojos han cubierto el cielo por completo. La multitud nos ha engullido, empujándonos como las olas, en un torbellino, separándonos para siempre en indomables corrientes.

16:25 horas

No me puedo quitar esa mirada de la cabeza. Sé que esos verdes ojos de plomo me han visto. Lo sé.

21:00 horas

Sucio el cuerpo de mil y un brebajes, en esa imprecisa hora a la que empieza a anochecer, aun borracho y con la vista nublada, ha pasado lo que menos me esperaba: he vuelto a encontrarme con la verde mirada de esta mañana.

24:00 horas

“Ay Jalisco no te rajeees, me sale del almaaa…”

Hemos bailado agarrados entre tímidas e intensas sonrisas sobre el mojado suelo de Jarauta, girando enloquecidamente, hasta marearnos. Jorge Negrete se merecería una calle en Pamplona. 

01:05 horas

Hemos unido nuestros labios. Hemos unido nuestras húmedas lenguas. Entre los irreales ecos del maestro Turrillas. Txun, txun, txun. La calle está a rebosar; pero nosotros, más solos que nunca.

03:45 horas

Tras el sudor, en casa, resguardados entre las limpias sábanas, el cansancio nos ha atrapado. Al igual que esta mañana, nos hemos mirado. Tiene la cabeza apoyada en mi pecho. Me gustaría detener el tiempo para siempre.

12:00 horas

No se ha despedido. No me ha dejado una nota escrita en un trozo de papel. Ni un beso en la mejilla. Se ha ido a escondidas. He sentido la herida del vacío. Pero tengo caldico en el frigorífico, y siete noches por delante: “Alcé mi copa y brindé por ella…”


Segundo y tercer clasificado de la VI edición

2º clasificado: ‘‘A 7 horas’’ de Xabier Luna Berango.

“Pamplona 48 km”, la señal oxidada se alejó estática por la ventana trasera. El autobús zigzagueaba entre montañas con los pasajeros dormidos a pesar del asfalto en mal estado. Uno de ellos miraba el reloj, en hora y media sería el chupinazo, confiaba llegar a tiempo. De la mochila sacó un pañuelo rojo, pegado a su nariz, respiró los recuerdos. A su derecha, una joven estadounidense con la que viajaba hacía meses. Ella había accedido a acompañarle hasta ese sitio, el 6 de Julio y a esa hora en concreto.

Ya en la estación, el chico corrió con la mochila bamboleando en su espalda. Resoplaba entre las calles de la ciudad con el pañuelo abrazado en su mano. Jadeando llegaba al centro de la plaza. Quince segundos, alzó los brazos con el pañuelo mirando al ayuntamiento, cerró los ojos y sintió el estallido en el cielo, dentro de él sonaban las charangas.

Ella, desde una esquina observaba a su amigo, solo, en el centro de una plaza a oscuras, anudándose el pañuelo al cuello en un rito silencioso. Eran las cinco de la madrugada, sintió que el esfuerzo tenía sentido.

Siete horas más allá en el Atlántico, en la otra Pamplona, estalló la fiesta.

 

3º clasificado: “Festa-potoa” de Iñaki Irisarri Pellejero

Ezin sinetsita, inguruan nuen giro zuri-gorriari begira gelditu nintzen. Hau zen munduko festarik zoragarriena? Hobe etxean katua ferekatzen gelditu izan banintz! Hain zen aspergarria hura…

Lotsagorritu ere egin nintzen munduko bazter urrunetatik etorritako jendea gogoan; milaka kilometro egin beharra eta horrelako leku hits eta goibel bat aurkitzea ere!

Nire begi harrituek hilak ziruditen begiradak aurkitzen zituzten aurrez aurre. Nor ziren pertsona haiek? Zer egiten zuten han? Itogarria zen giroa, munduan zehar barreiatutako topiko guztiak eta bost gehiago aurkitzen nituen noranahi begiratuta ere.

Nire gogoetari emana ibiltzen hasi, eta, halako batean, santuaren irudia aurkitu nuen bekoz beko. Ez zen negarrez ari? Eta urrunetik heldu zen deiadar itoa ez zen arestian ondoan izan nuen Hemingwayk berak egindako oihu lazgarri bat?

Karrikara atera eta bezperaren bezperako giro bizia arnastu nuen. Gero eta biziagoa, beharrik, Sanferminen Museotik urrundu ahala.

 

Fiesta enlatada

Incrédulo, me quede mirando la atmósfera blanca y roja que me rodeaba. ¿Esta era la mejor fiesta del mundo? ¡Mejor si me hubiese quedado en casa acariciando al gato! Esto sí que era aburrido…

Incluso me avergoncé al pensar en toda esa gente venida de los rincones más lejanos del mundo; ¡hacer miles de kilómetros para encontrarse con semejante sitio lúgubre y triste!

Mis ojos sorprendidos se topaban de frente con unas miradas que parecían muertas. ¿Quiénes eran esas personas? ¿Qué hacían allí? El ambiente era asfixiante, mirara donde mirara me encontraba con todos y cada uno de los tópicos difundidos a lo largo y ancho del mundo.

Había empezado a dejarme llevar por mis pensamientos cuando, de repente, me encontré cara a cara con la imagen del santo. ¿No estaba pues llorando? Y esa llamada ahogada que venía de lejos ¿no era un lamento atroz del propio Hemingway, a quien había tenido momentos antes a mi lado?

Salí a la calle y respiré el vivo ambiente de la antevíspera. Cada vez más vivo, afortunadamente, según me alejaba del museo de los Sanfermines.


Segundo y tercer clasificado V certamen

2º clasificado: ‘‘Pesadilla sanferminera’’ de Atxu Ayerra Alfaro.

6 de julio. 9:30 h. el almuerzo en la peña me toca prepararlo a mí. Chistorras a la brasa, vino de Olite y moscatelico fresco. La familia en Calafell desde ayer. Felicidad completa. Ascensor colgado. Sin luz, silencio. Toco la alarma. Nada. Llamo: “ascensores Iruña, estamos de vacaciones del 5 al 15 de julio…viva San Fermín”. Joder, ni teléfono de emergencia ni pollas en vinagre. Golpeo la puerta. Nada. Grito. Nada. Intento abrirla y le pego una patada al teléfono. Se cae por el hueco. Mierda, mierda, mierda. El Samsung nuevo a tomar por rasca. El vecino de abajo con la familia en Zarautz. “Cariño, esos duplex compartidos son lo mejor para vivir”. Calor, silencio, cierto olor a chistorra. Comienzo a sudar. El vals de Astrain que suena en el hueco del ascensor. Por lo menos todavía funciona.
Día 9: oigo otra vez los fuegos. Estoy cogiendo gusto a la longaniza cruda. Día 13. Las dos botellas de moscatel ya están llenas otra vez. El crianza finiquitao. Seis botellas.
14 de julio. 12 de la noche. Se enciende la luz…un niño con un flotador: “hombre vecino, menuda juerga eh”. Subo a casa, enciendo la tele. Pamploneses, pamplonesas…ya falta menos…

 

3º clasificado: ‘‘Sin dolor’’ de Juan Molina Guerra.

Se había desplazado hasta Pamplona con su esposa para hacerse una colonoscopia en la famosa clínica navarra, y ahora estaba ahí, en la mañana diáfana, bajo el sol de julio que ya se anunciaba, en medio de la calle Estafeta, vestido de blanco, el pañuelo rojo anudado al cuello, flexionando los gemelos con los brazos estirados sobre la pared, dando saltitos para coger tono muscular, sin dejar de mirar a las dos hermosas rubias de ojos azules que, a su lado, miraban en derredor con cara de asombro.
-¿Os gustan los sanfermines? -les preguntó él.
-Es la pgimega vez -contestó una de ellas-, venimos de Dinamagca.
-Una vez que los conoces, siempre vuelves -sentenció él con una amplia sonrisa.
Luego sonó el estampido y hubo un clamor general y un movimiento de gente mirando en la misma dirección. Él enrolló el periódico y se dirigió a las muchachas:
-Pegaos a mí -les dijo.
Más tarde vino la confusión, los astados en su desconcierto corriendo hasta su destino, la noche y el vino y el despertar en el parque rodeado de las diosas vikingas.

Cuando salió de la consulta, su esposa le preguntó:
-¿Cómo ha ido todo?
-No sé -contestó él-, me he quedado dormido.


Segundo y tercer clasificado del IV certamen

Segundo clasificado

“Encierro del seis de julio”, de Paco Lecumberri Ardanaz

Algo grave pasa cuando es seis de julio y no quieres levantarte de la cama. Cuando entre las sábanas te sacudes ahogado en tu pobre de mí, lidiando en tu cabeza con los seis meses seis desde que te empitonó la crisis. Cansado de que cada santo domingo enfiles la cuesta de la semana sin que el ayuntamiento o los mercaderes dejen en la estafeta la carta de tu próximo empleo y sin que recibas la llamada telefónica que te diga que has sacado la plaza a la que tanto ansiabas llegar.
Pero en medio de esa amarga oscuridad, una luz y un bullicio de niños entran por el toril de tu chiquero; son tus dos alguacilillos que vienen a sacarte de tu encierro gigante. Tras ellos, una mujer, blanca como una novia, trae un beso de seis de julio que te recuerda que sigues siendo el rey (y ella tu chica yeyé). Y se desploma tu prima de riesgo y sales de tu corralito y te entra el gusanillo de la víspera porque es seis de julio, porque estás vivo y todo empieza de nuevo. Entonces piensas que San Fermín, que todo lo ve, te bendecirá.

Tercer clasificado

“Abracadabra”, de David Martínez Abárzuza

Ni el mítico Houdini, ni el clásico “magia borrás”, ni siquiera el gran Juan Tamariz me hicieron creer tanto en la magia como esas tres palabras de aquel siete de Julio del noventa y seis.
Mis caderas se movían torpemente al son de la música de no recuerdo qué abarrotada peña, cuando de repente, mis ojos inevitablemente desviaron la mirada hacia un mechón de pelo rubio que descendía en bucle sobre el canalillo, hasta perderse en el generoso escote de aquella diosa. A los dos segundos, advertí la presencia de un individuo de unos ciento noventa centímetros de músculo, con camisa blanca impoluta y pañuelico recién planchado, mirándome con cara de oso Camille en ayunas.
El sobresalto hizo que mi mano temblara, con tan mala suerte que mi refrescante vaso de kalimotxo se vació sobre el fornido pecho del maromo. La música se detuvo y el olor a ira descontrolada inundaba todo el local, ¿dónde me golpearía primero?.
Mi cuerpo tiritaba de terror, estaba perdido. Todavía no me explico cómo y porqué salieron de mi boca esas tres palabras mágicas que salvaron mi vida:
– Viva San Fermín –
El muchacho sonrió, tendió su mano y repitió… – Viva San Fermín –


Los dos segundos y el tercer clasificado en el III certamen…

La embestida, de Teresa Mireya Zulaica Garamonte

Nos pilló por sorpresa el rápido recorte que hicieron por la curva de Estafeta. Venían frescos todavía y sus gestos no presagiaban un encuentro amigable, así que zumbamos quemando suelas rumbo a Telefónica. Los teníamos cerca. Nadie miraba atrás. Sorteábamos entre empujones al gentío congregado, que parecía no percatarse del peligro que nos azuzaba. En éstas andábamos cuando me pareció oír a Íker rezando al Patrón por lo bajini. Iba desencajado, como quien va a palmar. A mí, por si aún era poco lo que llevaba encima, me invadieron de repente unas ganas locas de soltar esfínteres… Pero estaba el percal como para pedir permiso. Iontxu, que no solía mover más músculos que los de la mandíbula, empezó a perder fuelle y pude escudriñar por el rabillo del ojo cómo era zarandeado por uno de los empecinados perseguidores. ¡Sálvese quien pueda! gritábamos para nuestros adentros. Javier se escoró hacia un pequeño portal en el vano intento de pasar desapercibido, pero un ejemplar rezagado se cebó con sus carnes. Me flojeaban las piernas. Tras mi cogote podía ya sentir el resoplar de la bestia. Al momento, mis nalgas percibieron el contacto. Me había embestido con su maldito látigo el peor kiliki de todo Pamplona: “Caravinagre”.

Los pitones, de Cristina Sádaba Elizondo

“Seis de julio, cielo despejado, 33º a la sombra y yo en Salou. Siete años, siete, lleva Ana arrastrándonos al apartamento de sus padres en esta primera quincena. ¡Hay que joderse! Y Ainara, que ya ha cumplido trece, ni nos mira, no levanta el pulgar del móvil de lo enfurruñada que está. Más me duele lo del pobre Julen: la criatura aún no sabe lo que es correr delante de un zaldiko o llorar con un cabezudo. Y ¡agárrate a la vuelta! Encima hay que aguantar las anécdotas del suegro en la peña, que él nunca perdona ni su bota ni su ajoarriero…”

A las doce en punto, enfundada en un tembloroso biquini rojo, metro ochenta de mujer nórdica y turgente cruza delante de nuestro Javi y éste, no sabemos si agradecido al capotillo del santo o a la sonrisa inmaculada de la moza, le guiña un ojo mientras susurra: “¡Viva San Fermín!”

Y este es el tercer clasificado:

Los toros como de hierro, de Manu Ramos Boría

De golpe se da cuenta de que Javier no está, ve a su marido con la nena sobre los hombros al lado del gigante africano que gira asombrosamente ágil, ambos con la misma sonrisa intacta. Javier es tan despistado, piensa, que ni se va a dar cuenta de que se ha perdido. Mira desesperada a su alrededor, Carlos III es un amazonas blanco y rojo. Y entonces suena su móvil. ¡Le ha escrito su número en el brazo! Se lo queda mirando como a un boleto de la tómbola premiado. ¿Señora? Dice una hermosísima voz dulce, tenemos a su niñito con nosotros, está muy bien, no se me preocupe. Los latidos de su corazón podrían reflotar el Titanic con la cena aún caliente en los platos. Le dicen que están junto a los toros como de hierro. Llega hasta ellos sin tocar el suelo. Son un matrimonio mayor venidos de algún país precioso, y le han comprado tantos globos a Javier que están a punto de irse volando los dos cuando se abrazan. Poniéndose pamplonicamente pesada logra invitarlos a pinchos y vino. Vaya locura ¿no? Dice en medio del gentío. No, contesta el hombre sonriendo, los locos nunca se divierten tanto.